Elecciones y consulta, por Ernesto Faengo

Es absolutamente cierto el porcentaje superior
al 70% de los venezolanos que quieren un cambio de sistema, el apoyo al sector
oposición de los Estados Unidos, del Grupo de Lima, la UE y otros países, igual
es verdad, que estas naciones descartan el uso de la fuerza y promueven un
escenario electoral acordado entre las partes, también es cierto. Estas
gestiones no han sido suficientes ni han hecho efectiva la salida de Maduro,
igual han fracasado los intentos en marchas, paros cívicos, protestas de calle,
la realidad actual es que, si bien se mantiene el descontento con el gobierno
la gente percibe que las acciones desarrolladas no han sido efectivas  para sacar a Maduro

La proclama de no votar del 2005, en la
constituyente, en las elecciones regionales y locales de 2017, las
presidenciales de 2018 tampoco contribuyeron para hacer cesar el gobierno, al
contrario le dieron más poder al posesionarse de manera absoluta de todas las
instituciones. La pregunta que el ciudadano hace a los líderes políticos
opositores es ¿Cómo puede hacerse 
evidente ese descontento? ¿De qué manera puede concretarse ese anhelo de
las mayoría opuestos al gobierno?, Si en Venezuela la alternabilidad en el
poder es un principio constitucional ¿Cuál es el arma efectiva, secreta, civil,
pacífica y constitucional para el cambio de gobierno?, fracasados todos estos
intentos solo queda uno, el más efectivo, el que históricamente ha resuelto
esta interrogante en los países del mundo donde han padecido situaciones
semejantes a la que vive Venezuela. El voto. El voto masivo.

¡El voto masivo de más de ese 70% que día a
día ven mermadas sus facultades, agobiados por la profunda crisis económica y
social, cuyos hijos están fuera del país desprotegidos y amenazados, que ve
pasar el tiempo sin una solución real a los problemas de servicios públicos,
seguridad, alimentación,  educación y
salud, reclama un cambio de gobierno y una vuelta a la democracia ya.   

El gobierno abusa, es tramposo, hay ventajismo
sí, pero con todos esos obstáculos la oposición ganó en 2015 con ese mismo CNE
y todas las fechorías oficiales obtuvo 2/3 partes en la AN, en 2017 varias
gobernaciones incluida el Zulia primer estado del país.

La falta de estrategia, las rivalidades
internas, las apetencias personales destruyeron la frágil unidad, y desviaron
el camino electoral básico en todo demócrata que aspira ascender al poder,
llamando insistentemente a no votar en lugar de participar, denunciar y  exigir garantías, condiciones y el severo y
estricto cumplimiento de la normativa electoral acentuando la destrucción de la
confianza de la ciudadanía en el voto, descalificando al que promueve y
participa de elecciones, para concluir promoviendo una consulta ciudadana para
confirmar el repudio al gobierno y la solicitud de ayuda internacional que puede
resultar deficiente sin una planificación organizada, creíble y debidamente
informada, para la participación dentro 
y fuera del país, centros de votación, observación internacional, y
claras garantías sobre la aceptación, el cumplimiento y efectividad de sus
resultados para que no ingrese a ser otro evento frustrado lesivo a la
confianza de los venezolanos que quieren cambio.

Al gobierno no le conviene elecciones limpias y menos una participación masiva de electores, al gobierno es a quien más le conviene la abstención, ellos tienen su fuerza electoral y la aplican sin prejuicios y sin ningún contrapeso. Si la gente no participa, al chavismo no le hace falta hacer trampa. La oposición al abstenerse abandona la ruta electoral, riesgosa, azarosa y difícil pero más corta y segura del cambio de gobierno en democracia, así el nublado tiempo avanza y el camino se hace más estrecho para adecuar el descontento y la esperanza del ciudadano en el  cambio de gobierno como clamor popular.