Dios y el Mundo: Abrir los templos no sirve de nada si no abrimos el corazón a Dios
Desde
recién anunciada la pandemia en Venezuela la Iglesia Católica dispuso cerrar
los templos, pero desde hace un par de días se han abierto en distintas
regiones del país. Es necesario preguntarse si dicha apertura es suficiente
para responder a la crisis religiosa y moral que atravesamos, si con ello queda
resuelta la profunda sed de Dios que se tiene en esto tiempos de tribulación o
habría que trabajar todavía por una apertura mucho más radical y necesaria, la
del corazón, verdadero templo donde Dios quiere habitar.
Ya
en el Antiguo Testamento vemos como en el reinado de Salomón el Templo ocupa un
lugar central para la vida de los creyentes. Con el suceder de los años esta
centralidad llegará hasta Jesús que según san Lucas siendo niño le llevan a
circuncidar en el Templo (2, 21-23). La Iglesia Católica, en continuidad con la
herencia bíblica, desde los primeros siglos se esforzó por construir lugares dignos
y bellos para dar culto al Señor (basílicas, catedrales, santuarios…).
La
referencia al templo o la “iglesia” como se suele decir, no es una cuestión
suscitada por la pandemia, como hemos visto, esta referencia hunde sus raíces
en la Sagrada Escritura y en la bimilenaria historia de la Iglesia. Pero
debemos reconocer que el estar imposibilitados de acceder a las iglesias a
redirigido nuestra atención a ellas. Esta toma de conciencia o el hecho de reclamar
la apertura de los templos por parte de los creyentes, no es algo superfluo, porque tal espacio es
donde los fieles experimentan de manera muy singular el encuentro con Dios.
Sin
embargo, esta pandemia nos ha permitido redescubrir que la familia es una “iglesia
doméstica” y por consiguiente la casa es el edificio-templo donde Dios quiere
habitar perennemente. Son muchas las manifestaciones religiosas que se han
hecho en el seno del hogar en lo que va de pandemia, esto es una ganancia que
no se puede perder, al contrario, debe fortalecerse de manera que no exista un
divorcio entre lo que se vive en la iglesia-templo y lo que se vive en el
hogar-iglesia doméstica.
Por
parte de los feligreses, hay un redescubrimiento del valor fundamental que
tiene el templo-iglesia para la fe, muchos añoran volver a ellos y compartir
con los otros la fe. La situación generada por el COVID-19 también nos permite
ser más conscientes de que no es posible vivir la fe individualmente, se
necesita siempre de la comunidad de hermanos, porque la fe es siempre un acto
comunitario.
Hemos
señalado dos lugares donde Dios quiere habitar (templo-iglesia y
familia-iglesia doméstica) pero hace falta apuntar el tercero y quizá primario:
el corazón. La fe es siempre un encuentro entre el hombre y Dios, este
encuentro no se da a nivel visual o cognitivo simplemente, se da ante todo en
el corazón. La sed de Dios no será saciada hasta que Él colme nuestro corazón.
Se pueden abrir los templos, esto es necesario, pero será insuficiente si
antes, durante y después no abrimos el corazón.
Con
esta reflexión no pretendemos relativizar la importancia capital que poseen los
templos para la vivencia de la fe, lo que se busca es resaltar que la fe es
ante todo una experiencia humanan que acontece en el órgano central de cada
persona. Si el corazón permanece cerrado a Dios podrá existir un templo abierto
en cada esquina de Coro pero seré incapaz de ver a Dios allí.
Para
abrir el corazón no hacen falta decretos del gobierno ni que los curas u
obispos se pongan de acuerdo –cosa que es casi un milagro– y lo autoricen, su
apertura nos viene dada por una gracia del mismo Dios, el toca a la puerta y
llama… escucha su llamada quien se recoge en silencio para orar, quien se
dispone a sacar lo sucio que pueda estar instalado en el verdadero templo de
Dios.
Si
deseamos vivir como cristianos auténticos debemos preguntarnos si basta con
abrir los templos para que entre Dios en el corazón o habría que abrir el
corazón a Dios y hacer de él un templo. Ambas cosas son necesarias. La apertura
de los templos en Coro será más temprano que tarde, la de los corazones a Dios…
Queremos concluir diciendo que: abrir los templos no sirve de nada si no abrimos el corazón a Dios.
Pbro. Albert Márquez
#7Nov