Ese muchacho, Guillermito De León, por Isaac López
Corrían los primeros meses del año 1965 y
faltaba todavía una década para sus libros bellamente impresos por Editorial
Arte, con portadas de Víctor Viano, titulados La piedra no está hecha de piedra
y Los Dientes están demás-Diez velas de a locha por un bolívar.
Entonces uno podía leer sus artículos y
poemas en los diarios de Falcón, letras de un impetuoso joven de la época
dedicadas a los mechurríos de Punto Fijo o al Pueblo Nuevo que se nos vuelve
anciano, a apoyar la creación de un nuevo distrito para Paraguaná o a discutir
y distanciarse del partido Acción Democrática.
Luego llegaría Mayo y la declaratoria del
Concurso del Ateneo de Coro donde Los Ciclos de la Espera se habían confrontado
con textos de Luis Alfonso Bueno, Lydda Franco Farías, Juan C. Esteves y
Francisco N. Castillo.
Allí su canto se emparenta al de Luis
Alfonso y Lydda -al final ganadora- en desdecir de lo urbano, en renegar de la
construcción acelerada que ocurría en aquel país en transito desde el campo.
«Los vitrales pendiendo de la
angustia… Las ciudades cansadas… Los timbres renegándose a anunciar la
llegada del TIEMPO».
Canción de gesta y de época, de rebeldías y
negaciones. Eso que fue la década de los sesenta.
Allí también ese muchacho llamado Guillermo
De León Calles, vuelto al cabo de los años hombre necesario, útil y fraterno,
uno de los magos del Encuentro Puntual de los Amigos.
Isaac López, historiador