Educar en y para la libertad

Dios y el mundo

El filósofo existencialista
francés Jean Paul Sartre definió al hombre como un ser arrojado en el mundo y
condenado a la libertad, para él la libertad es la condición necesaria e
indispensable que hace humano al hombre como ser para sí. Pero vale la pena
hacer algunos cuestionamientos que nos permitan avanzar en una reflexión
significativa. ¿Somos libres y nacemos así o más bien la libertad es fruto de
una conquista personal y social? ¿La libertad por sí misma humaniza al hombre o
es necesario darle algunos matices y límites? ¿Es la libertad un absoluto
incuestionable o más bien un proyecto delicado que requiere conciencia, cultivo
y custodia?

El título de nuestro artículo
sugiere dos elementos importantes: 1. La libertad no solo es una meta o un fin,
sino el método y forma para crecer y avanzar. 2. No nacemos libres pero podemos
llegar a serlo a través de un proceso educativo que nos permita  conquistar la libertad personal y común en un
diálogo existencial permanente.

Sólo el sujeto libre, crecido en
libertad que conoce sus límites y posibilidades y está en camino de liberación,
puede ayudar a otros en su proceso de conquista de la libertad a modo de un
buen cirineo. Quien no ha experimentado en medio de sus fracasos y frustraciones,
de sus éxitos e ilusiones la libertad, terminará siendo esclavo de sí o de
otros y no creerá en la libertad; es más, buscará oprimir y cercar la libertad
de los otros pensando así ser libre, no se da cuenta que en realidad quien
apresa a los demás y coacciona la libertad de los otros, termina haciéndose un
“esclavo necesario” de aquellos que oprime. Es la interminable lista histórica
de dictadores y tiranos que jugaron a ser “dioses” a través de una vida falaz
de “libertad absoluta y todopoderosa” y llegaron a creerse necesarios en la
vida de sus pueblos, con derecho a decidir sobre la vida de los demás; la
paradoja es tal que el opresor terminó siendo esclavo de su libertad, de sus
caprichos y sus decisiones. Por eso la historia los juzga y condena como
míseros, pues pretendiendo ser superhombres, terminaron siendo infrahumanos y
abominables.

Educar en libertad. San
Agustín afirma que nadie ama lo que no
conoce y solo se conoce lo que se ama
. De allí surge esta intuición
pedagógica: la libertad es un camino, una forma de ser. En dicho proceso habrá
aciertos y desaciertos, pero el crecimiento de la persona será real y duradero.
Lo contrario es condicionar, amenazar y castigar. Una educación basada en
premios y castigos hace de la persona un sujeto manipulador y chantajista, que
buscará siempre sacar provecho de cada situación y persona. Educar en libertad
ayuda al sujeto a través de la reflexión y descubrimiento del valor profundo de
las cosas a vivir con interioridad, a ver más allá de lo somero, a valorar a
los demás como personas y no como seres para mí. Por supuesto que hablamos de
una libertad humana, responsable, consciente de sus limitaciones y
posibilidades. Una libertad que respeta, valora y propicia el crecimiento y
liberación de todos sin detrimento de ninguno. Entiéndase que no significa la
anulación del yo en función de un colectivo, ni la anulación de los otros en
función de un yo egoísta. Por el contrario, es la propiciación de la persona en
relación con los demás y que se constituye en esa relación. Pudiéramos resumir
estas reflexiones con el siguiente adagio: seré libre mañana si soy libre hoy.
Educar en libertad es un reto inmenso pues hay que liberar el concepto de
muchas definiciones deshumanizantes e ideologizadas que cosifican e instrumentalizan
a la persona.

Educar para la libertad.
Si bien es cierto que solo desde un camino de liberación puede alcanzarse la
libertad, también es cierto que la libertad en un don precioso y una tarea
frágil, una conquista continuamente amenazada por fuerzas internas y externas
que pueden hacer de la libertad una quimera, una ilusión y una frustración.
Educar para que la persona sea libre, es ayudar a comprender que la libertad
exige actitudes permanentes de custodia y guarda. En este sentido, es urgente el
conocimiento de sí mismo y de los otros, conocimiento profundo, verdadero y
sincero que conlleve una valoración positiva de todo lo bueno descubierto en
esa búsqueda interior, entrar en la propia intimidad y amarse a sí mismos,
aceptando lo que se es y procurando erradicar cuanto obstaculice el camino de
la libertad. De ese conocimiento y valoración de sí con honestidad y sinceridad
surge naturalmente una comprensión de todas las limitantes interiores que
representan amenazas a la libertad, pero también descubrimos las amenazas
externas: apegos, adicciones, chantajes, manipulaciones y coacciones. Todo ello
representa la verdad, desde la cual se conquista la libertad. Y es que toda
esclavitud es una forma de vivir en la mentira. Droga, sexo, materialismo, alcohol,
ideologías, caprichos y adicciones son esclavitudes y falacias, el imperio de
la mentira. Por eso la verdad es un camino de liberación.

En conclusión

  1. La
    libertad es un don precioso que exige muchos equilibrios para conservarlo y
    ayudarlo a crecer y dar frutos personales beneficiosos para todos.
  2. Solo
    desde la vivencia de la libertad se puede crecer, el esclavo siempre será
    esclavo y nunca creerá en la propia libertad ni en la de los demás. Un tirano
    es un esclavo que abusa de la libertad.
  3. La
    libertad es una tarea que requiere un compromiso serio consigo mismo y los
    demás en corresponsabilidad, pues mi libertad termina cuando comienza la
    libertad de los demás y viceversa.
  4. La
    verdad es el camino de un proceso real de conquista. Despertar la conciencia,
    valorarse y valorar, amar, aceptar y optar favorece la educación para la
    libertad.
  5. En
    el plano educativo, la educación en y para la libertad requiere racionalidad en la búsqueda de la
    verdad, amor liberador de las
    energías positivas de la persona que pone su vida en las manos del educador
    como compañero de camino y testigo de libertad, y fe en la potencialidad que la naturaleza y la gracia han dispuesto
    en el corazón de toda persona.
  6. Coexisten
    amenazas internas y externas a la libertad. Ambas deben ser combatidas por las
    personas en sus luchas cotidianas. Vivir desde un proyecto de vida según
    opciones fundamentales y no motivado por miedos, deseos, adicciones o intereses
    es la forma para doblegar las amenazas internas. El estudio de la verdad, la
    interacción con otros, el asociacionismo y la incursión en el mundo político
    favorecen el dominio de aquellos factores externos o ideológicos condicionantes
    de la libertad.
  7. Nuestro
    sistema educativo carece de procesos que favorezcan el cultivo y desarrollo de
    la libertad, aun permanecemos en un sistema de premios y castigos y pretendemos
    producir personas libres, responsables con conciencia social que construyan un
    mundo sostenido por valores transcendentes y no materiales. Urge cambiar el
    método para obtener otro producto.

Pbro.
Gilberto García SCJ.