Reflexiones del Pastor: ¿Buen Cristiano?
Hace
un tiempo atrás, leí por internet una historia o cuento – no lo sé – que me
impresionó por la enseñanza que llevaba y, hoy, quiero compartirlo con ustedes,
mis lectores.
En
una ciudad, una señora iba manejando su vehículo por una avenida y al llegar a
un semáforo, le toco pararse detrás de otro automóvil que se había detenido
ante la luz roja. Esta señora se pudo dar cuenta de que en la calle o avenida
que debían atravesar no venía ningún vehículo y comenzó a tocar la bocina a fin
de que el auto que se encontraba enfrente se comiera la luz roja. Pero, viendo
que éste no le hacía caso, abrió la ventanilla de su carro y se puso a
increparlo con palabras fuertes y en alguna oportunidad con palabras soeces.
Estando en esta actitud, se le acercó un policía y le pidió sus papeles de
conducir, su cédula, el documento de propiedad del carro, etc. El policía
decidió detenerla y llevarla a la comandancia. Allí después de un tiempo el
policía la abordó y le pidió disculpas por haberla detenido. Pero, al mismo
tiempo le explicó por qué había tomado esa decisión tan drástica. Le dijo que
lo había hecho porque había visto que en la puerta del maletero llevaba una
calcomanía de la Virgen con un rosario a su alrededor; además del espejo
retrovisor colgaba un crucifijo y llevaba una imagen de Jesús en el tablero. Y
se dijo: “Este carro debe ser robado porque un creyente no se comporta de la
manera como se comporta esta señora.”
De
nuevo les digo que no sé si es cuento o historia, pero, si de algo estoy seguro
es que la reflexión del policía es una triste realidad. Lamentablemente son
muchos de los que nos llamamos cristianos que vivimos de esta manera. Nuestra
fe muchas veces es más por tradición que por convicción. Afirmamos que somos
discípulos de Jesús Resucitado, pero, nuestra vida cotidiana es testimonio de
todo lo contrario
Vivimos
dominados por el egoísmo, la envidia, el orgullo, la violencia, los chismes,
etc. No somos capaces de dejarnos iluminar por la Buena Noticia que el Señor
Jesús nos dejó. Son más importantes y determinantes los criterios y valores que
esta sociedad nos propone para alcanzar la felicidad. Somos arrastrados por los
tres grandes ídolos de la historia humana: lo material, el poder y el placer.
En la sociedad consumista que nos rodea pensamos que el tener muchos bienes
materiales nos va a permitir alcanzar la felicidad y así quemamos nuestra
existencia buscando y acumulando dinero y bienes materiales. Pero, también el
poder nos hipnotiza y buscamos a todo dar conseguir puestos que nos permitan,
aunque sea un poco de poder y así someter a alguien. Tentación que se vive en
todos los ambientes de la sociedad; lamentablemente aún en nuestra querida
Iglesia.
Finalmente,
el otro gran ídolo que nos deslumbra es el placer y éste está llevando a muchas
personas a actitudes y acciones que se alejan de la cordura y de la razón.
Jóvenes que piensan que el alcohol y la droga los pueden hacer felices.
Personas que llevadas por una sexualidad mal entendida se enredan en miles de
problemas. Familias que se destruyen, víctimas de este ídolo del placer mal
entendido.
El
Padre José Antonio Pagola en su comentario al capítulo 2 del Evangelio de Mateo,
en el relato de los Reyes Magos nos dice: “En su aparente ingenuidad, este
relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?
¿cómo se llama el <dios> que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos
decimos cristianos, pero, ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus
pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a es cuchar su
llamada a entrar en el Reino de Dios y su justicia?”
El
verdadero discípulo de Jesucristo acoge a un Dios Padre que nos llama a vivir
como familia en un mundo más justo, fraterno y humano. Debemos ser testigos con
nuestra vida de un Dios que es un Padre bueno que nos invita a vivir
intensamente el amor hacia Él y hacia nuestros hermanos. Por eso es necesario
que vayamos sembrando a nuestro alrededor la semilla del amor, de la justicia y
de la paz.
Recordemos las palabras del Profeta Isaías: “El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz. Habitaban en una tierra de sombras y una luz ha brillado ante sus ojos” (Is.9, 1) Y esa luz es Jesús Resucitado.
Mariano José Parra Sandoval, Arzobispo de Coro