Punta Cardón y Las Piedras: 20 años viendo las refinerías de Falcón sin recibir sus beneficios

Vivir en las comunidades vecinas a las refinerías de Amuay y Cardón, en el corazón del Complejo Refinador de Paraguaná (CRP) que pertenece a Petróleos de Venezuela S.A (Pdvsa), es convivir con el rugido constante de la industria petrolera más grande de Venezuela y una de las más grandes del mundo, pero también es pasar los días con la frustración de que esa proximidad no se traduce en bienestar.

Quienes viven en los sectores Punta Cardón y Las Piedras crecieron con el lema de que “Pdvsa es del pueblo”. Desde sus casas ven los mechurrios encendidos, las embarcaciones que atracan en los muelles y a los trabajadores entrando y saliendo. Han aprendido a descifrar el pulso industrial: cuándo paraliza una planta, cuándo sale un buque o cuándo ocurre una emergencia.

Pero esa familiaridad no significa conexión real. La relación entre la empresa y los pueblos es distante. Ni siquiera la cercanía geográfica ha logrado que sus necesidades sean escuchadas a pesar de años de promesas y el gran lema desteñido pintado en los grandes tanques del CRP y que lucen miles de trabajadores en sus uniformes.

La promesa que se esfumó

“Pdvsa es del pueblo” se popularizó con Hugo Chávez al poder en abril de 2005. En teoría, implicaba que la empresa petrolera pertenecía al Estado y, por ende, a todos los venezolanos. En la práctica, significaba que los beneficios de la renta petrolera debían sentirse en las comunidades más cercanas a sus instalaciones.

Los pescadores añoran un mar limpio en el que puedan volver a pescar con tranquilidad. Fotografía: Eliana Palencia
Los pescadores añoran un mar limpio en el que puedan volver a pescar con tranquilidad. Fotografía: Eliana Palencia

Hace dos décadas así era:

  • Créditos para motores fuera de borda y embarcaciones.
  • Reparación de canchas, alumbrado público y asfaltado de calles.
  • Suministro de agua potable.
  • Jornadas de salud e indemnizaciones ante derrames.
  • Mantenimiento de servicios básicos.

Hoy, ese escenario quedó atrás. Según registros comunitarios consultados por el equipo periodístico de Cotejo.info, al menos 80 derrames de crudo y gas han afectado la pesca artesanal en el Golfete de Coro, dañando ecosistemas y reduciendo especies como lisa, jurel, carite, rey y merluza (1234 y 5).

Durante una visita realizada a las comunidades, varios de los habitantes recordaron cómo hace 20 años les otorgaban créditos para adquirir motores fuera de borda. Detallaron que al registrarse en sus orillas de mar algún derrame que afectaba la pesca artesanal, no solo hacían la remoción de los productos en el mar, sino que atendían a las familias afectadas con jornadas de salud e indemnizaciones por los daños causados al ambiente y a sus herramientas de trabajo.

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Pero sus expresiones son eso, recuerdos. Quienes viven ahora en Punta Cardón y Las Piedras no recuerdan cuándo fue la última vez que recibieron una atención priorizada por compartir el mar y el cielo con el CRP de Pdvsa, pero sí saben que han pedido ayuda en innumerables oportunidades y no han recibido respuestas pese a que ambos pueblos se hunden en la desidia.

En Las Piedras sus habitantes aún se reúnen en el mirador construido por Pdvsa, aunque algunas zonas están colapsando, tienen la fe de que lo arreglen antes de que se derrumbe. Fotografía: Eliana Palencia
En Las Piedras sus habitantes aún se reúnen en el mirador construido por Pdvsa, aunque algunas zonas están colapsando, tienen la fe de que lo arreglen antes de que se derrumbe. Fotografía: Eliana Palencia

Punta Cardón: un pueblo de pescadores en aguas cada vez más difíciles

Punta Cardón fue la primera comunidad en formarse con la llegada de las refinerías a Paraguaná. Es un pueblo de historia, cultura y tradiciones religiosas vivas. Sus 1.953 pescadores y 350 embarcaciones están organizados en cuatro consejos comunales de pescadores.

Pero su mar ya no es el mismo. La pesca en aguas cercanas es escasa y muchas veces las capturas están manchadas de petróleo. Para tener mejores resultados, deben salir hacia zonas de los municipios Los Taques y Falcón.

