La vida es una escuela
Desde la Península de la Amistad
Por Fredis Villanueva
La vida es una escuela donde se aprende y experimenta individualmente la existencia, no mediante libros ni creencias creadas por el hombre, sino a través de un aprendizaje vivencial en el momento presente, en el cual, está ocurriendo y está aconteciendo la vida.
En la vida, lo que atribuimos como errores, sólo son enseñanzas que la misma vida nos ofrece a cada instante, de las cuales debemos aprender y hacer la enmienda apropiada para actuar y vivir conscientemente.
Infelizmente,
el ego que es la individualización entre el cuerpo físico y emocional, no nos
permite experimentar las enseñanzas de la vida tal como se manifiestan,
convirtiéndonos en seres ilusorios y
con comportamientos insensatos e intolerables.
Hay
una frase popular que dice: “Cada uno
tiene lo que se merece”. La podemos entender en base a ésas consecuencias
que tienen nuestros actos, conductas y comportamientos. Podemos creer en ésta
frase conocida cuando lo merecido es positivo. Pero, cuando lo que nos proporciona
la vida son reveses que conllevan
sufrimientos, cambios y desgracias. Pues bien, no todo es color de rosas, la
vida tiene momentos buenos y malos, de los buenos se disfruta y de los malos se
aprende.
La
vida es una escuela, sin embargo, es importante que estemos claro que nuestros
actos, conductas y comportamientos, tiene sus consecuencias en el camino de la
vida. En ocasiones salimos triunfantes
y en otras ocasiones lo que nos acontece tiene un motivo de aprendizaje. De manera, que las situaciones adversas que
pudiésemos experimentar, son lecciones de vida que nos van a impulsar a
madurar, a crecer y a ser mejores personas. Claro está, siempre y cuando,
sepamos sacarles provechos.
En
mi muy humilde reflexión final, pienso: que si tenemos fijada como una de
nuestra convicción de vida, que vivir es
aprender y que aprender es vivir. Entonces, la vida es una escuela que nos
garantiza un buen aprendizaje y también el camino de la eterna juventud; porque
no es cierto, que por fuerza dejamos
de aprender cuando envejecemos. Lo que sí
es cierto, es que envejecemos cuando dejamos de aprender. De manera, que la
vida es una escuela hasta el final de nuestra existencia terrenal.
Para
finalizar: a veces necesitamos cortar un lazo que no nos está beneficiando, por
lo tanto, en vez de una desgracia, puede considerarse como una oportunidad para abrirnos nuevos horizontes.
Así funciona la vida, como una escuela llena de lecciones. La vida no es
nuestra enemiga, ella es nuestra escuela.
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¡Un
abrazo lleno de bendiciones! ¡Hasta el
próximo miércoles, Dios mediante!