Enero desde Dabajuro: la tranquilidad del desesperado

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Transcurrió la primera quincena del año dos mil veintiuno. Muchos son los escenarios e historias que marcan estos días en Dabajuro y en todos los pueblos del occidente falconiano.

Enero siempre ha sido llamado el mes de andar “limpio”. Mes económicamente duro. Incluso recuerdo cuando fui empleada para el sector público que en Enero no se cobraba sino hasta finales de Febrero con suerte, Marzo quizás. Pero podíamos guardar reservas y no nos faltaba un plato en la mesa por lo menos. Incluso quedaban hallacas.

Ayer leí en un titular que en Cumarebo caminaban entre las calles pensando cómo rendir lo poco que percibían de sus familias en el extranjero. Esta realidad nos ha tocado a todos los pueblos y ciudades de una forma u otra. Deambulamos con una hojita en la mano para saber qué podemos comprar. Somos expertos en vislumbrar prioridades, en recortar cada vez el “kilito de carne”, las proteínas en rodajas pequeñitas y poquitas, si hay queso milimetrarlo, rezando para que vendan la nata por cucharadas y los pancitos cada vez se piden menos. Solo por ejemplificar.

Muchos desearían que los medicamentos los comiencen a “detallar” o vender por pastilla.

Son tantos los sentimientos encontrados que es la única forma en la que mi mente procesa la necesidad de escapar de una cuarentena, donde las vidas de los más inocentes, vulnerables y a quienes consideramos “buenas personas” parecen ser las que se nos van más fácilmente. De quienes se cuidan, de quienes sirven abnegadamente y son aquellos que llegamos a considerar irremplazables.

Ayer llegó a su última morada el Pbro. Carlos Arellanes “el Padre Carlucho”. Querido por tantas parroquias de Falcón y trasladado su cuerpo a San José de Seque. Si el padecimiento de “Carlucho” fue en vano; nada, absolutamente nada, nos va a conmover en nuestra tierra. Su servicio fue maravilloso, una alegría y entrega total hasta su último aliento terrenal.

De nada sirve hacer tantas notas de duelo cuando no comprendemos la naturaleza de esta batalla. Por ahora solo sé que este año en curso seguiremos luchando para tratar de convivir con este enemigo silencioso pero letal. Solo pido respeto para quienes deciden hacer lo correcto e igual para quienes no lo hacen, aunque las acciones necias nos cuestan la única vida terrenal que se nos entregó para cuidarla.

Estos días he visto el lado cruel de la personalidad de muchos y, de verdad, no los juzgo. La necesidad cuando toca nuestras vidas de una forma tan profunda; si no lo sabemos manejar saca la peor parte de nosotros. También suele suceder lo contrario.

En unos quince días han de estar listos los trabajos para la reactivación del sistema de distribución de agua potable del embalse El Mamito hasta Dabajuro. Aunque tenga un temor razonable porque aún no manejamos el cronograma de los trabajos a realizar, espero tanto estar equivocada en mi temor y poder escribir en dos semanas que ya toda esta pesadilla pasó en relación a la crisis hídrica que enfrenta Dabajuro en plena pandemia.

A última hora nos cayó una lluvia de asignaciones para nuestros muchachos en el Liceo. Reconozco que a pesar de tener tantos estudios universitarios no sé cómo voy a hacer para explicarle a mi hija temas tan importantes en su formación, pero bueno, ya estamos trabajando en ello y haremos lo mejor que podamos para cumplir ya que no tienen acceso en esta oportunidad a orientaciones pedagógicas por las mismas limitantes de sus profesores.

Ayer fue el Dia del Maestro en Venezuela. Solo pude enviarles este mensaje a través de las redes sociales:

Cuando las palabras hoy sobran y faltan.

Cuando somos empáticos e indiferentes al mismo tiempo.

Cuando reconocemos cuánto les necesitamos y cuánto necesitan.

Sabemos que ven sus esperanzas perderse en el ocaso de cada atardecer pero a su vez guardar fuerzas para soñar con un despertar diferente.

Cuando la gratitud nos sobrepasa al comprenderlos.

Cuando no sabemos hoy si ofendemos o halagamos al felicitarles en esta fecha…

Sean bendecidos por siempre; Maestros, docentes, guías y luz de nuestro occidente falconiano.

Deambulamos por las calles, en el interior de nuestros hogares o dondequiera que vamos con el paso que marca la tranquilidad de desesperado.

La procesión va por dentro.

Nadie conoce las goteras ajenas.

Experimentamos la caridad del necesitado para el necesitado.

Es aquí cuando el silencio me inunda a pesar de ser una persona que aún no aprende bien a callar porque mi mente no descansa.

Abracemos con mayor fuerza la esperanza y si no la encontramos en nuestro interior, entonces no dudemos en pegar el grito de auxilio.

Que no nos perdamos en la tranquilidad del desesperado como la historia de Adán García en una canción.

Siempre habrá una canción para nuestra alma agitada.
Que Nuestro Creador disipe con Su amor esta turbulencia y podamos hablar de ecos luminosos, como siempre espero, desde el occidente de Falcón.

Lourdes Díaz Güerere

La Mañana

Medio de comunicación impreso mas importante del estado Falcón, con 67 años de trayectoria.

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