Háblame de Dabajuro
Lourdes Díaz Güerere
Evocando una hermosa y conocida gaita zuliana que ha marcado la pauta de mis días, ya a mitad del camino de la vida, ese deseo tan notorio entre nuestra gente sobre saber cómo están las cosas por estos lares.
Preguntan por sus conocidos, por nuestras calles, las familias, por los que se enamoran, los que se casan, los que se mueren, por las que van a dar a luz, por el covid, la gasolina, la electricidad, el agua y últimamente, entre tantas cosas, la pregunta infaltable es ¿quién va a ganar las elecciones en Dabajuro? Sinceramente la única respuesta contundente que puedo dar es el número de veces y horas de fallas eléctricas y además decirles que ya regresó de nuevo el agua por tubería.
También que ha llovido mucho y que nuestro ímpetu en la esperanza, a pesar de las vicisitudes de la
vida, sigue como la famosa camisa de Don Nilo Miquilena. A propósito, nos falta un tertulia con el profesor William Leal ¿lo recuerdan? Una escuela de anécdotas que nos hacían mejores personas mientras nos formábamos en nuestro Liceo Colmán.
Ya casi no nos enteramos de los difuntos ni de los “casorios”. Estamos dentro del mismo pueblo como si viviéramos lejos, muy lejos unos de otros. Secuelas sociales del Covid que serán difíciles de superar, sumando la diáspora silenciosa de salidas de familias enteras del país de las que nos enteramos ya cuando ponen una foto en su estado de Whatsapp.
He pensado todo el día sobre este artículo. Lo pensé magistral y que terminaría emocionada
como siempre al dejar mi alma al interpretar el sentir de esta tierra buena y lanzar ese eco
que tanto bien nos hace, solo que no contaba con la aparición aún más imponente y
magistral de un apagón siendo las 12:30 del amanecer de este 25 de septiembre de 2021.
Han pasado 2 semanas sin poder enviar Ecos de Occidente porque no hubo internet en la
zona occidental de Falcón.
Debo terminar rapidito las ideas porque se descarga el celular y ya se va a apagar la poca carga del respaldo de la señal de datos de la telefonía. Así vivimos nuestros días. En un cambiar de planes porque no sabemos qué nos espera.
Dabajuro celebró 34 años de su autonomía municipal. La fecha más auténtica de nuestra historia contemporánea. Este año fue muy significativa porque fueron sentimientos encontrados. Hubo acto central donde estarían personas a las que apreciamos infinitamente.
Quise con el alma estar presente porque como muchos, me siento parte de las cosas buenas que cierran su ciclo. Toda una escuela para cultivar la idiosincrasia y el valor de lo que somos los dabajurenses. Un día para agradecer y vislumbrar el horizonte del futuro cercano.
Ya el telón queda a medias hasta el día en que corresponda subirlo nuevamente para mostrar la senda de los próximos cuatros años en Dabajuro. Sobre la pregunta más frecuente solo puedo decir que el resultado de las elecciones al día de hoy está resguardado en el corazón del pueblo aún. En el merecido respeto a elegir desde la conciencia sin necesidad de enfrentamientos innecesarios porque estos procesos son
pasajeros pero nuestros lazos son eternos. Aquí todos nos conocemos, aquí todos somos
útiles para reconstruir lo que la circunstancias nos ha ido arrebatando.
Respetar mi decisión sobre a quién apoyo, respetar la decisión de mis vecinos, de mis amigos, de mi familia y hasta de quién no conocemos, eso es un verdadero acto de amor al prójimo, del ejercicio de la misericordia misma, de los valores que salen de nuestro corazón y nuestros labios. Aquí todos nos conocemos y todos nos necesitamos insisto, de allí que este tiempo y proceso pasajero no olvidemos nuestros principios y afectos.
Mi mamá hoy arriba a sus 73 años y me ha dado dos consejos útiles en estos tiempos: uno, que «vale más caer en gracia que ser gracioso» y el otro » hija usted se mete en la política solo cuando yo muera para no verla destruida». Allí si he tenido que decirle como Ali Primera: «madre, déjame luchar» no porque yo aspire a ejercer algún cargo público pero me ha tocado servir y espero continuar sirviendo a este municipio enlazando al pueblo con sus gobernantes a través del ejercicio digno de la comunicación de una u otra manera.
Yo respeto a todos en sus convicciones. Lo mismo espero de todos hacia mi. Que prevalezca la fe, esperanza y caridad en tiempos dificiles de entendernos; sin olvidar que de estas tres virtudes solo la caridad prevalecerá.
Solo estoy segura de una cosa, como dice Monseñor Sipols:» al final todo va a terminar bien, porque Dios es bueno porque Dios es sabio, todo va a terminar bien».
Aún sin energía eléctrica, cerramos este eco algo accidentado desde el occidente de Falcón por los imprevistos que ya no nos asombran ni nos inmutan pero de los que nos negamos a acostumbrarnos.