Jubilados de las empresas básicas, la cuerda más floja de la debacle industrial
Las empresas básicas de Guayana están en el peor momento de
su historia: sin producción, desmanteladas y con los trabajadores fuera de las
plantas. Los más afectados son quienes años atrás llevaron a Ciudad Guayana a
ser un ejemplo industrial.
Los jubilados, quienes dieron más de tres décadas de sus
vidas a las empresas, no fueron recompensados con una vejez tranquila, al
contrario, reciben pensiones de hambre, no cuentan con seguro médico ni
garantías de salud.
Luis Diquez es jubilado desde 2007 de
CVG Industria Venezolana de Aluminio (Venalum). Fue dirigente sindical y
trabajó durante 41 años en el sector aluminio. Hoy no ve reflejado en
comodidades la mayoría de los años dedicados a la estatal: su cocina no tiene
alimentos, sus ahorros no existen y su casa se mantiene a oscuras.
“Ya no es humilde la casa, sino que
la pobreza se está adueñando de ella”, comentó con pesar. El pequeño
apartamento que logró comprar en Manoa en 1972 no puede pintarlo desde hace
ocho años al tener que gastar en pintura de lo que gana en un año como
jubilado.
Diquez ha logrado mantenerse gracias
a la ayuda de sus dos hijos, también trabajadores de una empresa del Estado,
sin embargo, eso no le permite tener el congelador lleno como cuando se jubiló.
En 2007 podía tener cochino, carne de res y una variedad de pescados como
paisano y coporo, 13 años después solo hay hielo y agua.
Estima que tiene cerca de dos años
que no accede a productos cárnicos con regularidad. “Tengo meses que no tengo
el sabor en mi mente de lo que es un pedacito de carne”, relató. Antes era
visitado por sus amigos y él les regalaba alimentos, ya que esa no era una
preocupación.
La organización Convite en su Encuesta de Condiciones
de Vida y Salud de las Personas Mayores en Venezuela publicada en agosto
de este año estimaba que un 52% de los encuestados redujo sus porciones de
comida. De los 600 encuestados, 190 comía proteína animal una vez al mes, 132
cada quince días, y 49 adultos mayores, nunca.
La última vez que visitó la compañía fue el 8 de enero de
este año. “Me vine
llorando de tristeza cuando vi la empresa”, expresó. Venalum se mantiene
trabajando con 44 de 905 celdas, un total de 4,8% de su capacidad instalada. Para
el trabajador se perdió la meritocracia y el sentido de pertenencia por la
estatal.
Sin garantías de salud
Ni en pandemia y con una emergencia
humanitaria que agudiza las condiciones de vida los jubilados reciben la
atención requerida. “Cómo es posible que te traten como que muérete, muérete en
tu casa”, expresó Carmen Mata, jubilada de la Siderúrgica del Orinoco con 66
años.
Entró a trabajar en la estatal en el
año 1981, en el área de Relaciones Institucionales y Medicina Ocupacional,
durante ese tiempo atendía y buscaba soluciones a los trabajadores que padecían
alguna enfermedad. Ahora, como jubilada nadie responde por sus afecciones en la
vista. “No entiendo, cómo es posible, te dejan que te mueras”, dijo.
Mata fue karateca y representó a
Sidor en los Juegos Interempresas, pero la práctica de deporte le generó
desgaste de las articulaciones del fémur. Al momento de hacer la rehabilitación
la estatal le negó la atención y terminó haciendo las terapias de ultrasonido
en el módulo de Uchire en Unare, donde fue expuesta a terapia laser sin ninguna
protección, la que considera, le ocasionó el derrame de retina.
Por los problemas de vista, Carmen ha
sufrido mareos, caídas y se le ha inflamado una de sus rodillas, la que solo ha
podido sanar con agua de mango. Pese a que debería cumplir reposo en casa, se
ha visto obligada a visitar Sidor y la Corporación Venezolana de Guayana
buscando atención médica sin lograr el objetivo de ser atendida.
