Miel y Salmuera | LIBROS ENFERIADOS
Por: Ana Cristina Chávez Arrieta
Una feria del libro siempre es un buen motivo para el encuentro con amigos, la conversa y el aprendizaje, en la medida que sea a puertas abiertas, no prevalezca la improvisación y se promocione efectivamente. Es importante que no solo los libreros y editores tengan conocimiento de la actividad, sino que el público lector y los potenciales visitantes estén informados de la agenda programada. ¿De qué sirve la inversión de tiempo, dinero y esfuerzo que hace el gobierno o el ente privado si es solo para cumplir ciertas pautas o maquillar estadísticas y no para generar verdaderas políticas que pongan al alcance de la población buenos textos y brinden las herramientas para acercarse a la creación literaria desde diferentes enfoques?
Cada iniciativa cultural puede resultar valiosa, pero corre el riesgo de pasar inadvertida si no se comunica ni se involucra a las comunidades en los proyectos vinculados al libro y la lectura. Otro aspecto a considerar es la situación económica de la población; recientemente se realizó en la ciudad de Maracaibo la 18ª Feria Internacional de Libro de Venezuela, capítulo Zulia (FILVEN Zulia), evento organizado por el Ministerio del Poder Popular para la Cultura. El día que pude asistir no observé la asistencia esperada, aunque se realizó en unas instalaciones bastante acordes y cómodas, con espacio suficiente para recibir a numerosas personas.
Realmente, la sede de PDVSA La Estancia no defrauda y se ha convertido en un sitio para el despertar de la cultura de la ciudad. Sin embargo, mis limitaciones económicas y la falta de transporte me impiden visitarla como quisiera. De hecho, los días de la FILVEN coincidieron con la prolongada espera por el pago de un bono vacacional devaluado, lo que pudo afectar a los trabajadores del sector universitario, quienes como yo debíamos debatirnos entre adquirir ese libro que tanto nos gustaba o comprar algo de comida (llenar la mente o llenar la panza, he allí la cuestión).
Pese a esta realidad, la ausencia de dinero no me quitó el deseo de husmear en los diferentes stands y consultar precios, llevarme varios ejemplares de los libros gratuitos del Fondo Editorial IPASME y soñar que compraba nuevos textos, aunque en casa tenga una fila por leer tanto en físico como en digital, porque nunca nunca los libros que se tiene son suficientes, aunque no te alcance la vida para leerlos todos y a tus cuentas bancarias les vaya como en feria.