El peso de las cuatro paredes

Lourdes Díaz Güerere

Incluso, extraño mi casa, pero
¡estoy dentro de ella! Creo que ya muchos hemos llegado a éste punto.

Son aproximadamente 145 días de
cuarentena para los venezolanos. Ya muchos vamos a cumplir medio año en casa
escondiéndonos del Covid 19. Al principio, por allá por finales de marzo le
decía a mi familia “es cuestión de días, una cuarentena pueden ser apenas dos
semanas; eso es nada para el valor de la vida” y tranquilamente iniciamos éste
llamado a permanecer en casa. Desde el principio no hay otra vacuna conocida.  Ya esas dos semanas que pasaron hace ratos se
convirtieron en otras palabras para los de mi familia, para cientos de familias
en el mundo “es cuestión de meses, tengamos paciencia, quizás para el próximo
año podamos salir…”.

Bueno, en realidad, por
condiciones que la vida ha puesto en mi camino llevo unos 6 años de cuarentena.
A veces radical, a veces flexibilizada, lo que me da la propiedad de decirles
que se puede sobrellevar la situación. De aquí en adelante relataré desde mi
experiencia. Quizás sea la experiencia de otro.

Los primeros días eran visibles
las oportunidades y beneficios de permanecer en el hogar. El reencuentro, la
reprogramación en torno al hogar, la reivindicación con la vida, el renacer y
todo calificativo que se pueda colocar a la acción. Al verbo de lo posible en
una nueva realidad. Nueva realidad que ya no es novedosa, nos está comenzando a
agotar.

Mi ser social aún con agorafobia
ha comenzado a extrañar a la gente en vivo. Estoy buscando la mirada de mis
hijas para decirles que debemos seguir adelante, que no nos rindamos. Yo no
quise esto para mis hijos. Yo no quise traerles al mundo para que sufrieran.
Quizás por eso estoy jugando a ser una nueva versión de la película ahora
casera “la vida es bella”. Quizás por ello me atrevo a asomar una parábola de
mi privacidad.

Las noticias ya nos hablan de
padres que han atentado contra la vida de sus hijos. De parejas que se han
agredido. De hijos que han atentado contra sus padres. Las noticias comienzan a
ser sucesos domésticos y no me extraña. No me extraña porque lo comenzamos a
vivir en casa. Parece que ya no somos tan soportables unos a otros. Quien lleva
el peso de la carga del trabajo para la manutención del hogar ya siente el peso
y el dolor de lo que se ha convertido en una injusticia en su sobreesfuerzo,
los hijos ya no saben cuál es su rol y solo hemos aprendido cómo padres a
reprocharles lo que no hacen, pero tampoco les enseñamos.

Los padres sin manual en tiempos
normales, carecemos de manual supremo en tiempos de crisis como ésta. Muchos
matrimonios estamos sufriendo y ni siquiera nos estamos dando cuenta. Nos
empezamos a perder en las cuatro paredes de la casa. La intimidad de la pareja
está en su pico, a “una discusión de estallar”. Estoy a punto de hacer la
maleta de mi esposo y, a lo mejor, ya él está a punto de hacer la mía. Ni eso
lo sabemos.

Mi hijo de 5 años ha pospuesto
todo: “mami, cuando se acabe el coronavirus vamos a hacer tal y tal cosa”.
Tiene tantos planes, pero hasta el dejar los pañales lo ha pospuesto para
cuando se acabe el coronavirus. Nuestra idiotez selectiva nos hace regañarle
por el costo del pañal, me he escuchado decirle cosas como “no te da pena” “a
tu edad ningún niño usa pañales”: Le he regañado por no saber usar el baño,  pero psicológicamente el gran retroceso en su
control de esfínteres me es una alerta que dice “tu hijo necesita ayuda” pero
no tengo las herramientas psicológicas. Estoy bloqueada. Lo que no he bloqueado
es decirles a mis hijos constantemente “te amo”. Alguna cualidad me he
propuesto destacar a diario en las hijas. No me puedo dormir sin ir a su cuarto
a decirles “Dios las bendiga y las guarde. Hoy las amo más que ayer”. Creo que
es un pilar que ayuda a sostener sus cuatro paredes.

En el fondo tengo tanto miedo. Mi
hijo, con tantas limitaciones de salud, pierde al médico que le iba a dar
permiso en la próxima consulta de probar algún nuevo alimento. La noticia el
fin de semana pasado sobre el deceso  por
Covid19 del Dr, Alonso Adrianza en Maracaibo, por solo citar un ejemplo,  uno de los mejores gastropediatras de
Venezuela nos dejó en silencio. Mudos ante la realidad ¡No puede ser! Médicos
tan necesarios como Adrianza no debían partir aún. Revisé la lista de los
médicos fallecidos por Coronavirus en Maracaibo hasta la fecha: 24 registrados
¡Dios mío y Señor mío! ¿Y ahora quién va a llevar el caso de mi hijo?.. Y así
como yo, cuántos más, desde su dificultad dirán lo mismo.

Entiéndase que nuestra posición
geográfica nos ha permitido ser selectivos entre 4 capitales principales del
país para bienes, servicios, recreación y legislación. Para los dabajurenses el
destino de salud por referencia ha sido siempre el estado Zulia, sin restarles
valor a muchos médicos amigos que consideramos más familia que médicos en
nuestro Falcón.

