Isabel Martínez: el dolor de ser bombera y madre de una hija que imitó su vocación y murió en el intento
Para Isabel, bombera de vocación, el Día de las Madres tiene amargo sabor: el recuerdo de haber perdido a su única hija cuando esta, siguiendo los pasos de su madre, murió en un accidente cuando acudía junto a sus compañeros a extinguir un incendio en Tucacas.
Isabel Martínez es una larense, de esas venezolanas «echás pa’lante», que el amor la llevó a Morón, donde se casó con un falconiano y luego vinieron a vivir a Tucacas para reforzar el novel Cuerpo de Bomberos del Municipio Silva.
Desde el tragico día, Isabel intentó dejar de ser bombera, sin embargo, cuando siente que hay tucaqueños en peligro, por la inminencia de un siniestro grande, ella se uniforma y se alista en el comando bomberil de Tucacas.
Isabel es una mujer activa, sustituyó la dedicación exclusiva a la función de bombera por la fisioterapia, actividad a la que se dedica en la actualidad como masajista. Una disciplina de rehabilitación que ratifica su vocación de socorrer, asistir y salvar a la gente.
Ante la pregunta impertinente del periodista sobre qué significa el Día de las Madres para una mujer que, como ella, ejerce un oficio de dedicación casi exclusiva como ser bombera, su voz serena responde con una ráfaga de sentimientos:
«Para mí es difícil responder esa pregunta porque mi única hija murió, ya no celebro el Día de las madres pero soy eternamente madre».
Después del silencio eterno de cinco segundos que provoca una respuesta como esa, Isabel, en su nobleza y entereza, contó su episodio cumbre como madre.
«Ser madre y al mismo tiempo bombera es muy difícil, es fuerte. Nosotros, mi esposo y yo, tratábamos de no robarle tiempo a la niña, Dayana Caraballo, mi mamá me ayudaba con ella en su niñez. Cuando Dayana cumplió 14 años, el Cuerpo de Bomberos de Morón, estado Carabobo, al que pertenecía, demandaba mucho esfuerzo para compensar el déficit de personal que tenía.»
-Era muy difícil el rol de madre porque trabajaba guardias de 48 horas continuas por 72 y los fines de semana completos.
«Entonces muchas veces yo me llevaba a Dayana para mi guardia. Era inevitable que, viendo todo aquello, la niña tomara interés por las labores de socorro. A los 16 años ya mi hija sabía mucho de primeros auxilios y yo tenía que llevármela para que me ayudara».
Mi hija al graduarse de bachiller ingresó a la Universidad de Carabobo para estudiar Ingeniería Química. En ese tiempo me llaman de Tucacas para reforzar el naciente Cuerpo de Bomberos de Silva y así lo hicimos porque ya estaba mas desahogada en mi rol de madre. Entretanto Dayana continuó en los Bomberos de Morón, cuenta Isabel.
Un día del 2013, hace ocho años, hubo un incendio en el municipio Silva que demandó refuerzos y una comisión de los Bomberos de Morón, en la que se encontraba Dayana Caraballo, montó en la unidad y, a velocidad de socorristas, acudió al llamado del municipio vecino.
La comisión bomberil de Morón nunca llegó. Un accidente vial lo impidió. allí perdió la vida la joven Dayana Caraballo de 20 años de edad.

«A partir de ese día no me uniformo, a menos que haya un siniestro grande», revela Isabel Martínez quien a sus 45 años luce hermosa y serena. Tranquila pero batalladora, aunque un día como hoy «para mí es muy difícil porque yo pedí a mi hija que también era bombera, en un accidente aquí en el municipio Silva».
Y claro que es difícil, Isabel. Perdiste a tu hija pero no la condición de madre. Esa es eterna como tu amor al prójimo que te hace volver a uniformarte «cada vez que hay un siniestro fuerte».
Francisco Chirinos / CNP 9966