De tanto perder, aprendí a ganar 

   En mi reflexión de la semana, comienzo por decir una frase del estadista y escritor británico, Winston Churchill, la cual, dice así: «El éxito es la capacidad de ir de un fracaso a otro sin perder el entusiasmo», excelente frase de Churchill, que invita a una reflexión profunda; sobre todo, a mi reflexión de la semana, «De tanto perder,  aprendí a ganar», título que me llevó a transcribir, cuando por enésima vez, volví a leer el poema «Valgo», que en la actualidad es tendencia en las redes y recientemente, varios amigos me lo han enviado con júbilo.
   Así que, sin más preámbulo, DE TANTO PERDER, APRENDÍ A GANAR es una icónica frase, que pertenece al poema (Valgo), el mismo, frecuentemente es atribuido al poeta y escritor argentino, Jorge Luis Borges, no obstante, según sociedades borgianas, la autoría corresponde a la poetisa estadounidense, Nadine stair, y tiene como título, «Instante» y no a Borges. Dichas sociedades, afirman que el poema es muy cursi, para ser del poeta argentino, además en el texto menciona a Dios y
Borges era agnóstico (ni creía, ni descreía en la existencia de Dios). Pero bueno, esto es otro cosa, lo importante es que el poema, está cargado de esa  sabiduría, que después de leerlo con suma atención, uno nunca más, vuelve a ser el mismo. 
   Ahora bien, paso a transcribir el poema completo, de donde extraje la frase que originó mi reflexión de la semana: «De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo. Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré. 
   Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo. 
   Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía…

Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda. 

   Trate siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome). 
   Hago solo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran.
   Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido. 
   Aprendí que en esta vida nada es seguro, solo la muerte… por eso disfruto el momento y lo que tengo.

   Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí, me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea.

   Que la verdadera amistad si existe, pero no es fácil encontrarla. 
   Aprendí que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas.
   Que ser fiel no es una obligación, sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de tí. Eso es vivir…
La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sin sabores.
   Aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores, pero no vivo pensando en ellos… pues, siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante. Pues, hay errores irremediables.
   Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón, pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas con la ayuda de Dios.
   Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan.
   Camina de la mano de Dios, lo mejor está por venir» (fin del poema).
   En resumen, DE TANTO PERDER, APRENDÍ A GANAR, es una frase que nos capacita a adaptarnos, recuperarnos, crecer y salir adelante, frente a situaciones difíciles. El mismo hecho, de haber sacado el título, de mi  reflexión de la semana, del poema que trascribí, me hace ver que se asemeja a la resiliencia. De manera, que quienes por una u otra razón, ha salido con mayor sabiduría y más fortalecidos de una situación adversa (me incluyo con humildad), esto no significa que esas personas no han sufrido o aguantado en silencio, sino que están conscientes que las adversidades hay que enfrentarlas y superarlas.
   Para finalizar, frases como DE TANTO PERDER,  APRENDÍ A GANAR, no hay que decirlas, por el simple hecho de hablar o escribir, sino por un sentir que se ha cultivado a través del tiempo, porque esto no es un rasgo innato que tiene unas personas y otras no, sino que es un proceso continuo que todos estamos en capacidad de desarrollar y fortalecer a lo largo de nuestra vida. 
   Si le gustó mi reflexión de la semana, cuánto le agradezco que me ayude a compartirla.
   ¡Un abrazo desde la distancia lleno de paz e infinitas bendiciones!
   Por Fredis Villanueva.