Entre bolívares y lochas, por Ernesto Faengo Perez

En Puerto Cumarebo vivió un exitoso ganadero, amante de la buena vida, educado en el hablar, de porte muy elegante, usaba ropa de marca y vehículos último modelo, y con gran sentido del humor sintetizaba su forma de ser en una frase que se hizo muy popular en la comunidad, decía Trino Goitia “ricos hay muchos, millonarios somos pocos” recuerdo este pasaje al leer la noticia que el gobierno nacional ha anunciado una nueva reconversión monetaria que sustrae seis ceros a la moneda nacional,en menos de quince años al Bolívar le han quitado catorce ceros, por cada millón hoy tiene un bolívar, volviendo a los tiempos de Trino Goitia un millón de antes vale mucho menos que aquella moneda que conocimos algunos denominaban “cobre” con un ínfimo valor de cinco céntimos de bolívar que junto con la “locha” equivalente a doce céntimos y medio nos servía en nuestra niñez  para comprar  muchas cosas, el presidente Maduro ordena al banco central imprimir monedas de valor correspondiente a veinticinco céntimos (medio) y cincuenta céntimos (real), esto me lleva a mi época de niñez y mis años juveniles cuando casi nadie sabía de inflación mucho menos de reconversión y peor aún de pérdida o sustracción de ceros  a nuestra moneda, es que la vida era tan barata que un bolívar alcanzaba para varias compras y con un billete de 10 bolívares se hacía mercado semanal para toda la familia y quedaba “vuelto” otra palabra que también está extraviada en nuestro vocabulario económico o comercial.

Ahora veo billetes por todas partes desahuciados con valor entre doscientos mil y un millón de bolívares que la gente desecha, los vota, no los quiere porque en la realidad lamentablemente no valen absolutamente nada. 

Falta saber si van a imprimir y poner en circulación la “locha” equivalente a doce céntimos de bolívar tampoco sabemos cómo vamos a administrar nuestro presupuesto,  los precios de bienes y servicios en el mercado, ni que va a pasar con la incontrolable y fatal espiral inflacionaria, la más alta del mundo.

 No es ni será igual el inestable bolívar de ahora al que conocimos en nuestra niñez, aquel sí era fuerte, soberano y rendidor ahora somos mucho más pobres, si acaso este nos servirá para recordar aquel  famoso pan Taika a locha cada uno, los cepillados de Roso, las sabrosísimas empanadas que hacía Chila Castro o la familia Navas, cuando  en la panaderia fatima nos vendían diez panes por un bolívar, y un real de mortadela era suficiente para rellenar aquellos panes y amortizar el hambre de estudiantes en el liceo Ezequiel Zamora, termino de escribir y me provoca comerme un toronto, pregunto el precio y cuesta un dólar, más de cuatro millones de bolívares, solo exclamé manífica, eso costaba una locha. Será

Ernesto Faengo Pérez