La resiliencia
Aunque vamos a iniciar el tema de hoy con un refrán
popular, seguro que nos va a llevar académicamente a explicarlo mejor: “Al mal tiempo buena cara”. Ese refrán
nos indica que cuando las cosas no van bien, o la brisa no nos favorece, lo más
apropiado es enfrentarlas con la mejor
actitud, para no permitir que una situación por muy adversa que sea, nos
aparté del camino del progreso y del crecimiento personal.
Resiliencia o resilencia, como se le dice también, es
un término que deriva del verbo en latín resilio, resilire, que significa
“saltar hacia atrás, rebotar”… Según la Real Academia Española (R.A.E),
resiliencia: es la capacidad del ser humano frente a situaciones difíciles…
Pero además, la palabra resiliencia se refiere a la capacidad de una persona o un
grupo, de sobreponerse con temple a momentos o períodos de dolor emocional o situaciones
traumáticas repentinamente imprevisibles, volviendo a su curso con normalidad,
más sensata y más fuerte de lo que anteriormente era.
De manera que podemos decir que las “personas resilientes”, son aquellas que
atrapadas en una situación inesperada o adversa, son optimistas y convierten el
dolor en una virtud. Evidentemente, que son muchos los acontecimientos que les
pueden afectar emocionalmente: pérdida de un ser querido, ruptura amorosas,
despido imprevisto del trabajo, período de soledad, aprietos económicos,
proyectos fracasados, entre otros. No obstante, a pesar del dolor vivido, las
personas resilientes, renacen a la alegría a través de sus deseos de continuar,
reinventándose a sí mismas, viendo los obstáculos como oportunidades para
aprender y crecer en todos los sentidos.
La importancia de la resiliencia radica en el
desarrollo de nuestra vida, ya que en nuestro largo recorrido por el camino de
la vida se nos van a presentar uno o varios contratiempos o emociones
dolorosas, las cuales hay que saber
superar y volver a la normalidad y con mayor serenidad emocional. Pero
además, sin duda, que el desarrollo de la resiliencia es esencial para redefinir
la confianza, el optimismo y la autoestima, para crecer e incrementar la
capacidad de superación ante las adversidades.
Quienes ponen en práctica la resiliencia, logran
destacar las fortalezas y oportunidades de una situación negativa para seguir
adelante en su proyecto de vida.
Ninguna persona, dentro del marco teórico no puede decir con certeza que es
resiliente porque esto se descubre en la práctica, hay que vivir la situación
adversa para luego saber cómo se sale de ella. Según el profesor Gonzalo
Hervas, de la Universidad Complutense de Madrid, pasar por un experiencia
realmente difícil, es la prueba de fuego para determinar que una persona es
resiliente.
En
mi muy humilde reflexión final, pienso: que en el plano individual, en el cual
enfoque el tema de hoy, una persona tras
haber superado acontecimientos de duelo, bien sea físico, emocional, económico,
espiritual, entre otros, no solo crece como persona, sino que también, descubre
capacidades nuevas que antes desconocía, sintiéndose más equilibrada emocionalmente y con mayor confianza, para enfrentarse a otras experiencias.
Evidentemente, esto la conduce a un cambio vital, a una nueva filosofía de
vida.
En
síntesis: no olvidemos que las dificultades no son para eludirlas, sino para
derrotarlas y salir fortalecidos de ellas y que la vida siga, aunque todo se
detenga.
Gracias
por haber leído el artículo, si le gustó, ayúdame a compartirlo con sus familiares
y amigos
¡Un
abrazo lleno de bendiciones! ¡Hasta el
próximo miércoles, Dios mediante!
Por
Fredis Villanueva