Fratelli tutti : “Mirada general a la llamada del Papa Francisco” (VII)
En el capítulo VI de esta
importante encíclica el Santo Padre aborda un tema que cada día tiene más
vigencia en nuestra sociedad: el diálogo. Lamentablemente en los últimos
tiempos pareciera que se ha perdido el sentido de esta palabra. La utilizamos
con mucha frecuencia, pero, cuando tenemos que aplicarla a la vida diaria, todo
cambia.
Cuando yo dialogo debo respetar, consensar y buscar la verdad; el diálogo
da lugar a la cultura del encuentro, es decir, el encuentro se vuelve estilo de
vida, pasión y deseo. Quien dialoga es amable, reconoce y respeta al otro. Acercarse,
expresarse, escucharse, mirarse, conocerse, tratar de comprenderse, buscar
puntos de contacto; todo eso se resume en el verbo “dialogar” (FT198).
El auténtico diálogo social supone la capacidad de respetar el punto de
vista del otro aceptando la posibilidad de que encierre algunas convicciones o
intereses legítimos (FT203). Por lo tanto, no puedo llegar a un diálogo
con el prejuicio de que el otro no tiene la razón pues, yo sí la tengo. Yo debo
respetar al otro y aportar desde mi punto de vista lo que objetivamente
considero es lo verdadero. En la historia reciente de nuestro país hemos sido
testigos de que este principio del diálogo para resolver nuestros problemas, no
ha sido respetado. Antes de sentarse a la mesa del diálogo se irrespeta al adversario
y se llega a ella con la convicción de que si no se acepta lo que traigo no se
puede llegar a un acuerdo pues, lo mío, lo de mi grupo, lo de mi ideología es
lo que vale y tiene que ser aceptado.
Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva:
la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica,
la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación
(FT199). ¡Cuánta falta nos hace en nuestra sociedad venezolana tener
esto presente! No creceremos nunca si continuamos con el pensamiento radical de
querer imponer una ideología sin tomar en cuenta algo que el Papa Francisco
insiste en esta encíclica: el bien común. Todo diálogo tiene sentido si se
busca a través de él lo que es bueno para toda la población y no lo que sirve a
una ideología o a unos intereses muy particulares.
Para que una sociedad tenga futuro es necesario que haya asumido un sentido de respeto hacia la verdad de la dignidad humana, a la cual nos sometemos. Una sociedad es noble y respetable también por su cultivo de la búsqueda de la verdad y por su apego a las verdades más fundamentales (FT207).
Hay que respetar en toda situación la dignidad ajena, porque en los demás
hay un valor que supera las cosas materiales y las circunstancias, y que exige
que se les trate de otra manera (FT213).
La vida es el arte del encuentro. Reiteradas veces el papa Francisco nos ha
invitado a construir una cultura del encuentro que vaya más allá de las
dialécticas que enfrentamos. Se trata de un estilo de vida tendiente a
conformar un poliedro, que representa una sociedad donde las diferencias
conviven completándose, enriqueciéndose e iluminándose recíprocamente, aunque
esto implique discusiones y prevenciones. Esto implica incluir a las periferias
(FT215).
“Cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar
encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que
incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y en estilo de vida. El sujeto
de esta cultura es el pueblo (FT 216). En nuestro querido país nos urge un
trabajo profundo para conseguir esa cultura del encuentro que nos permita
encontrar soluciones a todos nuestros problemas sociales, económicos y
políticos
Un pacto cultural supone renunciar a entender la identidad de un lugar de
manera monolítica, y exige respetar la diversidad ofreciéndole caminos de
promoción y de integración social (FT220). Este pacto también implica
aceptar la posibilidad de ceder algo por el bien común (FT221). El
gusto de reconocer al otro implica el hábito de reconocerle al otro el
derecho de ser él mismo y de ser diferente (FT218). Un pacto social
realista e inclusivo debe ser también un “pacto cultural”, que respete y asuma
las diversas cosmovisiones, culturas o estilos de vida que coexisten en la
sociedad (FT219).
Solo un diálogo constructivo que respete al otro, que tenga como norte el
bien común del país y el tender puentes entre los venezolanos, puede ser la
solución en el tiempo de nuestra triste situación.