Ecos de occidente

Orquídeas distantes para las madres falconianas en su día

Hablando
sola sobre qué decir sobre el día de las madres este 2020, definitivamente
entré en confusión. Es un sentimiento tan distinto, son unos días tan
diferentes. No son madres, o somos, madres sentaditas en una mecedora sonrientes
esperando los regalos de la familia, seguro que ya vuelta de la peluquería y
ensayando la sonrisa de alegría y sorpresa por si nos tocaba otro juego de
tazas como cada año o la batica de casa y con el croquis de visitas a realizar.

Me
extrañé a mí misma como madre. Extrañé hasta el acto de la escuela para
escuchar “madrecita del alma querida” o “manos adoradas” con el regalito que
hacían en el salón de clases con material de reciclaje, probablemente un
adornito con su imán que colgamos en la nevera por unos días, pero que al final
los dejamos para siempre. Busqué y busqué en mi mente la cronología cuarentona
de mis vivencias sobre el día de las madres y  no sólo encontré a Andrés Eloy Blanco
declamando con voz resquebrajada  “los
hijos infinitos” o aquella retahíla de la 
“cuenta que no da na´”. Encontré tanto que solo me arrimé a una pared
mientras lloraba desconsolada por dentro, pero silenciosa. Confieso lloré como
no lo había hecho en mucho tiempo. Decir mamá implica toda la sensibilidad del
mundo en una sola palabra.

Hoy
es un día para no distinguir evaluativamente entre una “buena” o “no tan buena”
madre. Es el día de la igualdad de las madres, valor añadido a una fecha que no
tiene numerología estándar en los calendarios del mundo.

Madres
venezolanas, madres falconianas. Madres encuarteladas que en su amor deben
salir a resolver la realidad. Pensé en mi mamá y lloré aún más pensándola con
su Rosario, aferrada en su fe y calculando en qué va a usar su pensión. Como
somos madres docentes con cargos recién asignados, conocí a través de las
clases de mi hija sobre la belleza de una orquídea y su significado.

Deberían
llover orquídeas este día de las madres para que todas tengamos una en nuestras
manos. En la orquídea una estrella, pero de las estrellas de verdad, para que
nunca deje de centellear el brillo de la esperanza que nos muestra la infinidad
del cielo. Solo que las orquídeas no llueven, y hacer llegar una o recibir una
sería virtual o a mucha distancia para la mayoría.

Pensar
en esa distancia me incorporó en un galerón de angustia. Madres que lloran
desde nuestras tierras por sus hijos en otros países sin conocer en realidad cómo
están pasando estos días: ¿comería mi muchacho? ¿Estará sana mi muchacha? Otras
de rodillas para que quienes vienen en camino, por cualquier medio,  lleguen con bien. En esta relación madre-hijos
hay una fuerza muy grande que sobrepasa al amor sobrentendido: hay esperanza.

Cierro
el párrafo anterior con la palabra esperanza porque están las madres que han
partido al cielo sin el último adiós de un hijo. Son madres que han muerto con
el nombre de sus hijos distantes en los labios con un “Dios te bendiga”  y el amargo dolor de un hijo que no puede
llegar a casa a decir “adiós mamá, Dios te pague por todo y por tanto”. El beso
mutuo de despedirse hasta siempre. Al revés también está pasando: hijos que han
partido terrenalmente en otros lares y sus madres lloran sin el consuelo de
despedirlos; es no tener donde llevar una flor, una oración y humedecer su
tumba con el bálsamo de sus lágrimas. No concluyo que no exista esperanza en
estos casos, solo que dependerá de la fe particular que les unía para
reencontrarse.

La
tranquilidad del desesperado, como dice la canción de Blades, existe. Está en
el rostro de cada madre cuando los hijos nos preguntan a media tarde “mami ¿qué
hay de merienda?”, una sonríe y dice “ya voy a revisar a ver qué hacemos hijo”
y el corazón se nos pone a millón pensando qué darles de comer sin que sepan
que a veces no hay. La tranquilidad del desesperado está en los hijos, cada uno
en su circunstancia particular.

Las
madres que tienen a sus hijos guardaditos en sus vientres también tienen una
Salve en su corazón. Traer al mundo al amor de su vida en estas circunstancias.
En este punto veo los “toros desde la barrera” porque es muy complejo; pero mi
sinceridad me traiciona. No tengo nada en contra de la majestuosidad de dar vida,
de ser capaces de procrear; pero es válido meditar si es un buen momento para
quienes están en planificación de maternidad. Sopesar cada situación
particular. Debo confesar que me abisma el número de madres adolescentes que
dan a luz a diario en nuestro hospital de Dabajuro.

En
la Biblia, según el relato de Lucas 2, 35 hay un detalle que me ha  marcado en el meditar sobre ser madre en el
2020. Cuando presentan a Jesús niño a los 40 días de nacido en el templo ante
Simeón, éste lanza sobre María unas palabras tan penetrantes: “…y a ti misma,
una espada traspasará tu alma”.

Hoy
sabemos lo que es ser madres con el alma traspasada por espadas que no se ven,
pero con una herida viva que anhelamos sea sanada.

Hasta
los regalos han cambiado, pero aunque sea en la distancia, el deseo de recibir
una orquídea con un botón hecho con estrellas de verdad que se conviertan en
fe, esperanza y caridad.

Desde Falcón para todas: ¡Feliz día de todos los días de las madres!

Por Lourdes Díaz Güerere