Desde la Península de la Amistad: en la vida hay que ser un humilde aprendiz 

   En mi reflexión de la semana, comienzo por decir, una frase fuerte, pero que encierra una verdad liberadora, la misma dice, así: «Se humilde, no te crea más que los demás, porque de esta vida solo te llevaras un cambio de ropa y ese, ni tú la escoges». De verdad, que es una verdad dura, -valga la redundancia-, la interpretación de esta frase. No podemos vivir como si fuésemos eternos, acumulando, presumiendo, compitiendo, afanados por bienes materiales y nos creemos más que otros, olvidándonos que la vida es breve, frágil, pasajera. El versículo romano 2:11, dice: «Ante Dios, todas las personas son iguales». Así mismo es, porque al final todo lo que poseemos, el dinero la apariencia, el poder, se queda aquí y nos iremos como dice la frase de mí reflexión de la semana: nos iremos de esta vida con lo más sencillo, con un cambio de ropa, que ni siquiera elegiremos nosotros mismos. De manera, que en esta vida no hay de otra, que valoremos en ser un humilde aprendiz.
Así que, sin más preámbulo, EN LA VIDA HAY QUE SER UN HUMILDE APRENDIZ. Ciertamente, que muchas veces, con el paso de los años, nos cuesta seguir aprendiendo; más aún, cuando conseguimos un cierto nivel de «conocimiento», en X, Y ó Z, asignatura, o especialización en una determinada área, o hemos acumulado varios años de experiencia, en una posición… ciertamente, que no podemos negar que nos sentimos orgullosos de lo que uno logra en la vida a base de esfuerzo. No obstante, creernos que dominamos un tema o un área por completo; eso nos limita, nos pone barreras, genera conformismo. Eso no tiene por qué ser así, tenemos que estar abiertos a escuchar y aprender de quien sea, no sólo de alguien que sepa más que uno, sino también, de esa persona que está aprendiendo, ella nos puede sorprender.
Vale recordar, que en algún momento fuimos aprendices y lo seguimos siéndo. Así́ mismo,  agradecer también, cuando aprendemos una lección. 
En resumen, en la vida hay que ser un humilde aprendiz, pues bien, que grande e importante sería nuestra sociedad, si todos tendríamos como único vicio, aprender con humildad cada día un poquito más y ser humildes para pedir ayuda o aceptar cuando nos equivocamos, y aprender de esas experiencias, porque eso nos ayuda a mejorar y a seguir adelante.
Para finalizar, recordemos que los grandes maestros de la historia de la humanidad, han sido humildes y eternos aprendices. Y a quien no le encantaría vivir una vida así: de eterna aprendizaje con humildad. 
Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
¡Un abrazo lleno de paz e infinitas bendiciones!
Por Fredis Villanueva.