Dios y el Mundo|El buen líder y su liderazgo, un binomio necesario en la conciencia de los pueblos
Son apenas dos palabras
que han sido muy utilizadas tanto en la antigüedad como ahora, y además tienen
una connotación tan amplia que se pueden usar indistintamente para varias
aplicaciones, en cuanto lo político, social, religioso, académico y profesional
por mencionar algunos. Estas palabras también son aplicadas cuando se estiman
ciertas habilidades de liderazgo en una persona, porque aparentemente reúne una
serie de aptitudes que lo hacen
diferente al común de los seres humanos. De ahí, que se oye decir, tal persona
tiene cualidades para ejercer un buen liderazgo, entendiéndolo como la acción
del líder. Se dice incluso que hay quienes nacen con cualidades de líderes,
pero también es cierto que los lideres no nacen se hacen y por tanto hay que
fórmalos: en lo moral, ético, social, intelectual, humano y espiritual. Es un gran
riesgo el que se corre al elegir a un líder sin formación, muy posiblemente se
anticiparía un futuro que lamentablemente traería consigo muchos desaciertos,
equivocaciones y por consiguiente estaríamos ante un líder sin liderazgo, es
como ver un herrero sin herramientas, o un soldado sin armas en la batalla.
Otro aspecto a considerar es que no existe el líder sin un liderazgo, que viene
siendo precisamente el carisma que posee y lo hace diferente a los demás,
porque inspira confianza, convicción, dominio de las multitudes y coherencia de
vida.
Este análisis lo
vamos asumir principalmente desde dos aspectos, el teológico y eclesiológico,
anticipamos que no es el único punto de vista que vamos a discurrir. En cuanto
a la concepción teológica, el primer dato histórico que se registra está en las
Sagradas Escrituras como su fundamento, parte de ahí, debido a que Dios toma la
iniciativa de llamar al hombre por su nombre, para hacerlo guía y conductor de muchedumbres
por ejemplo en Abraham, a quien Dios le hace la promesa de convertirlo en padre
de multitudes, tan numerosas como las arenas del mar y las estrellas del
firmamento (Gn 12, 1-9). Moisés, el guía y líder del pueblo escogido por Dios en Israel (Ex 3, ss).
En el aspecto religioso aparece Aron, como el primer sacerdote del AT (Ex
29,1-8). David el ungido del Señor para ser el rey, quien dirigió a su pueblo
por largos 40 años (2 Sm 2, 1-27), le siguen los grandes profetas, Jeremías, Isaías,
Ezequiel, Zacarías y Elías, continúan los jueces. Para dar pasó al NT. Donde
nos encontramos con una imagen contundente de la nueva figura del buen líder y
su liderazgo, personificado en Jesucristo el Hijo de Dios, quien fue admirado
como el gran líder de su tiempo fuera de serie como ninguno antes visto, con
grandiosos poderes tanto en la palabra como en su acción, seguido por
multitudes y autoridades de su tiempo: como los Doctores de la ley, Letrados y
Fariseos, quienes lo admiraban y contemplaban sus sabias palabras, los prodigios
que realizaba y la sensibilidad que mostraba por el sufrimiento humano, su
disposición al servicio y la buena atención a todos por igual: tanto ricos como
pobres, sanos y enfermos, justos y pecadores. Ante estas acciones humanitarias
muchos exclamaban, que nadie había obrado de esa manera en milagros, sabiduría,
autoridad y coherencia.
Ahora lo veremos
desde el punto de vista eclesiológico, el primer dato parte de los doce
apóstoles. Este buen liderazgo fue transmitido a los discípulos por el maestro
de Nazaret (Mt 10,1.-14; Mc 6, 7-13; Lc 9, 1-6), de donde El escogió como líder a uno de ellos llamado
Simón, a quien coloco al frete de su Iglesia para dirigirla en compañía de los
once discípulos. Lo presenta el
evangelista de esta manera cuando Jesús dice. “Tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificare mi Iglesia” (Mt 16,18). Continuando con el aspecto
eclesiológico nos preguntamos. ¿Cómo aplicar estas palabras del buen líder y su
liderazgo en nuestro entorno eclesiástico? Esto nos plantea una decisión muy delicada,
debido a que no siempre es fácil elegir a alguien como un buen líder y que corresponda
con la misión que se le confía, además, esto implica la participación de varias
personas con las que tendrá que compartir, ideas, criterios y responsabilidades.
Esto requiere de un candidato que reúna ciertas cualidades y carismas. Para
ello necesariamente se debe discernir muy bien, preguntándose antes. ¿Qué es
necesario tener presente para que alguien sea nombrado o elegido como un buen
líder? En primer lugar hay que partir de un mínimo conocimiento del candidato y
su entorno, donde se pueda evaluar su formación, habilidades, destrezas,
capacidades, incluso sus debilidades.
Considerando lo
anterior encontramos que por regla general en la práctica de la Iglesia, antes
de elegir a alguien como líder o coordinador de un área de servicio o apostolado,
se requiere de un perfil del candidato (a), donde aparezcan reflejadas aquellas
cualidades necesarias, para que de garantía de poder cumplir la misión que en
equipo deberá realizar. De ahí, que un líder debe ser una persona: capaz de
trabajar en equipo, respete las ideas y opiniones de los demás, sepa escuchar, sea
paciente, coherente, responsable, inspire confianza, sea honesto, tenga
disponibilidad, y hábitos de estudio. Y dependiendo de su misión debería estar
actualizado en temas de moral, liturgia, dogmática,
religión entre otras. A simple vista pudiera parecer para algunos que esto
último sea una gran pretensión, pero de esto dependerá que nuestros futuros líderes
católicos, sea personan competentes que puedan defender su fe, con razones, convicción
y principios, además de su testimonio.
Aunque
solo se ha reflexionada de forma más amplia, sobre estos dos aspectos; “Teológico
y Eclesiológico” para idear un modelo del buen líder y su liderazgo, no
obstante, se puede tomar como un modelo donde se tenga presente algunos
aspectos al escoger los futuros líderes de nuestra sociedad, en los diversos
campos que ameriten la presencia y guía de estas personas, en quienes muchos
confían y depositan una cuota de esperanza. Es una propuesta que se ofrece convencidos
que todo líder necesita de estas herramientas, independientemente de su vocación
de servicio, dentro o fuera de la Iglesia. Lo importante es que se cumpla con
la misión correcta y se alcance dar respuesta a las expectativas que se crean
en una sociedad, frente a la sabia escogencia y elección de sus líderes, en
donde está en juego que dependiendo del buen ejercicio de sus líderes se
conseguirá el desarrollo de los pueblos y el bienestar de todos.
Pbro.
Yofran Antonio Chirinos Hiraola.