Desde la Península de la Amistad
Nada es permanente, todo pasa, todo cambia
Cuántas
veces hemos escuchado la famosa frase: “Lo único constante es el cambio”. Para
bien o para mal, todo cambia. Ni los momentos felices duran toda la vida, ni
los malos momentos son eternos. De ahí, otra frase popular que dice: “No hay
mal que dure 100 años”, a lo que le agregamos: “Ni cuerpo que lo resista”. De
manera, que nada es permanente, todo
pasa, todo cambia; bien sea, por desgracia o por suerte, también, la vida
nos va enseñando a no rendirnos ante las dificultades y aprovechar cada momento
feliz al máximo, porque hoy estamos aquí, mañana sólo Dios lo sabe.
Un
viejo sabio llegó a decir al final de sus días: “Conserva lo que tienes… Olvida
lo que te duele… Lucha por lo que quieres… Perdona a los que te hieren y
disfruta los que te aman. La vida pasa, el tiempo no se detiene. No entendemos
el valor de los momentos, hasta que se han convertido en recuerdos”. Así es, sí
algo es inevitable que permanezca y no pase, es el tiempo. Por eso, hagamos lo
que queremos hacer, antes de que se convierta en lo que nos gustaría haber
hecho. No hagamos de nuestra vida un
borrador, porque tal vez, no tengamos tiempo de pasarlo en limpio. Pensemos
solo en esto: ayer nomás, éramos unos niños; púes bien, hoy ya no lo somos.
Es
una realidad fundamental de la existencia: nada es permanente, todo pasa, todo
cambia, Fíjense nada más, que al nacer,
ya traemos la semilla de nuestra propia muerte, ¿sí o no? Nuestros estados
emocionales, buenos y malos, son impermanentes. Nuestra identidad, nuestros
cuerpos, nuestras relaciones, nada es permanente, todo ha cambiado y seguirá
cambiando. Miremos una foto de cuando éramos niños o jóvenes, luego comparémosla
con una foto reciente: ¿Qué tal?… Ciertamente, en el mundo físico nada es
permanente, la existencia está en un estado de cambio constante.
En
mi muy humilde reflexión final, pienso: que la vida, inevitablemente contiene sufrimientos:
nacimiento, enfermedad, vejez y muerte, nadie
puede evitar esos acontecimientos, son tan inevitables como el anochecer, como
respirar, en esto todos somos iguales. La diferencia está en que tenemos que
entender que nada es permanente, todo pasa, todo cambia. Cuando uno empieza a
aceptar este contexto, puede que al inicio la vida parezca amarga y dulce a la
vez. Sin embargo, aunque estos son hechos ineludibles, la realidad es que
hacemos todo lo posibles para no vivir con esta verdad, hasta tal punto, que
cuando la vida va bien, queremos que se quede así: queremos que nuestra
relación dure para siempre; que nuestros seres queridos nunca se mueran;
queremos seguir ganando cada vez más dinero. Cuando vivimos como que si nada
cambia, sino que las cosas seguirán como si fuesen para siempre, entonces
vivimos en la ignorancia y, por eso,
experimentamos sufrimientos. Pero somos nosotros los que creamos el
sufrimiento, por no haber entendido que en la vida nada es permanente, todo
pasa, todo cambia.
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amigos.
¡Que
Dios te bendiga. Un abrazo! ¡Hasta el
próximo miércoles, Dios mediante!
Por Fredis Villanueva.