El acto de amor propio
En mi reflexión de la semana, comienzo por decir una frase del autor estadounidense, Roy T. Bennett, conocido por sus obras basadas en el logro de objetivos y crecimiento personal, la misma, dice así: «Eres suficiente tal como eres. No tienes que demostrarle nada a nadie». Personalmente, me encanta esta frase de Bennett, porque encierra en ella, un acto de amor propio, basado en validar nuestra propia existencia y, esto no es egoísmo, sino un acto de coraje, dignidad y autenticidad. De modo, que cuando se tiene amor propio, la persona se respeta y se valora de verdad. Además, está clara en lo que puede ofrecer y, en ese sentido, las tomas de decisiones son más aceptadas.
Así que, sin más preámbulo, EL ACTO DE AMOR PROPIO, es la aceptación incondicional de nuestra dignidad. No es un sentimiento pasivo, sino un conjunto de acciones conscientes destinadas a proteger nuestro bienestar, tanto físico, como mental y emocional, sin depender de la aprobación de los demás.
Dos de los ACTOS DE AMOR PROPIO, más significativos son, uno: aprender cultivar a retirarse de ciertos lugares o personas, que son más de lo que restan, que de lo que suman… Dos: la importancia de tratar a los demás, con el mismo respeto y amor con el que nos tratamos a nosotros mismos.
Por otro lado, según la filosofía estoica, EL ACTO DE AMOR PROPIO, es el compromiso inquebrantable de proteger nuestra paz interior y vivir de acuerdo a la razón. No se trata de egoísmo ni de condescendencia, sino de cultivar la virtud (sabiduría, justicia, coraje y templanza), asegurando que nuestra felicidad dependa de uno mismo y no de elementos externos. Para abreviar, en sí, la filosofía estoica, lo que busca al final del día, es proteger nuestra mente de influencias tóxicas y saber decir «NO» para mantener la coherencia con nuestro valores.
En lo personal, cuánto me encantaría que todos supiéramos que tenemos un arma poderosa en nuestro ACTO DE AMOR PROPIO, la «indiferencia», que al aprender a aplicarla, mejoramos en nuestra paz interior y crecemos como persona. Ciertamente, que a veces, ser rechazado o sentir que nuestra presencia no importa o que nuestros sentimientos son invisibles, eso nos duele. Pero aquí está la verdad, que pocos quieren aceptar, la indiferencia, también es un ACTO DE AMOR PROPIO, es una decisión de valor, de dignidad, de protección. Cuando alguien a quien hemos ayudado de una u otra manera, nos da la espalda, tenemos dos opciones, hundirnos en el dolor o levantarnos con la fuerza de la voluntad. Los años vividos nos enseñan que la verdadera fortaleza, no está en evitar el sufrimiento, sino en transformarlo en oportunidad para crecer y seguir adelante… porque en el silencio y en la ausencia, también yace una oportunidad de reconstruirnos, de reafirmar nuestro valor y de aprender que, a veces, el mayor ACTO DE AMOR PROPIO, es simplemente dejar ir a quien no quiere estar.
En resumen, recordemos la frase de Bennett: «Eres suficiente tal y como eres. No tienes que demostrarle nada a nadie». Así que, mantener la indiferencia y quedarse callado ante ciertas situaciones que no nos benefician, no es debilidad, sino un ACTO DE AMOR PROPIO.
Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
¡Un abrazo lleno de paz e infinitas bendiciones!
Por Fredis Villanueva.