Pica y Juye
El
voto castigo
La soberanía popular en democracia es ejercida por el
pueblo mediante el uso del sufragio así puede elegir y destituir gobernantes en
el libre juego de la alternabilidad en el poder, orientado y conducido por los
partidos políticos en las campañas electorales, en ejercicio de este derecho los
partidos opositores resaltan las fallas, olvidos e incumplimiento de promesas,
el mal manejo de los recursos públicos y la incompetencia de los gobernantes
para relevarlos en sus puestos, es decir en democracia los opositores destacan
al máximo las deficiencias de los gobernantes para que se produzca el rechazo
de los electores, y sean relevados en sus aspiraciones continuistas, esto es
conocido como el voto castigo.
Nunca como ahora, en la época democrática ha existido un convencimiento en la absoluta
mayoría de los venezolanos de la necesidad de cambiar, sustituir, los actuales
gobernantes, es un sentimiento que afecta casi con desesperación el ánimo del
venezolano, es un rumor que se extiende por todos los rincones, expresado en
miles de manifestaciones grupales, sectoriales, gremiales, individuales, la
gente se queja por la pésima calidad de vida a que está sometido día a día, el
mísero salario, el calvario de la falta absoluta del agua, energía eléctrica,
gas y transporte, elementos vitales para
una vida normal así como el deterioro permanente y continuo de todos los
servicios públicos.
La gente quiere que esto termine, que surja una
alternativa frente al desastre que le circunda y le carcome su voluntad de ser
humano y su anhelo de vivir medianamente
Las quejas envuelven una esperanza de cambio para salir de este
atolladero, para avanzar, para ver una luz de esperanza, para encontrar el
camino, cambiar de ruta distinta una luz que alumbre esperanza y fe, que
indique olvidar todo y despertar en otras
condiciones, salir de esta pesadilla que mata la esperanza, hunde el
presente y ahoga el futuro.
Los venezolanos en todos sus estratos sociales
expresan un remordimiento y muchas veces decepción por tantas promesas de
terminar la catástrofe concluidas en falsos positivos, temerarias aventuras
derrotadas, más por los errores estratégicos de los proponentes que por
acciones del gobierno, estos venezolanos que suman más del 80% repiten con un
dejo de inconformidad y de revancha
“cuando vengan a buscar votos, entonces sabrán quienes somos nosotros” es
decir, piensan en elecciones, en el voto y fundamentalmente el voto castigo,
votarán por otro partido por otros candidatos para castigar a quienes les
olvidaron y no cumplieron sus promesas. Eso es lo que se oye como ola en
creciente por lo largo y ancho del país.
Los partidos
políticos instrumentos de canalización de las inquietudes y aspiraciones
populares, sus dirigentes, deberían aprovechar esta nueva oportunidad,
estimular el descontento, la denuncia, el malestar popular, la campaña contra
el mal gobierno y potenciar el voto castigo para la salida democrática
,pacifica, electoral y cívica del oficialismo como la mejor fórmula para el
cambio sin traumas de luchas fratricidas con muertos heridos, incapacitados,
sangre, sudor y lágrimas, hacen lo contrario, activan la abstención,
desmoralizan al elector, le crean desconfianza, descalifican el poder del voto
sin diseñar un plan, una acción, una estrategia que garantice rescatar la
confianza avivar la esperanza de cambio tal como se hizo en 2015, hasta ahora
solo promueven no participar en las elecciones parlamentarias desaprovechando
en inmenso malestar popular fácilmente traducible en voto castigo.
Ojalá el tiempo indique cambios de actitud no vaya a pasar como en 2005 y en 2017 se promovió la abstención pero en materia de cambios a favor del pueblo y la democracia retrocedimos, hace falta claridad en el camino para lograr los objetivos propuestos, el voto castigo está a la vuelta de la esquina, no lo sacrifiquemos sin otra alternativa real, aplicable de resultados tangibles e inmediatos, hagamos la introspección, la culpa no es de la vaca, tampoco es del voto.
Por Ernesto Faengo Pérez