Pica y Juye |Escrutinio en el cementerio

El cementerio Nº 3 conocido como el cementerio de Ciro Caldera por la urbanización que se ubica al suroeste del mismo, está distante del centro de Cumarebo, unos dos kilómetros, a su entrada tiene construida una especie de media capilla techada con un mesón de concreto en el medio, seguramente para colocar ataúdes y realizar actos religiosos a los difuntos antes de su inhumación.  

Los cementerios
son objeto de muchas historias extrañas, misteriosas, escalofriantes, los
municipios designan un empleado conocido como “celador” encargado de su cuido y
protección, limpieza y mantenimiento, generalmente estos personajes tienen
ciertas cualidades o condiciones extrañas que suman al misterio que envuelve
estos camposantos.

Comenzando la
década de los años 80 se dejó ver haciendo labores de celador un personaje
callado, esquivo, piel negra, de hablar entrecortado, que reía, muy poco, con
un  cuerpo musculoso causaba  cierta curiosidad en quienes concurrían a ese
sitio especifico, desde las primeras claras del dìa con un machete en su mano
derecha, el torso desnudo y unos pantalones enrollados a la rodilla, ejecutaba
labores de limpieza de la maleza de ese cementerio, pocos sabían su nombre
algunos comenzaron a llamarlo Pedro, otros el negro del cementerio. Pedro hizo
de la capilla de entrada su dormitorio, ahí preparaba su comida, tenía sus
pocas pertenencias y el mesón central lo convirtió en su cama.    

Los niños y
jóvenes lo esquivaban igual los residentes de la urbanización Ciro Caldera, por
las noches su figura ordinaria, semi desnuda y gruñona  infundía cierto respeto y temor además  vivir en el cementerio lo hacia una persona
extraña y misteriosa a la cual todos trataban de evitar y solo saludaban a lo
lejos.

En 1989 en las primeras elecciones de gobernadores Douglas Martínez y Cheo Ruiz  representaron a Copei como miembros principales en las mesas electorales del G.E Padre Román ubicado en el centro de Cumarebo, terminó el escrutinio como a las dos de la mañana. Cheo y Douglas recibieron su acta manual, que debían entregar al comando de campaña esa misma noche en la urbanización Playa Blanca para ello debían pasar por el frente del cementerio, se dejaron venir a pie, cerca de la entrada de Ciro Caldera comenzó a caer un tremendo aguacero y se fue la luz, para protegerse y proteger el acta que era un documento de vida o muerte para la victoria electoral, buscaron guarecerse en un pequeño alero que provenía del techado de la capilla del cementerio de Ciro Caldera, se pararon pegados a la puerta cuando de repente ven que al interior de la capilla se levanta una sombra semidesnuda, se acerca a la reja de hierro y con una voz enronquecida les señala “no se mojen pasen adelante”… no fue necesario decir más nada, Douglas y Cheo sorprendidos, paralizados, mudos del miedo, casi en un esfuerzo sobrehumano reaccionaron ¡un muerto! corramos, así lo hicieron pero en direcciones contrarias.

A la mañana
siguiente en el Consejo Supremo Electoral hubo que descartar las actas de escrutinio
de las mesas asistidas por Douglas y Cheo porque en la carrera los activistas
ni supieron donde fueron a parar.

Una semana después  Pedro el celador comentó a unos obreros que envió el concejo municipal para ampliar la limpieza del cementerio, “El domingo pasado unos muchachos que se estaban mojando no quisieron pasar el aguacero conmigo y dejaron estos papeles en la puerta de la capilla”, sucias y borrosas por efectos de la lluvia eran las actas de escrutinio que producto del susto dejaron Douglas y Cheo, evidencia perdida donde constaba que Copei le había ganado a AD por primera vez en la historia las elecciones en Zamora.         

Dr. Ernesto Faengo Pérez