Pachito y El gallo de Churuguara, por Ernesto Faengo Pérez
Mi padre, Chico Pérez, albañil y jugador aficionado como el demás al dominó, el ajiley, el juego de bolo, adicionalmente sentía gran pasión por las “ peleas de gallos” una actividad que data de más de tres mil años introducida al continente americano por los españoles que consiste en preparar unos gallos especiales, llamados gallos finos de raza para diferenciarlos de los comunes o “burrones” con alimentos, cuido y entrenamiento dirigido a aumentar el sentido combativo de este tipo de animal para ejecutar mediando apuestas de dinero utilizando una particular nomenclatura peleas con otros de su misma especie en sitios denominados palenques o galleras que algunos catalogan como un deporte y otros consideran una crueldad y que en nuestro estado particularmente en Puerto Cumarebo se hizo extremadamente popular, era muy común ver en las famosísimas galleras de Domingo Romero en la calle concepción o en la de Pollón Quiñones frente a la plaza Bolívar en nuestra hermosa Perla cercano el mediodía de cada domingo cientos de habitantes aficionados colmar estos sitios para los encuentros entre “cuerdas de galleros” que así se llaman aun las organizaciones que promueven y participan en estos encuentros gallísticos
Pachito no tenía dinero para para sostener una cuerda de gallos, pero se hizo amigo de muchos galleros que si podían y se dedicó a aprender los ritos y secretos para prepararlos, conoció tanta gente del oficio que termino siendo juez oficial de galleras desempeñándose con mucha solvencia y reconocimiento diversos palenques de la geografía falconiana.
Una vez siendo adolescente le acompañé un domingo a la población de Churuguara, se celebraban sus fiestas patronales incluidas en la programación las peleas de gallos, organizadas entre “cuerdas de galleros” pactando las peleas con altas sumas de dinero en las apuestas. Pachito actuó como juez, todo se realizó con mucha organización y colorido, cuando nos despedimos unos amigos le regalaron un gallo joven con una postura hermosa y un color rojo muy intenso, era de la raza de los “zambos,” le informaron el legaje histórico y nos vinimos con ese bello ejemplar a nuestra casa.
El gallo llamó la atención de la familia y cada uno dedicó parte de sus ahorros para jugarle al gallo cuando fuera a pelear, hecho que ocurrió en las festividades patronales de nuestra Señora de la Candelaria un dos de febrero del año 1976, nuestro gallo zambo le cuadraron para enfrentar otro zambo cruzado traído de Maracaibo propiedad de uno de los galleros más exitosos que ha tenido Puerto Cumarebo el Dr. Luis González, casaron las apuestas y la pelea comenzó, nuestro gallo se plantó a espuela limpia con el maracucho pero las condiciones de este eran muy superiores y trascurridos unos cinco minutos gravemente herido ante el acoso del gallo del Dr. González el churuguarero salto la verga y huyó saliendo de la gallera con rumbo desconocido.
Perdimos el gallo y los ahorros de la familia. Regresamos por la noche a la casa y Machita al enterarse miro fijamente a Pachito y balbució rabiosa, “el próximo gallo que traigas aquí con el mismo cuento de este no va a ir a la gallera, lo voy a meter en la olla con yuca aliño y apio, si salta y se va no perdemos nada, al menos nos quedará el consomé”
Dr. Ernesto Faengo Pérez