“Mi hijo esperaba a su papá”: Solo 25 deportados sobrevivientes confirmados en vuelo 164

Eduardo José Osal Mujica le quedaron pendientes varios abrazos. Uno de ellos, quizás el más importante, el de su hijo de 8 años. El hombre era uno de los 146 pasajeros del vuelo 164 que traía venezolanos deportados desde EEUU, y que aterrizó en Maiquetía horas antes del doble sismo del pasado 24 de junio.

“Esto es lo que más me ha dolido. Él amaba a su hijo. Tenía tres años que no lo abrazaba ¡No sabes cómo mi hijo esperaba a su papá!”, lamenta su esposa Danilys Hurtado. Se le quiebra la voz al otro lado del teléfono, confiesa que tener que contárselo a su hijo será el final de un interminable calvario de cinco días por obtener respuesta.

Más de 120 horas después del terremoto que sacudió al país, muchos de los familiares de los deportados siguen sin certezas. Sólo han podido confirmar que 25 de ellos están vivos, pues fueron trasladados al interior del país en un autobús oficial.

Deportados vuelo 164. Desaparecidos

En el vuelo 164 venían 120 hombres, 19 mujeres, cinco niños y dos niñas

El mensaje de un sobreviviente

“Hijo, estoy bien. Voy camino a Maracay”. Esas palabras –en forma de mensaje de texto– le devolvió la calma a Jenifer Larrazabal, la sobrina del deportado Carlos Chacín (55 años). “Habíamos decidido no creer, es muy duro pensar que tu familiar está muerto”.

El mensaje lo envió desde un teléfono celular prestado, el del chofer del autobús que utilizaron los funcionarios del plan Vuelta a la Patria para sacar al grupo de sobrevivientes de La Guaira hasta el centro del país la tarde del viernes 26 de junio. “Entre todos los pasajeros juntaron 20 dólares para que les permitiera enviar los mensajes”, cuenta Jenifer a TalCual.

Carlos es de Maracaibo. Había pasado los últimos tres meses en una prisión de Estados Unidos tras ser detenido al presentarse voluntariamente en un juzgado para regularizar su estatus migratorio. Su esposa pasó por el mismo proceso, pero fue deportada una semana antes a Venezuela.

“Mi primo habló con él después de aterrizar en Maiquetía, no nos dijo a dónde lo llevarían. Nosotros sospechábamos que podía estar en el hotel, porque así pasó con mi tía antes. Ese era el procedimiento”, dice Jenifer.

Se refiere al Hotel Sanitario Negra Hipólita –también conocido como Hotel Santuario La Llanada– una instalación en la zona montañosa de Macuto, donde el plan Vuelta a la Patria trasladaba a los venezolanos que llegaban deportados para cumplir un protocolo de regularización.

Carlos le contó a su sobrina que a ese lugar fueron a parar sus compañeros del vuelo 164, menos cuatro viajeros que –tras la revisión en el aeropuerto– habrían sido trasladados a una instalación militar en La Guaira porque tenían antecedentes penales. Y, aunque les perdieron la pista, suponen que deben haber sobrevivido.

El resto llegó al Negra Hipólita alrededor de una hora y media antes que ocurriera el terremoto. A los hombres los ubicaron en las habitaciones del piso de abajo, mientras que las 19 mujeres y los siete niños ocuparon el segundo piso de uno de los edificios.

“Me contó que se presentó un problema por un teléfono que tenía uno de los muchachos, porque los funcionarios estaban pendientes de quién tenía celular, les pedían que los desbloquearan para revisarlos”, recuerda. Su tío quiso alejarse del conflicto, y se ubicó cerca de la puerta de la habitación.

En ese momento tembló. “¡Esa puerta lo protegió!”. Las instalaciones del Negra Hipólita colapsaron, pero Carlos y otro compañero quedaron en un hueco que se generó con los destrozos, y juntos se arrastraron hasta que salieron al aire libre.