“Tuve que buscar prestado 40 dólares
para pagar la consulta con un retinólogo y me mandaron el tratamiento y resulta
que tampoco me responden con el tratamiento ¿cómo yo, una persona jubilada, lo
compró?”, preguntó.
Los jubilados de Sidor lograron ser
incluidos en el servicio de hospitalización, cirugía y maternidad entre 2008 y
2009. La lucha que dieron por recibir los mismos beneficios que trabajadores
dentro de la planta ya no es respetada. Alexis Villamizar, presidente de la
Asociación de Jubilados y Pensionados de Sidor (Ajuso), señaló que desde 2016
en adelante fueron perdiendo poco a poco esta atención.
Convite contabilizó que 33 personas
mayores murieron entre enero y junio por responsabilidad directa del Estado. Ya
sea por carencia de nutrientes, alimentos, tratos crueles o por nula atención
médica. Mata clama, luego de más de tres meses sin respuesta de la estatal, por
ser atendida.
30 años y seguir trabajando
Las nulas garantías de pago han
obligado a muchos jubilados a seguir laborando en mercados informales vendiendo
alimentos o como electricistas, mecánicos y soldadores.
Agustín Hidalgo forma parte de este
grupo. Fue operador mayor en el Departamento de Procesamiento de Mineral de
Hierro (PMH) en Ferrominera Orinoco, luego de aportar 30 años como trabajador
en la estatal todavía debe hacer trabajos de soldadura para lograr sobrevivir.
“¿Carne? eso brilla por su ausencia,
el sueldito no me da para comprar un kilo de carne”, agregó. Hidalgo con 74
años se siente herido al ser olvidado por la empresa. “Debería estar con un
buen salario, para alimentarme bien, para vivir bien”.
Durante su tiempo como trabajador
logró hacer profesionales a sus tres hijos, construir una casa en José Félix
Ribas, San Félix, y comprarse una camioneta. Luego de su jubilación en 2007
logró abrir una agropecuaria e invertir en un negocio que le permitiera vivir
tranquilo su vejez, al menos eso creía.
Con el pasar de los años, las ventas
fueron decayendo con la caída de la producción agropecuaria en el estado
Bolívar, luego de eso no pudo seguir sosteniendo el negocio que le daba de
comer a él y su familia. “Aquí vendíamos medicina, alimento para animales, pero
se puso duro el asunto, se me dañó una gandola de alimentos (…) la medicina
se puso mala y la otra la rematé. Desde ahí cerramos la santamaría, se vino
todo abajo”, expresó.
En su garaje donde tenía la venta de
insumos agropecuarios aún mantiene algunos pesos, estantes y vitrinas, también
guarda la máquina de soldar con las que construye hornos de panadería. Relata
que los repuestos para soldar valen más de lo que recibe como jubilado.
Lo que más recuerda es aportar para
la producción y compartir con sus compañeros, ahora ve que la empresa no es ni
la sombra que era antes. “Yo no entro al área como seis meses, porque me da una
nostalgia”, señaló con tristeza.
Poca producción, pocas mejoras de
vida
Según los datos presentados en la Encuesta Nacional de
Condiciones de Vida Bolívar (Encovi), el estado Bolívar, que representaba una
alternativa económica y de trabajo decente, hoy es la tercera entidad con menos
personas activas económicamente, solo por debajo de Amazonas y Delta Amacuro.
Según los datos, apenas cinco de 10 bolivarenses están
trabajando. De acuerdo con el investigador, Luis Pedro España, esto se debe a
la caída productiva de las empresas de Guayana.
Para le cierre de este año, Ferrominera, Venalum y Sidor
operan a menos del 15% de su capacidad, sus trabajadores están fuera de la
planta y sin beneficios laborales. Por otro lado, empresas como Alcasa son
desmanteladas sin que los trabajadores y jubilados reciban ninguna explicación.
Los nulos recursos de las compañías, el estado de las industrias, los escasos ingresos del Estado y las políticas del gobierno no dan buenas expectativas de una reactivación productiva que mejore las condiciones de los trabajadores y jubilados de Guayana.
Con información de Correo del Caroní