El valor del pueblo cuando solo puede decir “amén”
Hay actos heroicos y colmados de gallardía que pasan
desapercibidos, aunque la comparación parezca una ironía.
Es del decir popular cuando se trata de la conformidad
de un pueblo colocar una frase calificativa muy extendida pero cuya connotación
tiene un giro que quizás pueda explicar desde la vivencia de nuestra tierra. He
escuchado últimamente, a lo mejor hasta he repetido: “en Dabajuro dicen amén a todo”.
En Wikipedia dice: el término “amén”, es símbolo de
confirmación y de afirmación. El significado real de la palabra es “en verdad”,
“ciertamente” o “que conste”. Las religiones
le han dado el significado de ‘así sea’, ‘palabra de Dios’ o,
simplemente, ‘sí’.
A pesar de ser un término de exclusiva
santificación, aún sin ser comprendido, tiene un peso moral y hasta protagónico
en nuestro diario vivir si lo sopesamos con la acción o sobreacción humana que
en estos momentos tiene nuestra gente. No hay justificativo para dar por
sentado que nuestro pueblo se acostumbró a “decir amén” ante la necesidad o ¿es
que acaso ignoramos el tamaño de estas necesidades?
Es imposible colocar otro dedo en el alma rota
del pueblo para cuestionarlo. Intentaré explicar brevemente este contexto
porque las teclas que pulsan en la opinión cuando se escribe con disgusto y
dolor suelen ser muy duras.
Para decir “amén para todo” en Dabajuro, lo que
pude traducirse en un “silencio conformista” debe existir una justificación, ya
que nuestra demostrada trayectoria de luchas, de empeño, de logros, de ímpetu
por ser y vivir cada día mejor nunca fue cuestionada. Se cuestiona ahora cuando
de verdad sentimos que nos sobrepasan tantas realidades juntas y la razón es
lógica: son muchas batallas al mismo tiempo y las fuerzas mermadas.
No es un silencio conformista. Es un acto de
fortaleza tener que decir amén ante tantas cosas.
Ante el grave problema del agua potable que
enfrenta Dabajuro, a pesar de tener una de las represas más óptimas del país
pese a los años, es heroico tener que esperar no solo la solución al problema
que de por sí es sumamente serio. Es un acto heroico esperar por una respuesta
donde se nos explique verdaderamente qué está pasando, el por qué pasamos
semanas sin servicio de agua. Amerita decir “amén” porque estamos buscando
simplemente una respuesta y no la encontramos. Si no encontramos una respuesta
simple aunque sea complicada entonces vamos mal.
Ahora voy como las “retahílas” que aprendimos
en la escuela: y vamos mal pero decimos “amén” porque no tenemos liderazgos
firmes que utilicen lo que he dicho en otras oportunidades “un solo megáfono”
que funcione en torno a la misma lucha, que hablen el mismo idioma. Es más,
nuestros liderazgos no tienen cómo hablar con contundencia y optamos, por ahora
y solo por ahora, a decir “amén”.
Pero el “amén” de nuestro pueblo es uno muy
diferente. Es uno que duele y que está colmado de una fuerza casi admirable.
Decimos “amén” cuando vamos a nuestras
instalaciones hospitalarias con un apuro extremo de salud y no tienen cómo
atender a un paciente aun en situaciones elementales. Cuando no se tiene cómo
costear un tratamiento médico y los récipes solo van a pasear por las
farmacias. La pregunta ante esta situación y otras tantas es ¿dónde acudir? Es
aquí cuando aparece doblemente el “amén”: una para la resignación y la otra el
de gratitud cuando aparece alguien al auxilio y ante un “Dios te pague”.
Nuestras instituciones tanto en infraestructura
como en funcionabilidad se nos vienen encima. Solo basta dar una vuelta por
ejemplo al Liceo Colmán, al Grupo Escolar, al Club Comercio o al Dabajuro; por
citar algunas y solo nos queda decir “amén” porque ante la imposibilidad de
mantenimiento en construcción hasta nuestras casas se quiebran y las lágrimas
suelen limpiar alguna mancha en las paredes.
Son tantas las circunstancias en las que este
pueblo pujante apela a “decir amén” que no terminaría de contar en este
espacio. Hay palabras con connotaciones que ahora son distintas y están justificadas.
Hay silencios justificados porque el grito es muy fuerte, son muchas luchas y
pocos los que pueden hacer algo.
Este mes estamos invitados a celebrar una
navidad mucho más auténtica y cercana al pesebre verdadero. El mismo pesebre
testigo del primer llanto de Jesús. Espero que enciendan en Dabajuro un símbolo
tan sencillo pero que me inspira esperanza como lo es la llamada “paloma de la
paz”. Ojalá nos pongamos de acuerdo para hacer un arbolito único donde cada
familia lleve un símbolo de esperanza para colocarlo en virtud de lo vivido
este 2020.
Nos dieron la libertad para salir y ya nadie
nos va recalcar que es el momento más vulnerable para contraer el Covid 19.
En cuanto a las elecciones de mañana domingo 6
de diciembre tenemos que estar muy claros: respetar a los que decidan votar y
respetar a los que decidan no votar. En Dabajuro seguimos siendo los mismos y
nos encontraremos al día siguiente de las elecciones en los mismos lugares y
con los mismos problemas. Continuaremos diciendo ese “amén” distinto mientras
no pase esta tempestad y nos vamos a continuar necesitando unos a otros para
sobrevivir.
Se marchó una amiguita que fue parte del
panorama de nuestras calles y no supe cuándo: descansa en la paz de los buenos
“Negrita Añez” yo le pediré a los técnicos radiales de nuestra tierra que nunca
se olviden de colocarte alguna canción de Galy Galiano. Fiel oyente y
admiradora de nuestro trabajo como locutores. Vamos a extrañar tus salutaciones
y cumpleañeros. Mereces este párrafo por tu popular cariño.
Aunque seamos adultos, escribamos este año una
carta desde Dabajuro, desde cada una de nuestras familias una cartica al Niño
Jesús y la colocamos junto a la de los niños para volver a la esperanza. Visualicemos desde hoy quién es la persona
que va a necesitar un gesto por muy simple que parezca esta navidad, aunque
creamos que no tenemos nada, algo podemos dar y seguramente sea tan atesorado
por quien recibe este gesto.
Miro el reloj y cada vez escribo más tarde esta
columna. Miro el reloj y el tiempo no parece significar nada. Miro el reloj y
solo sigo “amén” como lo dice mi pueblo ante tanto.
Desde pequeña escuché “Dios da pa´todo” y ha de
ser verdad. No solo para todo sino para todos.
Aunque sea un “mundo raro”, vale la pena decir
con coraje “amén”
Que sea una semana de buenos ecos.
Que el clarol de la luna acople con las tibias arenas de nuestra tierra falconiana.
Lourdes Díaz Güerere