El objetivo irrenunciable
Se acepta que el entendimiento y el consenso han posibilitado el progreso histórico de la humanidad a través de un proceso complejo no ajeno a confrontaciones de mayor y menor intensidad. Esto ha sido una de las realizaciones más valiosas luego de la desaparición del monarca. Se puede derivar una relación circular directa entre ambos elementos constitutivos y hablar de “más progreso con más democracia imperfecta”. Quizás las excepciones a esta generalización, como el nazismo, el fascismo y el comunismo, le dan más significación, atribuibles ellas precisamente a su gran discrepancia con lo que han llegado a ser los principios y valores universales del ser humano. Así como se reconoce el consenso, también debe aceptarse su fracaso, su imposibilidad, ante diferencias insalvables, como las citadas. En su momento correspondió enfrentar a personas “inaceptables”, como Hitler y Mussolini, y ver desplomarse al comunismo incompatible con la convivencia humana.
Se sabe que los venezolanos hemos vivido los años peores de nuestra historia, incluyendo el hecho de carecer de la conducción necesaria en cualquier sociedad, lo cual ha contribuido a sentirnos abandonados y sin apoyo de parte de algún sector del país, sea gobierno, oposición A, oposición B y en fin todos los grupos opositores, algo claramente imputable mayormente al pésimo desempeño del gobierno.
El gobierno procura recuperar fuerza sumándose a una negociación que incluye la invitación a participar en la votación prevista para noviembre, la cual ha recibido respuesta de algunos sectores minoritarios. Sin embargo, el gobierno ha exigido que se le reconozca su institucionalidad plena, por encima de todas las violaciones en las cuales ha incurrido, la suspensión de las sanciones internacionales a las cuales se hizo acreedor y la entrega de una suma de dinero que considera que le corresponde. El gobierno no acepta una elección presidencial anticipada, la cual ha sido exigencia esencial del mayor grupo opositor ante la “ilegitimidad” e incapacidad generalizada del gobierno, la cual no necesita ser argumentada dado que la muy grande mayoría del pueblo venezolano necesita el cambio de gobierno tan pronto como sea posible. Cabe preguntar si esta discrepancia puede asemejarse a las que dieron al traste con “Hitler, Mussolini y la URSS?”.Si la semejanza es significativa, debe concluirse en que no hay posibilidad de negociación y de participación en la elección?.
No obstante, más allá del cambio de gobierno, con toda la “flexibilización”, vía nariz tapada, de los requerimientos de legitimidad, cabe preguntar qué podría aspirar la oposición mayoritaria de una negociación chucuta, “ilegítima”, que no incluye la esencial elección presidencial?. Exprimamos el cerebro para tratar de encontrar algo que la justifique. Cambios significativos en el desempeño del gobierno, especialmente en materia de política económica?. En la prestación de los inexistentes servicios públicos, incluyendo la vacunación contra el Covid 19?.Algunas gobernaciones y alcaldías?.Con protectores, o sin el trabajo constructivo del gobierno?.En el Estado Comunal?.En la represión?.En su complicidad con el intento de resucitar cosas como el Foro de Sao Paulo, y de crear espacios nuevos con un potencial estratégico similar?.En su complicidad con la organización criminal que se ha desarrollado a escala internacional?. No se registra una posibilidad de respuesta positiva.Cómo se compara la relación gobierno oposición en Venezuela antes y después de 1998?. Cuál es el significado del hecho de que no se pueda aspirar un resultado significativo de la negociación chucuta?.El que ya se dijo, no hay posibilidad de negociación y de participación en la elección.
Se considera grave el hecho de que la oposición no haya logrado el resultado satisfactorio requerido en su gestión, pero eso no significa que se debe abandonar la posición y aceptar la convivencia inimaginable con el gobierno que no respeta las reglas del juego democrático. Se acepta la necesidad de introducir cambios en la oposición, tanto en materia de liderazgo, como de comunicación con el pueblo venezolano, pero eso no llega a despreciar la fuerza que realmente se conserva, como la que se demostró en el pasado mes de diciembre. Más allá de lo que se califique de utopía, romanticismo, idealismo y otros similares, existen los ciudadanos venezolanos requeridos para perseverar en la actividad encaminada a presionar y recobrar la fuerza ante el gobierno, sobre todo con base en la incapacidad de gestión de éste. Es cierto que ya han transcurrido más de 22 años de destrucción, pero también es cierto que nosotros ya pudimos perseverar los 11 años de guerra para independizarnos de España, y que el mundo debió esperar mucho tiempo antes de derrotar a Hitler. Por la otra parte, es obvio que el entendimiento y el consenso entre los sectores opositores es mucho más necesario e importante que lo que se puede hacer con el gobierno. Pero esto exige algo con lo cual no se cuenta hoy, y por el contrario parece que más bien disminuye, “liderazgo”. Un buen liderazgo puede motorizar un proceso constituyente como el que se ha propuesto recientemente, el cual solo puede ser exitoso, y no resultar otro fracaso más, si es respetado y aceptado por el gobierno, o si cuenta con el respaldo internacional suficiente. Quién y cómo puede convocar a los sectores que verdaderamente pueden colocar los intereses legítimos de los venezolanos en la agenda prioritaria de negociación de la oposición?. Ya antes se dijo que existen muchos venezolanos, los cuales pueden incluso ser de un tipo diferente de persona, ciudadanos integrales con el contenido político natural, y no solo políticos, y mucho menos politiqueros. Ciudadanos que respondan a los artículos 350 y 333 de la Constitución, entre otros, y que compartan la aspiración a la convivencia social que despeje a Venezuela de propósitos reñidos con la esencia humana.
Douglas Játem Villa