Miel y Salmuera | Periodismo incómodo

Por: Ana Cristina Chávez Arrieta

   Lo ocurrido el día martes 22 de agosto en el canal venezolano Globovisión ha causado revuelo en el país, por el acto en sí mismo de la conversación-entrevista-declaración-desahogo de parte del periodista Seir Contreras y la inercia e ineptitud del entrevistado, un diputado del partido oficialista repetidor de consignas y cuida puestos. Las consecuencias de lo expresado por el profesional de la comunicación son reflejo de las influencias de un gobierno que no solo censura sino que pretende invisibilizar y callar a la fuerza a todos quienes disienten de su gestión y se atreven a exigir cuentas claras, eficiencia y respeto al pueblo.

   Un periodismo incómodo es aquel que informa, confronta, cuestiona e investiga con rigurosidad, pero también es aquel que pone sus plataformas mediáticas al servicio de las comunidades y les brinda los espacios para que denuncien con sus propias voces la desigualdad y celebren sus logros colectivos. Mediante  las redes digitales los contenidos de interés masivo pueden viralizarse, como igual ocurre con aquellos que propician la banalidad.  Sin embargo, ese vídeo en el que el periodista comparte sus vivencias personales y familiares en torno a la  deficiencia de los servicios públicos que todos conocemos, no tiene desperdicio alguno. Igualmente, mencionar en vivo y en televisión nacional a dos intocables del gobierno y preguntar dónde está el dinero invertido por el Estado para la ejecución de obras inexistentes y fraudulentas, resulta de gran interés y fue lo que le costó el trabajo, según lo que declaró en una entrevista reciente. Para quienes hemos visto las emisiones matutinas del noticiero de ese canal no nos extraña la irreverencia y atrevimiento del conductor para hacer preguntas y expresar ideas. Claro que es material para el estudio y análisis crítico de medios, tanto como lo es el trabajo propagandístico que realizan en Venezolana de Televisión, de allí la importancia que los usuarios de medios tradicionales y digitales cuenten con los conocimientos necesarios para evaluar con pensamiento crítico los contenidos que consumen.

  Quizás muchos no compartan la actitud, estilo y efervescencia del discurso expuesta por Contreras ese día, pero estoy segura que aprueban los comentarios de fondo y las inquietudes que manifestó. La red Twitter -ahora denominada X- es un hervidero de reclamos y exigencias a diversos funcionarios y funcionarias de gobierno, quienes muchas veces prefieren bloquear al usuario que los increpa que aceptar los errores y ponerse a trabajar para solventar los problemas. No pongo las manos en el fuego por nadie, ni pretendo inmolarme a favor de un comunicador, de una planta televisiva ni de sus directivos, pero no podemos acostumbrarnos a ser silenciados por los funcionarios de un gobierno que está en contra del pueblo y pretende alimentarnos con dádivas mientras se aferra al poder disfrutando de sus camionetas de lujo y trajes de marca, aprovechándose de un poder popular que solo le es útil por momentos, pero que cuando despierta y exige prefieren desechar.

   Recordemos que los periodistas formamos parte de ese pueblo llano y valiente, es nuestro deber incomodar siempre, recurrir a la fuerza de la palabra y de la imagen para servir, educar y transformar; ser la piedra en el zapato de los poderosos, de los discursos misóginos, racistas explotadores y antiderechos de algunos sectores de la sociedad. Un periodista incómodo es a la vez muy humano y respetuoso con el público, no miente deliberadamente, no desinforma ni tergiversa mensajes.

   Al respecto, Yolanda Ruiz, periodista colombiana, en entrevista concedida a Hernán Restrepo de la Fundación Gabo (2019), afirma: «Creo que desde muy joven entendí que este oficio encarna una inmensa responsabilidad social y entiendo que hacerlo bien significa incomodar y no siempre publicar lo que pide el mercado… Para mí es fundamental entender que el periodismo se hace desde nuestra condición de seres humanos y no desde una inexistente objetividad. Creo en el equilibrio, en el rigor, en la responsabilidad, pero el trabajo que hacemos viene desde nuestra propia vulnerabilidad humana y por eso ser objetivo es imposible. Si mantenemos nuestra humanidad podemos también pensar primero en el otro al que abordamos como fuente o como audiencia, en su condición de ser humano».