La faena empieza a las 4:00 de la tarde  y termina cerca de las 8:00 de la mañana del día siguiente. El pescador Josué González, de 50 años, lo resume con crudeza: “Antes, con 50 kilos de pescado comíamos toda la semana. Ahora necesitamos 500 kilos para sostener el hogar por lo caro que está el resto de los alimentos”.

González, quien recibió hace dos décadas una casa construida por Pdvsa, recuerda que en ese tiempo, si había un daño causado por la industria, la respuesta era inmediata: limpieza ambiental, atención a las familias y compensación por las pérdidas.

En Punta Cardón, el abandono se nota en cada rincón. El tema del agua potable es el más crítico, pues llega solo una vez al mes. La planta desalinizadora instalada (1 y 2) para paliar el problema funcionó apenas dos años (1 y 2 ); hoy queda una tubería oxidada.

El agua llega a Punta Cardón una vez al mes, tuvieron una planta desalinizadora, pero por falta de mantenimiento quedó inoperativa. Fotografía: Eliana Palencia
El agua llega a Punta Cardón una vez al mes, tuvieron una planta desalinizadora, pero por falta de mantenimiento quedó inoperativa. Fotografía: Eliana Palencia

El pescador enumera que las aguas negras también son un dolor de cabeza y explica que la planta de bombeo, construida por Pdvsa, dejó de funcionar hace ocho años; las aguas servidas van directo a la playa. Señala que el alumbrado público es inexistente en varias calles y de la vialidad no se puede encontrar mayor evidencia que transitar por cada calle del sector donde sobran los huecos y la falta de asfaltado.

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La planta de tratamiento está inoperativa, se llevaron la bomba y también los transformadores. Solo queda el agua sucia que recorre las calles, los patios de las casas y va directo al mar. Fotografía: Eliana Palencia
La planta de tratamiento está inoperativa, se llevaron la bomba y también los transformadores. Solo queda el agua sucia que recorre las calles, los patios de las casas y va directo al mar. Fotografía: Eliana Palencia

El estadio Antonio Evaristo Arcaya es un símbolo del deterioro. Durante 63 años albergó campeonatos de béisbol menor, fútbol, softbol y voleibol. El 24 de diciembre de 2007 colapsó su pared perimetral. Se solicitó ayuda a Pdvsa y autoridades regionales, pero la reparación nunca llegó.

“Desde entonces han pasado alcaldes y gobernadores, pero nadie lo ha hecho. El proyecto quedó en promesas en consultas comunitarias. Hoy no hay mallas, ni cerca, ni gradas, ni baños”, relata González.

En las consultas populares que hace el gobierno nacional en las comunidades, se ha propuesto el proyecto por su importancia deportiva; también se han hecho reuniones con las autoridades, pero todo queda en promesa. El estadio quedó sin mallas, sin cerca perimetral, sin gradas ni baños; hoy es un espacio abierto, vacío, que se usa como espacio deportivo con la imaginación de sus áreas y la esperanza de que vuelva a ser lo que era.

La recuperación del estadio Evaristo Arcaya es un clamor de toda la comunidad porque el deporte tiene gran importancia en la zona. Fotografía: Eliana Palencia
La recuperación del estadio Evaristo Arcaya es un clamor de toda la comunidad porque el deporte tiene gran importancia en la zona. Fotografía: Eliana Palencia

Así como el estadio, Punta Cardón sufre por constantes derrames de aguas servidas y es que, aunque tiene una planta de bombeo que fue instalada en su momento por Pdvsa, se dañó por la falta de mantenimiento y, desde hace unos ocho años, los residuos van directo a la playa. Las casas del sector La Puntica no pueden usar los baños ni inodoros porque están colapsados y aunque han hecho innumerables peticiones, de la planta de bombeo solo queda la sombra de lo que era.

Las Piedras un cuadro pintado por el olvido y la desidia

Para llegar a la comunidad de Las Piedras se transita una cuesta que permite ver toda la imponente refinería Amuay. En ese trazo también se observa una salina que la refleja el imponente sol característico de la zona y la hace parecer un cuadro pintado a mano; pero del otro lado la vista es casi la misma que en Punta Cardón; de las obras lindas y duraderas, solo queda el recuerdo, como es el caso del mirador, una obra creada y construida por Pdvsa hace más de 20 años y se ubica sobre lo que fue el muelle de pescadores que también está inoperativo por falta de mantenimiento.

