Miel y Salmuera | BAJONES Y RESISTENCIA
Por: Ana Cristina Chávez Arrieta
¿Cuál es el precio de la felicidad en un país donde no se va la luz sino que llega por momentos? tal como lo aseguran muchas de las personas afectadas por el racionamiento eléctrico al que nos somete CORPOELEC. ¿Y cuánto vale estar en paz en una nación donde se aprueba el aumento del pasaje del trasporte público mientras en un viaje al exterior su presidente anuncia la intención de llevar a un coterráneo a la luna?, ¿será acaso la fuerza de la costumbre lo que permite que no nos sorprenda que mantengan oculto y protegido al principal autor del robo multimillonario a una empresa del Estado? Lo cierto es que en términos de adaptabilidad quien ha residido en Venezuela tiene amplias ventajas, digo, por aquello de convivir con unos políticos cuyas acciones y actitudes rayan en lo surrealista, gozar de servicios públicos deficientes al extremo, en las peores épocas soportar numerosas horas sin comida o con la alimentación más elemental, y aun así poder seguir con su vida o al menos intentarlo.
Esta característica se denomina resiliencia, un término utilizado en las ciencias sociales para referirse a la capacidad humana de sobrellevar una situación adversa y resistir. Tradicionalmente, se entiende que una persona es resiliente si posee una alta capacidad de adaptación a pesar de las marcadas dificultades de su entorno, lo que habla de un concepto muy individualista, donde es el sujeto quien debe desarrollar las habilidades de crecimiento y superación a pesar de las circunstancias sociales, políticas, económicas y el sistema en el que habita. De acuerdo a esto, la responsabilidad es personal y no del medio opresor y alienante.
Al respecto, el filósofo español Carlos Javier González Serrano (2023) afirma que “toda una industria felicifoide, en ocasiones fraudulenta en términos psicológico-científicos pero multimillonaria de libros de autoayuda, seduce a sus consumidores con melosos y sugestivos conceptos como el de «resiliencia», «viajes interiores de autoconocimiento» o «crecimiento personal» La cultura psi se nutre de consumidores que se consumen a sí mismos: porque hay que seguir y porque, además, estoy diagnosticado (es decir, «estoy controlado») y debo continuar pase lo que pase.”
El mismo autor aclara que la «cultura psi», se refiere al hábito reciente de buscar diagnósticos psicológicos o de índole psiquiátrico ante todo síntoma, emoción, sentimiento o afecto que las personas perciben como extraño o incómodo para desenvolverse en su día a día. Según González Serrano, “mientras leemos «El arte de no amargarse la vida», «Vive sin miedo con diez sencillos pasos», «Cómo encontrar a tu persona vitamina» o el último manual de autoayuda de turno, todo permanece igual ahí fuera. Nada cambia mientras nos hacemos resilientes y nos adaptamos a todo; nada cambia mientras hacemos nuestros viajes interiores o acudimos al coach emocional (que se ha sacado su título con un curso de un mes sin ningún tipo de certificación científico-psicológica).”
En este orden de ideas, el emprendedurismo del que tanto alardea el gobierno nacional como salida a la crisis del país y que muchas veces se traduce en un buhonerismo fashion con toda la parafernalia del marketing digital, forma parte de esa resiliencia a modo de sálvese quien pueda, con la cual mientras cada quien busca cómo sobrevivir y resolver los gastos familiares, los dirigentes hacen lo mismo pero apropiándose del dinero público, afianzando un modelo político y económico que avala la neoesclavitud disfrazada de productividad, que no hace más que agotarnos física y mentalmente para tratar de cubrir las exigencias y expectativas del mercado laboral y el entorno social.
El filósofo español concluye: “Sí, por supuesto, debemos continuar, quién lo duda, pero es urgente trazar un análisis crítico de nuestro estado actual junto con especialistas en salud mental, pero también con filósofos, antropólogos, profesores, orientadores y sociólogos. ¿Qué nos ha hecho pensar que estar permanentemente enfermos, cansados, hastiados, carentes de deseo o sentirnos solos son síntomas de una vida normal? Es más, ¿qué nos ha hecho pensar que debemos ser resilientes porque todo eso es, sin más, cuanto debemos aguantar y a lo que nos debemos adaptar para vivir? Continuar: sí, por supuesto. Para cambiar el escenario o, al menos, poner las condiciones para que suceda. Sin pasiva adaptación. Con activa resistencia y comprometida rebeldía intelectual».