En tiempos de revolución: Ranchos improvisados reflejan miseria y pobreza extrema
En pleno centro de Cumarebo, específicamente en la prolongación de la calle Bolívar, cerca de la quebrada El Cangilón, yace la pobreza en su máxima expresión, 20 años después que el otrora líder revolucionario Hugo Chávez, enarbolara banderas de lucha contra uno de los dramas sociales más vergonzosos: la miseria.
Nohemí Martínez es madre de dos hijos, uno de 7 y el otro de 6 años, vive en un rancho improvisado con tapas de zinc y adornados con cartones, llenos de huecos y tangiblemente endebles, representando un grave peligro para la vida de esta humilde familia, olvidada por quienes ostentan posiciones de liderazgo en el proceso revolucionario.
Huecos en el techo, brechas que separan una lámina de otra en desniveladas paredes, reflejan una denigrante fisonomía revolucionaria, de un rancho olvidado por la Gran Misión Vivienda Venezuela.
Con denotada angustia, Nohemí Martínez, relata: “Mis hijos no tienen dónde dormir, los colchones están empapados de agua; hay culebras y ciempiés; solo pido que me ayuden”.
Por su parte, Javier Vargas, esposo de Nohemí, sufrió un accidente cuando cocinaba en un improvisado fogón, que se vino abajo, quemándole uno de sus brazos. Ante tal hecho, fue al hospital Francisco Bustamante de Cumarebo, afirmando: “Fui y perdí mi tiempo. Eso está caótico. Ahí no hay nada, no hay medicinas, guantes, ni gasa”.

Vargas dijo que acudió a una enfermera amiga, quien ya está jubilada y le prestó ayuda; e incluso, apelando al uso de la medicina indígena como alternativa, ante la falta de fármacos.
Las autoridades tienen la palabra. Dónde están aquellos voceros que alardean, se dan golpes de pecho y hasta con elocuentes discursos se refieren a la revolución como la panacea en medio de tantos males sociales que aquejan a los sectores más deprimidos.
Luis Hidalgo / CNP: 13.501 .