No debatible

Aunque suene redundante, debo decir que no pontifico, no me creo dueño de la verdad, no desprecio la posición contraria a la mía, y procuro apreciar la realidad independientemente de mis legítimas preferencias personales. En estas condiciones, registro descontento popular en Chile y Colombia, y también en Cuba y Nicaragua, y padezco la tragedia del pueblo venezolano.

Acepto que Guaido como Presidente de la Asamblea Nacional sustituyó constitucionalmente a Maduro al vencerse el período de éste, algo reconocido internacionalmente, y no que Maduro ocupe indebidamente el cargo sin haber sido elegido con legitimidad, a lo cual se puede añadir Ilegitimidad en el desempeño derivada de tantas violaciones y atropellos en los cuales ha incurrido. Es interesante debatir este asunto con alguien que reconoce a Maduro como presidente legítimo.

Creo que la pandemia vulnera las condiciones de vida de la gente, pero no hasta el punto de que determinará el desenvolvimiento del país, y del mundo. Ella ha exigido cambios, no revolucionarios según los más conocedores, de hábitos a la humanidad, la cual ha cumplido un proceso de progreso en el tiempo, superando momentos de ajustes y cambios exigentes, como se puede apreciar hoy en Estados Unidos y otros países, pero ella sigue siendo la humanidad, y confío en su capacidad creciente para seguirlo siendo.

La humanidad ha progresado apoyada en el capitalismo y la democracia, un sistema económico y una forma de vivir que no son perfectos, pero si perfectibles como para armonizar con los valores y principios esenciales del ser humano, a diferencia del comunismo que algunos ofrecen como modelo sustituto, pero subordina al individuo, al ser humano, razón por la cual fracasó. La perfectibilidad del capitalismo y la democracia exige lógicamente varios cambios en materia de organización y desenvolvimiento de la humanidad, y al respecto se pueden destacar dos de ellos, los partidos políticos y la sociedad civil, los cuales son tan complementarios que pudieran ser considerados como uno solo. La historia universal nos resalta dos procesos motores de la humanidad, la Revolución Industrial y la Revolución Francesa, la cual no es ajena a las experiencias de Inglaterra y Estados Unidos. Ambos procesos impulsaron la capacidad de producción y la libertad del hombre, obviamente aún lejos de la perfección. Pero el cambio fue verdaderamente revolucionario, de un hombre prácticamente vasallo del monarca, se paso al “jefe del estado” que conduciría la gesta del bienestar del hombre. Pero ha sido, y sigue siendo necesario, profundizar ese cambio de manera que el hombre sea cada vez más el protagonista de su destino, cada vez más el “monarca”, y menos el súbdito. Me parece que hemos entrado en una nueva etapa de la historia, la cual se traduce en que la sociedad civil sea la “soberana” que comisiona al estado, para que le sirva en la función de gobernar. Se traduce en una nueva estructuración de la colectividad, de la sociedad, en dos componentes, la sociedad civil y el estado, éste último incluyendo a los partidos políticos, como entes a través de los cuales la sociedad se estructura y se organiza institucionalmente. A los partidos les corresponde un papel diferente al actual, el cual los hace ver anquilosados, un papel ajustado a la nueva estructuración social, y con unos directivos diferentes adecuados al nuevo rol.                             

En el fondo, se debe aceptar una verdad, la cual distingue entre lo correcto y lo incorrecto, y esto es algo que no admite debate.

Douglas Játem Villa