Miel y Salmuera … Yo, docente universitaria: bitácora de viaje

Ana Cristina Chávez Arrieta

Mientras estudiaba Comunicación Social, Mención Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad del Zulia, en Maracaibo, siempre me visualicé trabajando en una agencia publicitaria o como relacionista pública en alguna compañía. Nunca pasó por mi mente ocupar el lugar de mis profesores y convertirme en su colega al cuadrado (por aquello de periodista y docente). Por eso, cuando miro en retrospectiva, me sorprendo de las vueltas que da la vida y cómo el destino –y nuestras decisiones- confluyen de manera tal que van marcando nuestros pasos hasta el punto de llevarnos por caminos inimaginables. ¿Pero qué sería de nosotros si no existieran las sorpresas, si todo estuviera fríamente calculado y no cediéramos ante la magia de lo impredecible? Definitivamente viviríamos en mundo aburrido, sin color, ni un toque de locura. Somos seres complejos e indescifrables y la vida también lo es. Hoy estamos aquí y mañana en algún otro lugar, sin saber lo que pasará y cómo actuaremos.

   Ayer era solo una joven aspirante a comunicadora social y hoy soy profesora universitaria. ¿Pero cómo llegué a dar clases? ¡Ni yo misma lo sé! Debo confesar que fue un impulso, había un concurso de credenciales en el área de Lenguaje y Comunicación por medio tiempo en el Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero (IUTAG) y decidí participar. Tenía experiencia laboral como periodista, una maestría y buenas calificaciones, pero no me sentía tan confiada; la fila de aspirantes era numerosa, había personas con más años de trabajo y más títulos académicos que yo. Era apenas una novata, pero como diría Rubén Blades “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida”, y logré quedar seleccionada, empezando en el 2005 mi historia como docente. Parece sencilla, pero no lo es tanto. Créanlo.

   Pocos días después de la entrega de documentos en la institución, recibí una llamada en la que me informaban que debía estar a las once de la mañana en la Oficina de División Docente. Muy emocionada me preparé y acudí puntual a la cita, a pesar que debí viajar desde la ciudad de Punto Fijo, mi lugar de residencia para ese momento. Nerviosa –no lo oculto- me entrevisté con el jefe en cuestión, quien luego de las felicitaciones de rigor me entregó mi carga académica y me indicó que hablara con la coordinadora de Lenguaje y Comunicación para que me suministrara el contenido programático de la asignatura; pero ¡vaya susto! mi primera clase era ese mismo día a las dos de la tarde, y no podía faltar porque ya llevaba varias semanas de iniciado el semestre. Por supuesto, mis nervios se incrementaron y aunque la profesora que coordinaba la cátedra quiso tranquilizarme, no lo logró, porque para mí no era una simple presentación ante los estudiantes para leerles el programa y el plan de evaluación de la asignatura, era mi estreno como docente, por lo que prácticamente me estaba lanzando al ruedo sin saber torear.

   ¿Qué les diré? ¿Qué pensarán de mí? ¿Qué esperarán? ¿Y si me preguntan algo que desconozco, qué hago? Pensaba con angustia. A medida que se acercaba la hora me sentía más aturdida, pero me armé de valor y me presenté en el aula. Inmediatamente sentí las miradas inquisidoras de los estudiantes, y una vocecita en mi cabeza repetía incesantemente: ¿qué haces aquí? ¡Huye, rápido! Pero como me considero una mujer de retos, respiré profundo, seguí las recomendaciones que me dieron y salí airosa: ¡prueba superada! Sin embargo, sabía que eso no iba a ocurrir siempre; ser profesora no es tarea fácil, debía preparar las clases, estudiar, armarme de paciencia, buen humor, seriedad, responsabilidad y compromiso. Además debía ser un poco psicóloga y orientadora, todo esto aunado a la necesidad de estar actualizada en el área, dominar estrategias pedagógicas y los recursos didácticos. Consulté a algunos de mis compañeros de la coordinación de Lenguaje y Comunicación y no recibí mucho apoyo de su parte, así que tuve que actuar casi por instinto y defenderme sola.

   Compré gran variedad de libros sobre la materia y adquirí las guías de estudio del resto de los profesores de la asignatura para orientarme con sus contenidos. La situación era algo difícil, pero con mi constancia y empeño pude sortear los obstáculos que se me presentaban, y es que -como afirma Galicia (2012)- no fui formada en pedagógicos o en facultades de educación de alguna universidad, “aunque la transmisión de conocimientos es un hecho tan natural y propio de nosotros los humanos, que a veces uno pudiera afirmar que para esto no se necesita escuela.” (pág. 1) Así transcurrió mi primer semestre en el IUTAG, y casi simultáneamente al ingreso en el Tecnológico, entré a trabajar en el Instituto Universitario de Tecnología Antonio José de Sucre como docente a tiempo convencional, por lo que del 2005 al 2008 estuve desplazándome entre Punto Fijo y Coro, trabajando mañana y tarde en la capital falconiana y por las noches en la Península de Paraguaná, donde residía.

   De este modo, aprendí por ensayo y error a ejercer la docencia. Pero como estaba consciente de que necesitaba una base teórica para mejorar mi desempeño, en noviembre del año 2005 me inscribí en un Curso de Capacitación Pedagógica para Profesionales no Docentes, que dictaba en la ciudad mariana la Universidad Pedagógica Experimental Libertador (UPEL). Tiempo después de haber iniciado la formación, participé en unos talleres similares realizados en el IUTAG, lo que contribuyó notablemente a enrumbarme con buen pie en esta hermosa labor.

   Transcurridos 17 años de esa primera vez delante de un grupo de estudiantes, los nervios siguen a flor de piel y el temor traducido en respeto por quienes se forman en una universidad continúa vigente, pues sé la enorme responsabilidad que tengo en pro del desarrollo del territorio, aunque el gobierno venezolano y los directivos de las federaciones de trabajadores no piensen lo mismo y sometan a nuestro gremio a la ignominia. Por menos felicitaciones en el Día del docente universitario y más sueldos dignos, pensiones justas y un servicio óptimo de salud, sigo mi viaje a favor del conocimiento.