Nuestras cuatro paredes, no
importa la casa que sea, el color que tengan: comenzaron a venirse encima. Cada
día debemos levantar un pilar nuevo para hacer sostenible las cuatro paredes
que nos tocaron. Lo que quiero decir con todo este cuento largo una frase
corta. Tenemos que cuidarnos unos a otros dentro de las cuatro paredes y a su
vez, ayudar a levantar paredes nuevas en nuestra comunidad.

Nuestro Dabajuro, nuestro
occidente está padeciendo en sus cuatro paredes. Extraño hasta los espantos de
antes. Hasta la vecina o el vecino impertinente. Extraño hasta al que le ponía
una escoba detrás de la puerta. Extraño a mi esposo que hasta hablando solo
grita, no lo puedo culpar porque me extraño a mí misma. Extraño a quienes no
conozco. Nos estamos comenzando a hacer daño, a maltratar en las cuatro paredes
y nadie se da cuenta, siquiera los que viven en ella. Hay quienes llevan golpes
diarios y nadie se da cuenta porque cuando somos victimarios sabemos pasar
desapercibidos.

Otros quizás ya lograron levantar
más que cuatro paredes y ya tienen un nuevo refugio que no conocían. Cada quién
al pasar esta tempestad tendrá un “Diario de Cuarentena” que hará mejor o peor
el mundo que conocemos.

A veces concluyo que las paredes
nos enloquecen, de enloquecer de verdad, verdad. No somos ni buenos ni malos.
Solo estamos un poco enloquecidos cuando se nos encierra.

Entre las bondades de nuestra
esencia, ha sido admirable la solidaridad de nuestro pueblo. El comercio golpeado,
los ganaderos golpeados por la economía, por las fuerzas mermadas. El personal
de salud salvando al pueblo sin un escudo que les proteja, sin recursos.
Nuestros docentes sobreviviendo a neveras vacías y aún así llamados a comenzar
un nuevo año escolar.

Hoy lloramos la partida de un
gran amigo, un comerciante querido por todos. Tampoco nos fue posible
despedirle, pero ayer recibió sepultura en Dabajuro,  a media puesta del sol de la mañana, Manuel
Hernández. Después de varios días de batalla por su salud, se despide de este
plano otro de nuestros hermanos dabajurenses a quienes conocíamos cariñosamente
como “los macheteros”. No es un apodo despectivo. Hoy seguimos apoyando la
causa por la salud de su hermano Miguel.

En el hospital de Coro se
encuentra una bella amiguita del caserío El Calao, quien a sus 4 añitos perdió
la totalidad de su bracito izquierdo en un accidente. Ruth hermosa, cuenta con
nosotros. Sabemos nos necesitas.

Y así, uno tras otro caso que nos
va necesitando. Maestra Álida, orando para que hoy su salud siga mejorando. Son
tantos seres amados a la vez. Es lo bueno y lo malo de conocernos todos. Que el
dolor de uno se convierte en el dolor de todos.  Mi mamá aún me escribe para decirme que no es
justo no poder acompañar en el dolor a las familias que pierden a un ser amado.
Para nuestra forma de ser, para nuestra idiosincrasia es inconcebible no poder
estar.

Ayer llegó a sus 80 años un gran
amigo, nuestro Cronista emérito, profesor Antonio Reyes Perozo ¡Feliz
cumpleaños Antonio! Gracias por todo lo que nos has entregado a través de tu
pluma al pueblo dabajurense.

También celebro la vida del Dr.
Manuel Ernesto Seoane Conde. Llegó de Uruguay para ser un dabajuresnse a carta
cabal. Dios te pague enorme Dr. Seoane. Espero que sigas “pensando en cuentos”
y más allá.

Seguimos esperando a que llegue
el agua potable de nuestra Represa “El Mamito”. Algunos sectores sumamos ya la
tercera semana sin agua por tubería, justamente cuando más necesitamos. Aunque
los trabajos por corregir la problemática continúan, sabemos también que
mientras no tengamos un proyecto sólido de recuperación del sistema de
distribución, solo serán “remiendos”. Indudablemente el pueblo ya se enteró que
para tener servicios debe pagar por ello, por esto deben tomar en cuenta que la
población no se negará a aportar para una solución fiable. Articulados el
gobierno municipal como hasta ahora con la estatal Hidrofalcón, aprovechar
sumar la disponibilidad del pueblo, quienes solo pedimos estar al tanto de la
situación para contribuir.

Agradezco la invitación que vía
Zoom nos hiciera la directiva de Radio Coro 780 am para reunirnos y presentar a
todo el personal profesional comunicacional la nueva programación, por tomarnos
en cuenta al occidente falconiano, como siempre. Por su relanzamiento
¡Enhorabuena! Gracias por esta ventana informativa para hacernos escuchar en el
estado Falcón.

El mundo puede ser infinito.
Empecemos a abrir ventanas a las cuatro paredes.

No es necesario tocarnos,
besarnos o abrazarnos con el cuerpo. Podemos vivir dentro de cuatro paredes con
el alma buena, con inteligencia, paz, sabiduría, amor e incluso con lágrimas,
con cansancio y con disgusto.

La vida pasa. Todo pasa. Al final,
como repite Monseñor Roberto Sipols en “La voz de Jesús”; “todo va a salir
bien”.