Desde la Península de la Amistad: no es lo mismo invocar al diablo que verlo llegar
En mi reflexión de la semana, comienzo por decir, que la misma está ligada estrechamente con la prudencia, porque ella, es una de las virtudes esenciales para que nos vaya bien en la vida, sobre todo, cuando se viven momentos conmoción, en donde tenemos que evaluar riesgos y actuar con sensatez para evitar daños y conflictos innecesarios. De modo, que tenemos que hablar o actuar con cautela, moderación y reflexión. ¡Por Dios! No hablemos o actuemos, sino vamos a mejorar la situación, es aquí, donde recordamos a nuestros antepasados, cuando metíamos la pata, ellos acostumbraban decirnos: «Muchachos, calladitos se ven más bonitos». Ciertamente, que hasta el ignorante pasa por sabio si guarda silencio. Hay una frase que no sé quién la dijo, sin embargo, la he hecho parte de mi vida, como si fuese mía, la misma dice, así: «La prudencia es la huella de la sabiduría», esta frase, es un mantra para mí, porque me ha permitido vivir de manera más segura y sabia, evitando meterme donde no me han llamado, dándole mejor uso a mi tiempo a través de mis reflexiones semanales que les hago llegar por medio de este prestigioso Diario «La Mañana», usando el recurso de su página web: www.lamananadigital.com, y disculpen que haya utilizado estas últimas líneas de la introducción de mi reflexión de la semana, por manifestarlas en primera persona.
Así que, sin más preámbulo, la expresión: «NO ES LO MISMO INVOCAR AL DIABLO QUE VERLO LLEGAR», es un refrán que significa que no debemos retar a una situación o a una persona sin estar preparados para las consecuencias reales, ya que llamar a un problema (invocarlo), es una cosa, pero enfrentarlo directamente cuando ya está manifestado (verlo llegar) es otra cosa, mucho más difícil… Se asemeja a los dichos «ten cuidado con lo que deseas» o «el que busca problemas, los encuentra».
El significado de la frase:
Invocar al diablo: representa la acción de buscar activamente o desear una situación problemática, de tentación, o una confrontación.
Verlo llegar: se refiere a la experiencia directa de enfrentarse a las consecuencias reales de esa acción, cuando el problema se manifiesta y se tiene que lidiar con él de manera ineludible.
Invocar al diablo: representa la acción de buscar activamente o desear una situación problemática, de tentación, o una confrontación.
Verlo llegar: se refiere a la experiencia directa de enfrentarse a las consecuencias reales de esa acción, cuando el problema se manifiesta y se tiene que lidiar con él de manera ineludible.
Por otro lado, antes de finalizar, estimo conveniente recordar una frase del filósofo español, George Santaya, él llegó a afirmar: «Quien ignora la historia está condenado a repetirla», Santaya, se refería con su frase, a la importancia de conocer y aprender de los errores del pasado para no volver a cometerlos en el futuro.
Uno de los ejemplos más relevantes en este continente, a lo antes mencionado, fue cuando el panameño, Diaz Herrera, hizo declaraciones públicas en junio de 1987, acusando al general Manuel Antonio Noriega, de fraude electoral en 1984 y de complicidad en la muerte del general Omar Torrijo. Luego que Noriega, era buscado por la justicia estadounidense por delitos de narcotráfico, aparecía mostrando un machete invocando que vinieran los gringos porque él, no le tenía miedo a la muerte… sin embargo, el 20 de diciembre de 1989 cuando los soldados norteamericanos llegaron a Panamá, para iniciar la «Operación Cuasa Justa», se escondió en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede, donde el otrora guapetón Noriega, que invocaba al diablo, sin pelar por el machete, se entregaba como un corderito el 3 de enero de 1990.
Ahí les dejo esta historia reciente, para que cada cual, saque sus propias conclusiones o semejanzas, con la situación actual del país.
Para resumir mi reflexión de la semana, referente: NO ES LO MISMO INVOCAR AL DIABLO QUE VERLO LLEGAR, nos enseña sobre la diferencia, entre desear o iniciar un problema (que puede parecer manejable desde lejos) y tener que confrontarlo cuando ya está presente y es una realidad, con todas sus dificultades y peligros.
Para finalizar, no olvidemos en recordar, día tras día, que la prudencia es la huella de la sabiduría.
Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
¡Un abrazo lleno de bendiciones!
Por Fredis Villanueva.