La industria automotriz venezolana «está luchando para sobrevivir”

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En el año 2007 se verificó en Venezuela un gran “boom” del sector automotriz. Se vendió una gran cantidad de unidades, había lanzamientos a cada momento, publicidad, inversiones, etcétera. Pero a partir de 2009-2010, el negocio comenzó a decaer. Y ya en 2013 el país entró en caída libre, arrastrando consigo a todas las industrias. ¿Murió hoy el sector automotriz?

Enrique González es economista, profesor de Estrategia Competitiva en la Universidad Torcuato Di Tella (Argentina) y es expresidente de Cavenez. Dice que el desarrollo y lanzamiento de una nueva línea de ensamblaje, tanto por parte de la empresa ensambladora así como producto de la incorporación de contenido, autopartes y piezas de origen doméstico, exige planificación, inversión y tiempo, así como escala operativa.

“En el mejor de los casos, a nivel latinoamericano, podríamos estar hablando de tres años para incorporar un nuevo modelo a una línea de ensamblaje”, comienza por poner en dimensión el proceso.

Lo anterior –avanza- supuesto a un plan operativo de dichas empresas trasnacionales en el territorio nacional, que, por lo general, “se encontraría engranado en una planificación regional de las operaciones de la marca”.

“Por ejemplo, la industria automotriz en Argentina ha logrado cierto grado de especialización en la producción de pick-up, ubicándose entre los principales productores a escala global, incluso llegando a superar a Brasil. Estas exportaciones contribuyen a amortizar las inversiones y acometidas realizadas en dicho país”, expone el vocero.

Coordinación regional

En el caso venezolano, explica González, la industria llegó a exportar un número nada despreciable de unidades hasta el año 2006, lo que supuso parte de la planificación de las marcas que se encuentran instaladas a lo largo de la región latinoamericana.

“Muy especialmente en nuestros países la viabilidad de las inversiones que se realizan en una línea de ensamblaje exige escalas que se logran complementando el mercado interno con las exportaciones. Es así como las ensambladoras pueden lograr especializaciones por países, e incluso mostrar comercio intraindustria e intramarca a lo largo de dos o más países”, calibra el experto.

Y agrega: “Venezuela tendría que formar parte, nuevamente, de dicha planificación por parte de las marcas trasnacionales”, para decir que no ha muerto la industria nacional de vehículos.

Para que Venezuela resulte atractiva –analiza- se requiere un volumen de mercado interno, así como un marco institucional, acceso a servicios básicos para la producción -electricidad, gas, aguas, etcétera-, “así como insumos que satisfagan los estándares de las marcas para que los autopartistas pueda erigirse como proveedores oficiales de partes y piezas originales de ensamblaje”.

Con información de Banca y Negocios