¿De qué generación de oro me hablan?
Llevaba
meses pensando y estudiando en una frase que hizo mucho
ruedo en mi mente y es el constante uso propagandístico de una supuesta
“generación de oro”, frase que se le acredita en estos tiempos a la cara joven
de los partidos políticos tanto del chavismo como de la
oposición.
Resultó
para mi preocupante la importancia con la que se le da fuerza a esta frase para
dirigirse a aquellos que marchan sin saber a dónde y para quienes promueven una
ideología destructiva.
¿Qué
es la generación de oro? Un grupo de jóvenes militantes de partidos políticos
que siendo peones se creen reyes en el cuadro de ajedrez. Son un grupo de chamos que por
argumentar como todo un erudito la historia política venezolana, y producir
euforia con sus discursos, son aplaudidos y calificados como tal.
Se
les atribuye la palabra “héroe” a una parte de este colectivo. Un frase XL para
quienes con tan solo una gota de poder e influencia se corrompen, vendiéndoles
el alma al diablo. ¿Son héroes o víctimas? Los héroes, aunque sacrifican sus
vidas por salvar a otros, son reconocidos por sus hazañas más no por sus torpes
acciones.
Lamento
como los usan los grandes zorros viejos del poder en mi ciudad. Son como trapos
para limpiar el estiércol de sus mentores. ¡Que lastima! Ojalá despierten
pronto.
Permítame
describir lo que para mí significa la generación de oro de la clase política de
mi ciudad: son un grupo de jóvenes sin estudios, nacidos en familias sin
principios, sin la mayor conciencia sobre sus límites, dispuestos a ser
desleales y traidores por un cigarrillo o una botella de cocuy. Son, quienes
defendiendo la autonomía universitaria, venden cupos, no estudian y terminan
huyendo tras la persecución. Son quienes por estar cerca de un gobernante se
creen dueños del salón de clase pero no son más que el silencioso “hazme reír”
frente a los demás.
Me
pregunto: ¿Se les puede llamar generación de oro a este grupo de inexpertos? Y
no es que yo lo sea, pero la ciencias políticas en manos de necios, es de
tontos.

Tras el afán de la dirigencia juvenil opositora
de mi ciudad por ostentar el poder y presumir quien es el líder. La
convocatoria del pasado 21 de noviembre fue el vivo ejemplo del fracaso de esta
mal llamada “generación de oro” que siguiendo directrices de sus mentores –en
algunos casos- resultaron empañando la causa que defienden frente a todos. El
oficialismo por su parte, intenta vender la pobreza, la mediocridad y la
violación al sistema electoral universitario como mecanismo de defensa. Todas
estas acciones oscurecen lo que con soberbia presumen: liderazgo y fuerza.
La
clase política falconiana siempre ha tenido intensos debates con los más chamos. Estos con
fuerza y algunos capacitados para asumir retos y desafíos, han sido
desvirtuados por quienes eternamente representan sus partidos políticos,
cercenándoles la oportunidad a los jóvenes de crecer. Aunque en los mítines,
estos chamos defiendas a sus líderes de partido, los
corazones de estos muchachos e ideas están divorciadas de ellos. ¿Rebelión
silenciosa?
Es
un secreto a voces los desplantes públicos, las críticas con ligerezas a sus
mentores en centros nocturnos y peor aún, amistades con intereses económicos
con jóvenes y autoridades de quienes oponen.
La
verdad es que nadie de los que se denomina la clase política en mi ciudad tiene
amor por Venezuela, no tienen amor por esa idea llamada patria. Algunos han
hecho de esta causa y de la esperanza de los falconianos un negocio
y no permitirán que nadie se los arruine.
Es
necesaria una nueva generación que se levante a salvar el país. Que cuestione
todo, que no se permitan ser el trapo barato de ninguno que ostente liderazgo o
un cargo cualesquiera. Una generación que no se venda por 20$, por un servicio
en Rain, por una parrilla, por una caja de comida o finalmente, por unas
hierbas.
Necesitamos
que se levante una NUEVA generación de jóvenes –que sí los hay- que exija
cuentas, que defienda sus ideas ciudadanas contra el grupo azul y el grupo
rojo. Una generación que hable verdad frente a mis colegas periodistas, una
generación inteligente, formada y enriquecida en todo. Una generación que sea
loable, íntegra y respetable no solo por sus mentores, sino por mérito propio a
causa de la veracidad y coherencia de sus acciones.

No puede llamarse “generación de oro” quienes han
convertido la lucha universitaria en un negocio. Quienes defiende un legado
político que solo trajo muerte, dolor y destrucción a la nación. ¡Basta de este
tipo de parásitos!
Se
puede ser ético, se puede ser leal, se puede ser fiel, se puede ser veraz, se
puede llegar al poder con las manos limpias de transferencias exitosas del
bando político contrario o de los personajes del mar caribe y pistas
clandestinas.
Pero
lo que no se puede es seguir aplaudiendo a un liderazgo juvenil que quiere
darle continuidad a 20 años de fracaso o que quiere consolidar 20 años de
pérdida económica y humana.
¿Dónde
está la generación de oro? Creo firmemente que en los partidos políticos no
están. Quizás, algunos ni siquiera han sido engendrados. Están por emerger y
serán temibles.
Nos volveremos a leer
¡Fuerza y verdad!
Jhonattam Petit @soypetitygarcia