No se puede abandonar

Douglas Játem Villa

El fastidio o el  cansancio, o cualquier otra circunstancia, no pueden determinar,  y menos justificar, que un ciudadano venezolano se aparte de la lucha esencial para recuperar  la democracia, la libertad y todo lo que significa el bienestar y la vida digna de nuestro pueblo.

No existe un límite en cuanto al tiempo que se puede  dedicar a alcanzar  lo que sin duda constituye el primer objetivo de vida de los venezolanos. Se puede aceptar que haya venezolanos que no sienten que necesitan vitalmente las condiciones de existencia que debe reunir una persona normal, tales como la libertad, la democracia, la propiedad, la seguridad, la posibilidad de obtener ingresos, la expresión libre del pensamiento, en fin todos los derechos  que significan ser ciudadano de un país considerado desarrollado. 

No es necesario decir que los ciudadanos deben  proteger y preservar la democracia dado que esta es producto  de la vida y existencia de aquellos. Esta protección se requiere especialmente para combatir la combinación corrupción con impunidad, generadora de riqueza mal habida y deshonesta. Al respecto, hoy no es necesario aguardar al próximo   período para  enterarnos del espectáculo de la corrupción dado que  ahora lo presenciamos en vivo.  

La sociedad democrática debe impedir la actividad destructiva por parte de sectores no democráticos, un ejemplo de lo cual es la “inesperada e inexplicable” renuncia de los tres rectores del CNE que fueron postulados por la fuerza política del gobierno. En todo caso,  se celebra este desenlace, aunque todavía no se canta victoria.  

Un país desarrollado, un país que en su proceso evolutivo superó y cubrió los requerimientos de todo tipo que lo califican como desarrollado, especialmente la condición de ciudadanos de sus habitantes, puede desenvolverse a lo largo del tiempo sin registrar situaciones en las cuales peligre la vigencia de su condición por cuanto ya reunió todos los requisitos que le aseguran la continuación de su proceso.  

En estas condiciones, se puede apreciar lo que se dijo al inicio de esta comunicación con relación al deber ciudadano de aportar nuestro tiempo y participación a la conquista de nuestro objetivo vital Esta no es una ocasión para evaluar la  experiencia democrática de  Venezuela, particularmente el doloroso presente, y por otro lado, no pretendemos ser de los mejores jueces para calificar esta “asignatura”.  Vivimos el período colonial previo a nuestra independencia en condiciones relativamente similares en toda América Latina.

Registramos una página ciertamente liderizadora durante los años de la independencia. Luego atravesamos durante unos 140 años una etapa compleja quizás con menos aplausos que regaños. Dejando un espacio especial al lapso 1945-1958, se cree que hacia fines del siglo XX se cumplió un proceso que mostró una ejecutoria esperanzadora. Lamentablemente ya en el siglo XXI se registró el peor resultado, se destruyó lo cosechado en su  expresión total.

Hoy cabe la interrogante cuál es la Venezuela de hoy?. Se piensa que cualquiera de las dos respuestas posibles tiene asidero, la negra gomecista, y la cercana que construyó y desarrollo grandes obras, como la PDVSA de las más significativas en su momento, el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles, el Plan de  Becas Gran Mariscal de Ayacucho y muchas otras realizaciones también grandiosas,  algunas de  las cuales han ingresado a la muy reconocida y valorada  Academia de Ciencias de Estados Unidos.

Todos los días observamos conductas  cuestionables  de ciudadanos venezolanos, en mayor proporción que en años anteriores, y no solo de las relacionadas con el “semáforo”. Entre las que duelen más figuran muchas encontradas en el ambiente del Sistema Político, sin desconocer casos de políticos que no son politiqueros, ni inmorales.  Se ha llegado a pensar en algo de difícil realización como es la  renovación de los partidos políticos con la finalidad de ir evolucionando  hacia la política  a dedicación exclusiva, la de los ciudadanos honestos con el irrenunciable compromiso con la democracia por encima de las aspiraciones personales que atentan contra la fuerza unificada del progreso y el desarrollo. 

Aquí solo se tiene  la respuesta que se  prefiere, la  que se quiere,  pero estando muy conscientes de que  “ No existe un límite en cuanto al tiempo que se puede  dedicar a alcanzar  lo que sin duda constituye el primer objetivo de vida de los venezolanos”