Osorio: «Caso del puente de Caribbean es el resultado de un modelo que hipotecó las costas»

A propósito del deterioro del puente privado que comunica al complejo Caribbean de Tucacas con un islote construido para el uso de sus socios, que muestra más deterioro luego del doblete sísmico del 24 de junio, el oceanógrafo Andrés Osorio dijo que es la «crónica de un desafuero ambiental anunciado».

La reciente cobertura mediática sobre el estado del puente del complejo «Caribbean» en Tucacas ha revelado, más que un problema de infraestructura, la profunda crisis de nuestra cultura ambiental y política. Se nos presenta como una tragedia natural o un hallazgo curioso, cuando en realidad es el epílogo previsible de un modelo de desarrollo que, durante las últimas décadas, ha hipotecado el patrimonio costero venezolano en nombre de un supuesto progreso turístico, espetó el ambientalista.

Aseguró que la historia del complejo «Caribbean» no es un hecho aislado. Su origen, gestado a finales de los años 90 y principios de los 2000, es el testimonio de una era donde la permisería ambiental fue convertida en moneda de cambio.

La creación de la Corporación de Turismo del Estado Falcón (Corfal) —financiada por grupos privados a cambio de flexibilidad normativa— es la prueba fehaciente de cómo la gobernanza ambiental fue capturada por intereses particulares, afirmó Osorio.

Mientras los despachos oficiales, a escala central, estatal y municipal, facilitaban las licencias necesarias, se ignoraba la fragilidad del ecosistema. La construcción de una isla artificial con miles de toneladas de rocas y caliche, sin estudios de impacto ambiental reales, marcó el inicio de una catástrofe silenciosa. Hoy, los sedimentos siguen escurriendo hacia el Parque Nacional Morrocoy, destruyendo la transparencia de nuestras aguas y asfixiando los fondos marinos, mientras las plantas de tratamiento, que existieron sólo en el papel, dejaron de operar hace años, explicó el también especialista en Química Ambiental y Sensores Remotos.

El costo de la indiferencia

A juicio de Osorio, este no es sólo el relato de un puente colapsado. Es el espejo de Tucacas y Chichiriviche: una franja costera donde la «industria del lujo» ha operado descargando millones de metros cúbicos de aguas servidas directamente al mar.

Desde los desbordes constantes denunciados en los complejos de Chichiriviche, hasta la saturación de los sistemas de oxidación en zonas protegidas, la realidad es innegable: hemos construido destinos turísticos «premium» sobre una base de precariedad sanitaria y negligencia técnica, pagando un alto costo por la degradación de nuestro patrimonio natural.

Como sociedad, hemos normalizado el vertido de desechos en las playas donde nos bañamos, aceptando que el «desarrollo» justifica cualquier atropello.

La degradación de los moluscos y la pérdida de biodiversidad en el Refugio de Fauna Silvestre de Cuare, en Chichiriviche, no son accidentes; son los resultados de un modelo de planificación —o falta de ella— que hemos tolerado por más de 50 años, expresa de forma tajante el estudioso del ambiente.

La autocrítica necesaria

Osorio plantea que es momento de dejar de señalar únicamente a los «desarrollistas» o a los funcionarios de turno. La verdad es que nuestra historia está plagada de estos ejemplos porque, como sociedad, hemos decidido ignorar el criterio técnico en favor de la lealtad partidista.

Hemos permitido la elección de liderazgos sin visión, incapaces de cuestionar el modelo extractivista disfrazado de turismo.

Hoy, mientras la tierra «acomoda sus piezas» ante la amenaza sísmica y el abandono estructural, el puente del Caribbean no es sólo un monumento a la desidia; es el símbolo de nuestra propia complicidad. ¿Seguiremos siendo espectadores indignados ante cada nuevo desastre, o comenzaremos finalmente a exigir que se remedie el daño ambiental, que se desmantelen las estructuras colapsadas y se traten las descargas de aguas servidas, antes de descargarlas al mar y que se imponga, de una vez por todas, la ética sobre la mentalidad del «Excremento del Diablo»? Se pregunta Osorio en tono reflexivo.

Acotó, respondiéndose a sí mismo, que «la verdadera tragedia no es el colapso del puente, sino nuestra pasividad ante la destrucción de la costa que, irónicamente, decimos amar».

Hacemos un llamado a las autoridades y a la ciudadanía organizada a auditar los pasivos ambientales en Tucacas y en todas nuestras costas y exigir la remediación que sea necesaria que aún agreden áreas protegidas como el Parque Nacional Morrocoy. La costa no se vende, se defiende. Exclamó.

Francisco Chirinos
CNP 9966