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El muelle de pescadores se cae a pedazos, por ello deben salir de cualquier zona para evitar ponerse en riesgo. Fotografía: Eliana Palencia
El muelle de pescadores se cae a pedazos, por ello deben salir de cualquier zona para evitar ponerse en riesgo. Fotografía: Eliana Palencia

La localidad también vive principalmente de la pesca. Emilio José Zavala, un hombre de 57 años que nació a orilla de La Bajada, pide que se atiendan los servicios públicos que son pésimos. «Hace unos 20 años, lavaban las líneas de alta tensión, asfaltaban las calles, los pescadores teníamos créditos para comprar lanchas, mejorar motores, redes; ya no hay nada de eso y lo poquito que construyeron, se cayó o se está cayendo, como nuestro estadio del que solo queda el recuerdo mientras se hunde en la basura porque la gente bota todos los desperdicios allí por falta de servicio”, lamentó.

Las calles llenas de huecos y el alumbrado público es una muestra del abandono de la comunidad. Fotografía: Eliana Palencia
Las calles llenas de huecos y el alumbrado público es una muestra del abandono de la comunidad. Fotografía: Eliana Palencia

Recordó que sus padres compraron dos lanchas, que todavía conservan, con créditos otorgados por Pdvsa, pero la crisis humanitaria compleja del país le ha cambiado todo, hasta el punto que deben ir muy lejos para lograr capturar algunas especies, pero la recompensa choca brutalmente con los intrincados de Venezuela. “Muchas veces hacemos trueques por otros alimentos, pero no es fácil, a veces llegamos con las cestas vacías y los gastos son más grandes».

Zavala cree que Las Piedras tiene gran potencial, pero necesita ayuda para recuperarse. Fotografía: Eliana Palencia
Zavala cree que Las Piedras tiene gran potencial, pero necesita ayuda para recuperarse. Fotografía: Eliana Palencia

Para el pescador, es necesario que se atiendan las comunidades alrededor de las refinerías para sentir que tienen algún beneficio por compartir sus espacios con la industria. «Debería haber mejores beneficios para estas comunidades, como había antes, ahora dicen que Pdvsa es del pueblo, pero no es así. No tenemos ayuda, lo poco que llega es por el gobierno regional o municipal y esto debería ser una tacita de cristal para potenciar el turismo, la pesca y todo lo que aquí se puede ofrecer. Aquí hay mucha pobreza, la gente necesita ayuda».

El estadio de Las Piedras funge como botadero de basura, aún así es usado por niños y adultos para practicar algún deporte. Fotografía: Eliana Palencia
El estadio de Las Piedras funge como botadero de basura, aún así es usado por niños y adultos para practicar algún deporte. Fotografía: Eliana Palencia

Luis Manuel Cambero, otro vecino, detalla las pérdidas de manera contundente: Ninguno de los dos estadios de la comunidad está operativo; el muelle y la casa del pescador se deterioran sin atención; el ateneo cerró; y solo la escuela primaria Josefa Victoriana Riera fue rehabilitada, tras denuncias por el riesgo que representaba.

“Esto debería ser una tacita de cristal para el turismo y la pesca. En cambio, aquí hay pobreza y abandono. Ni las bolsas CLAP llegan ya con regularidad; apenas recibimos gas de vez en cuando”, lamenta Cambero.

La nostalgia por los años de bonanza es recurrente durante la visita del equipo periodístico de Cotejo.info. Punta Cardón y Las Piedras comparten algo más que el mar y el cielo con el CRP: comparten la memoria de un tiempo en que la industria petrolera no sólo extraía recursos, sino que también invertía en quienes vivían a su alrededor.

Hoy, sus vecinos sienten que la promesa “Pdvsa es del pueblo” quedó reducida a un eslogan vacío. “Lo poco que llega es por el gobierno regional o municipal. Vivimos viendo la refinería más grande, pero como si no existiera para nosotros”, resume Zavala.

El contraste entre pasado y presente es tan visible como las torres de destilación al atardecer: brillan, pero no iluminan a quienes viven a sus pies.

Con información de Cotejo.Info/Irene Revilla