Desde la Península de la Amistad…

La humildad

La
humildad es la sabiduría de lo que somos, es decir, aceptarnos tal como somos,
con defectos y virtudes, sin ufanarse de cualquier pertenencia material o
conocimiento intelectual. Una persona
humilde
, conoce sus propias limitaciones y debilidades, y de acuerdo a eso,
actúa. Práctica con claros ejemplos, lo que predica, con ausencia de soberbia,
no se siente más importante o mejor que los demás; independientemente, de cuán
lejos haya llegado en la vida.

La
palabra humildad, proviene del vocablo latino humilitas, que a su vez tiene la
raíz humus, que quiere decir tierra en latín. Humilitas deriva del vocablo
humilis, que quiere decir humilde.
De manera, que la persona humilde de corazón, obra con los pies en la tierra,
siempre con respeto a los demás. Cuantas veces uno ha llegado a creer que son
los otros los equivocados, cuando realmente el equivocado es uno. El filósofo
chino, Confucio, quien nos dejó un trascendental legado moral, llegó atestiguar:
“Que la humildad es el sólido  fundamento
de todas las virtudes”. De manera, que Confucio, nos recuerda lo importante que
es ser humilde.

El
filósofo alemán, Immanuel Kant, afirmaba que la humildad es la virtud central
de la vida, ya que brinda una perspectiva apropiada a la moral. Kant, llegó a
la conclusión, que la humildad no es un concepto,
es una conducta, un modo de ser,  un modo de vida. La humildad es una de las
virtudes más nobles del espíritu. Los seres que carecen de humildad, carecen de
la base esencial para un seguro progreso.

Es
importante que los padres, con el ejemplo, deban enseñar a sus hijos a
practicar la humildad en la familia, en la escuela y con los amigos. Es también
importante que exista humildad en el núcleo familiar, respetando la
individualidad de cada uno, sin emplear competencia entre los miembros, ni
intentar ninguno de ellos ser mejor que los demás, sino apreciando las cosas
buenas de cada uno aunque sean distintas. Es
en el hogar
, donde se les enseña a los hijos a convivir con sus
diferencias. Eso nos recuerda a nuestros ancestros, cuando nos regañaban
diciéndonos, que podíamos opinar diferentes, pero el respeto, tenía que ser el
mismo.  

Por
otro lado, qué bello es aprender a perdonar y a ver el mundo con más humildad,
como quien observa a un hijo o a un nieto, que está creciendo y que necesita
aprender. Perdonar a otro, no es un
síntoma de debilidad, sino de humildad.

En
mi muy humilde opinión, como reflexión final, pienso: en las tantas veces que
hemos escuchado la frase de que en la vida hay que ser humilde. Esa frase
encierra una gran sabiduría, porque nos trata de explicar, que no olvidemos de
dónde venimos y también nos indica que conviene tener en cuenta a los demás y
poner los pies en la tierra, para no fantasear con delirio de grandeza… En síntesis: Tener un conocimiento
realista de lo que somos, unos simples seres finitos de a pie, que al morirnos
no nos llevamos nada.

Por
último, no olvidemos educar en el perdón y la gratitud, con el ejemplo, porque
son los pilares de la humildad.

¡Un
abrazo virtual lleno de bendiciones! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios
mediante!

Por Fredis Villanueva.