Desde la Península de la Amistad…

La paz interior

La
paz interior es uno de los mayores tesoros, aunque también, uno de los más
elusivos. Cuando alcanzamos un estado de paz
interior,
es como si de repente los planetas se alinearan, sentimos que
cada cosa está donde debe estar, porque nos liberamos de las expectativas y nos
sentimos lleno de gozo con nosotros mismos.  

La
paz interior es una sensación de calma en la que dejamos de luchar contra los
pensamientos y las emociones negativas y perturbadoras, aunque eso no significa
que no existen, sino que dejan de dominarnos y causarnos daño, porque no le
damos una importancia exagerada, ni permitimos que se conviertan en
preocupaciones recurrentes.

Vamos
estar claro, en una sociedad que exalta la acción constante, que nos convierte
en adicto a la preocupación y al reconcomio, no es fácil encontrar un momento
de introspección que nos permita desarrollar la quietud. Por eso, no es extraño
que terminemos frustrados, exhaustos, estresados e intranquilos. Y, aunque a
veces nos preguntamos: ¿Por qué estamos agobiados? Lo más probables es, que el odio y el rencor, se hayan arraigado
en nuestros corazones, desequilibrando nuestra mente y cuerpo, ya que cualquier
sentimiento negativo que experimentemos, sobre todo si está presente por mucho
tiempo, ahuyenta nuestra paz interior y nos impide un estilo de vida en donde
pudiésemos llegar a sentir armonía con nosotros mismos con nuestras decisiones.

Un
factor elemental de la paz interior, es estar bien con uno mismo, sentirse
satisfecho con los que hemos logrado y el camino que hemos recorrido. Eso no
significa entretenerse en la auto convalecencia, sino hacer cada día todo lo
posible por crecer un poco más y
convertirnos en mejores personas.

En
mi muy humilde recapitulación, me viene a la memoria el maestro budista y
Premio Nobel de la Paz (1989), Dalai Lama, cuando afirma: “No permitas que los
comportamientos de los demás, destruyan tu paz interior”. Recordemos que nadie
puede hacernos sentir mal sin nuestro consentimiento. Por eso, el maestro Dalai
Lama, nos alienta a enfrentar con ecuanimidad, los comportamientos y actitudes,
potencialmente molesto de los demás. Cuando tenemos el mando de nuestras emociones, somos nosotros quienes
decidimos como actuamos y no dejamos que sean los demás quienes manipulen.

Para
finalizar, la paz interior es un temperamento de cordura y bienestar en el que
tenemos el control de nuestras emociones y pensamientos. Vamos a pedirle a
Dios, que nos ilumine el camino que nos conduce hacia la ponderación que todos necesitamos, para salir de estas dos
situaciones adversas en la que nos encontramos viviendo los venezolanos: La
gripe china y el régimen cubano-comunista.

¡Hasta
el próximo miércoles Dios mediante! ¡Un abrazo lleno de bendiciones!

Por Fredis Villanueva