Hotel Sanitario Negra Hipólita Vuelo 164

La sede del hotel sanitario Negra Hipólita tras el terremoto

Las estaciones del calvario

“Sé que el terremoto fue de la naturaleza. Lo que no es de la naturaleza es la situación por la que pasamos, es que el Gobierno que no nos ayudó. Allí nos ayudamos nosotros mismos”, reclama Danilys.

La última persona que logró hablar con Eduardo José fue su mamá. “A las cuatro de la tarde la llamó, le dijo que estaba en el hotel y que mañana se iban a ver, cuando lo llevaran a su casa. Desde allí no hubo más comunicación”, cuenta la esposa a TalCual.

Aunque en Barquisimeto el terremoto no cobró tanta fuerza, a Danilys le movió la preocupación. “Decidí irme a Caracas porque sentía que algo no estaba bien”.

La primera estación de su calvario fue en la sede del Sebin en Caracas. Allí le dijeron que no tenían información, lo daban como desaparecido. Le aseguraron, también, que algunos pasajeros se habían escapado del hotel tras el sismo.

Vuelo 164

Las listas en las puertas del Hospital José María Vargas de La Guaira

Casi a la medianoche siguió al Hospital José María Vargas de La Guaira y, sin respuesta, se movilizó hasta el hotel. “Subimos, no había alcabala ni nada. Allí no estaba nadie trabajando”, recuerda.

Y en la mañana volvió. Ahora sí había funcionarios del Sebin. No quitando escombros, sino impidiendo que otros se acercaran. “Nos dijeron que no podíamos estar allí. Que no podíamos subir hasta que los peritos vieran el lugar”.

“Hay muchas irregularidades. Ellos estaban bajo la custodia del Gobierno. Así como nos llamaron para decirnos que ya estaban en el país, tenían que llamarme para contarme qué había pasado con mi esposo”, se queja.

El riesgo de una fosa común

El sábado el equipo del plan Vuelta a la Patria habilitó un número de WhatsApp para que los familiares preguntaran por los pasajeros. Se inundó de angustia. A preguntas sobre la condición de los pasajeros, respondían con poca o ninguna información.

Vuelo 164

El plan Vuelta a la Patria habilitó un canal de WhatsApp para los familiares

Ese día también un contacto dentro del Sebin le informó a Danilys que su esposo había fallecido. “Me dijeron que se habían llevado el cuerpo” ¿A dónde? Nadie supo responderle. Regresó nuevamente al Hospital José María Vargas.

“Había una contaminación tan fuerte, que comenzaron a desalojarlos de allí. Los tiraban como perros, uno encima de otros. No había nada. Era un desastre”, revive el momento.

Al final su viacrucis terminó en la zona de los silos, que habilitó el gobierno como una morgue provisional tras la tragedia. “A mi esposo tuve que cremarlo, porque estaba en muy mal estado. Casi me llevo un cuerpo que no era el de él. Allí, literalmente, cada quien agarraba su muerto y se lo llevaba como pudiera”.

Danilys asegura que la acumulación de cadáveres es de tal magnitud en los silos, que ya comienzan a trasladarlos a fosas comunes o cremarlos. Algunos familiares de los deportados fallecidos intentaban este lunes llegar desesperadamente desde el interior del país para reclamar sus cuerpos, y darles una justa sepultura.

“Ya pasé el dolor que mi esposo estuviera muerto, el dolor de ver dónde estaba y ahora decirle a mi hijo que no lo va a poder abrazar”. Llega de vuelta a Barquisimeto. Se dará un baño antes de enfrentar a su pequeño de 8 años. “No puedo llegar a abrazarlo en las condiciones en que ando”.

Por el desagüe se irá el sudor de la angustia y el olor a morgue, pero no la tristeza de la ausencia de Eduardo José. Se lo llevó el terremoto un día de San Juan, pero lo sepultó un calvario de varias estaciones.

TalCual