No hay algo más que decir
Douglas Jàtem Villa
¿Qué más se puede decir después de todo cuanto, y como, se ha dicho con respecto a la situación del pueblo venezolano a partir de 1 9 9 9? Será necesario repetir por enésima vez toda la calamidad sufrida por los niños, los presos políticos, los millones de emigrantes, los hogares sin agua y electricidad, los conductores sin gasolina, en fin, ¿toda la población?
Cómo se aprecia la actitud de quienes sin llegar a negar los sufrimientos de la gente que ha vivido en la Venezuela destruida, los atribuyen a las llamadas sanciones aplicadas por varios gobiernos al gobierno venezolano y a Venezuela en general, con el propósito de penalizar lo que se considera faltas de variado grado de culpabilidad cometidas por la administración encabezada por Nicolás Maduro, y por algunas personas a titulo particular.
En este respecto se debe tomar en cuenta el daño sufrido por los venezolanos derivado de la referida aplicación de sanciones, y por otro lado, el grado de culpabilidad de los responsables de las faltas penalizadas. Guardando la distancia, se plantea algo parecido a lo enfrentado al finalizar la II Guerra Mundial cuando se “debió castigar” los delitos y demás desviaciones” realizados por el fascismo Hitleriano. Siempre debe imperar la justicia
Volviendo a la interrogante inicial, es posible que se considere que se ha dicho tanto que se píense que ya no queda algo por decir, como puede ocurrir en el caso de la inflación. Se admite que algunas personas hayan caído en la desesperanza y sientan que la vía de la denuncia y el reclamo público no surte algún efecto sobre el desenvolvimiento de Venezuela, y al cabo de 24 años “hayan tirado la toalla”. Aunque se pueda comprender la razón, no se comparte esta línea de conducta porque el ciudadano venezolano no puede, ni debe, apartarse de la lucha por recuperar la libertad y la democracia. Se cree que la realidad es contundente, que no existe alguna duda en cuanto a que no debe haber cansancio, rendición. Si una persona ha luchado durante mucho tiempo para alcanzar algo, dígase A, que necesita para sentirse bien con su vida, nunca alcanzará esa buena vida mientras no cuente con A, a cuyo fin debe perseverar en el proceso. Nunca la salida menos mala es una buena salida. Debe también reconocerse, si es el caso, que mientras el proceso político sea controlado en forma ilegítima por el gobierno de turno, la vida de cualquier persona nunca podrá ser la buena vida, y en consecuencia se tiene que legitimar la institución
Debe tenerse presente que trabajar una situación política como la de Venezuela exige, no solo qué se dice al respecto, sino también, de manera importante, cómo se dice lo que debe decirse. No parece haber duda en cuanto a que la Venezuela democrática no ha dicho lo que debe decir, y obviamente que no ha aplicado una buena forma de decir.
En general ya se puede decir que la Venezuela democrática no ha terminado de aparecer dado que, al cabo de todo el muy largo tiempo trascurrido, lo que prevalece es una cantidad de posiciones, las cuales pueden quizás ser respetables, pero no dejan de ser soluciones para sectores específicos. En otras palabras, la Venezuela democrática no ha tenido el liderazgo requerido capaz de unirnos a todos; no ha alcanzado una posición común de oposición al gobierno; e incluso ha mostrado un intercambio de descalificaciones internas.
Lamentablemente se considera que ha transcurrido demasiado tiempo en estas condiciones, pero la opción de apartarse del proceso perjudica la causa democrática en mayor medida. Se puede admitir que los venezolanos conocemos lo que debemos hacer para recuperar el país, pero, como se ha visto, el tiempo ha transcurrido y no se ha realizado eso que se sabe se debe realizar.
Quizás se debe concluir con que tenemos que aprender como realizar lo necesario. No es difícil estar consciente de esas acciones que debemos realizar, tales como vivir en libertad con el deseo y la voluntad de ser libres, establecer el liderazgo adecuado a la relación necesaria y digna con el gobierno; procurar la vigencia de los valores y principios fundamentales del ser humano, destacando la solidaridad con quienes sufren en mayor medida la situación vigente
El optimismo responsable es el mejor remedio para el pesimismo