La crudeza del Covid en occidente: cuando todos tienen la razón.

Comparte

Los obituarios no cesan. Los recursos merman al extremo. Comprar un tratamiento para el Covid-19 puede significar perder todo el capital familiar y apelar a la caridad. No me atrevería a sumar las causas sociales para ayudar cubrir medicamentos, son incontables. 

Realmente es duro, muy duro. Jamás hubiésemos imaginado este escenario. La cifra de casos de depresión y ansiedad ante esta situación es incontable también. Hay mucho miedo y dolor al mismo tiempo hay esperanza y grandes sueños, hermosos milagros.

Las medidas de radicalización han golpeado a nuestro pueblo y se han tomado con razón desde la autoridad. La molestia en el sector productivo por los efectos de las medidas están justificados. Desde donde lo miremos, todos tienen algo o mucho de razón. Es demasiado compleja la situación. Sean gobierno o fuerza viva tienen su verdad, vivencias y razones.

Nuestros pueblos paralizados en la producción y dinámica económica ha sido al extremo devastadores. No se trata del lucro. Se trata de la oferta coherente de un servicio seguro; que proteja en el cumplimiento de las normas a los clientes, empleados y dueños de casas comerciales. 

Los horarios en los comercios sean de 24 horas continuas para trabajar o de 6 son irrelevantes si no educamos, exigimos y nos plegamos a las medidas mucho más que antes.

En la radicación más fuerte del municipio cuando eran las 12:00 del mediodía del viernes el desespero, la aglomeración de los clientes era tan impactante porque sabían que ya no podían encontrar nuevamente comercios abiertos hasta el lunes.

Una comunidad con horarios de flexibilización y radicalización pero negada a aceptar una realidad por la prevalencia de la vida que obliga a actuar y adoptar medidas diferentes no camina a un presente y futuro seguro.

Solamente basta con pasar 5 minutos en nuestros centros de salud públicos para entender la gravedad de la Covid-19 en Dabajuro. Se pierden de vista los casos y las experiencias, sin contar que muchos se atienden por el sector privado y no sé contabilizan, pasan silenciosos.

Los comerciantes son vulnerables en el ejercicio de su labor. Les ha tocado luchar con clientes que a la fuerza quieren ingresar sin tapabocas o se ofenden si se les quiere aplicar alcohol. Hay comerciantes que han dejado todo su capital económico en el tratamiento Covid-19 sin contar con las irreparables pérdidas humanas. Sin embargo no han dejado de cooperar en silencio a través de su gremio para la compra de oxígeno, tratamientos o alimentos para familias sin importar que han llegado a su punto de quiebre económico.

Si el Presidente decreta flexibilización muchos asumen que todo ha pasado y bajan la guardia por completo. Si continúa la radicalización sin sentido de educación es inútil. El personal médico de nuestro municipio está agotado, ha dado a su máxima capacidad. Las autoridades no han parado de hacer lo que les corresponde.

Los gastos son cada día más elevados para el ejercicio del comercio. Las exigencias en la cancelación de compromisos de servicios públicos, impuestos fiscales y parafiscales plegados a la ley de armonización tributaria, contribuciones especiales y los índices de inflación detonados por la dificultad de acceso a insumos de primera necesidad, dolarización, multas entre tantos factores hacen de esta labor un oficio cuesta arriba para quienes trabajan formal y legalmente. La tarifa mínima solo por el permiso de Bomberos es de 1 Petro, obligatorio para poder seguir trabajando.

Radicalización,  horarios restringidos sin educación y conciencia cierta particular de lo que sucede con la Covid 19 resultan indiferentes frente a la flexibilización.

Comenzó la vacunación en Dabajuro.

Sabemos que no significa estar cerca del fin de la pandemia o desprendimiento de las medidas, pero es alentador.

Lourdes Díaz Güerere