Cusanno: La «burbuja económica» durará el tiempo que los servicios soporten
-Freddy Bernal ha dicho que el sector empresarial ha vuelto a invertir. ¿Esto es cierto?
-Es verdad. No le vamos a dar vueltas. Aquí hay una parte de la
sociedad que dijo: «Bueno, tenemos que vivir y no podemos morir». Este
año pudiésemos estar sumando unos tres mil millones de dólares de
inversión privada que, en definitiva, es patrimonio entre poquitos y
muchos que van colocando en la economía, trayendo mercancía, tímidamente
reinvirtiendo. Y digo tímidamente porque tres mil millones no es lo que
requiere la economía venezolana para reactivarse.
-¿Cuánto se requiere?
-Dependiendo de los sectores y del proyecto que haya, porque si el
proyecto es continuar con inestabilidad e incertidumbre, de repente lo
que se requiere es 3,5, pero si es verdaderamente una readecuación de
todo el aparato, cada uno de los sectores necesita una importante
cantidad, obviando un poco lo que quedó por liquidarse de Cadivi. La
industria requiere tecnología. El sector de telecomunicaciones requiere
hacer un salto cuántico. Lo que no es menos cierto es que hoy hay tres
mil millones de dólares del sector privado en la economía, pero es
patrimonio. Ahí no hay capacidad de crédito alguna. Y después recordemos
que hay otros tres mil millones por vía remesa. Entonces, por primera
vez en la historia, de una u otra forma, la economía privada ocupa más
de un cuarto de la economía venezolana. Eso significa que aquel mito de
la economía petrolera está dejando de ser. Es más, hoy podemos tener
aproximadamente unos nueve mil millones de dólares de ingresos por el
sector petrolero, contra más o menos unos diez millones de egresos en
gastos. No hay excedentes. Por primera vez en la historia, al no haber
excedentes, se acabó la chequera del populismo. Después, puedes tener
ahí unos cuatro mil millones del sector público correspondiente a
exportaciones no petroleras, unos mil millones por financiamiento, mil
millones que quemaron de reservas este año… En definitiva, esta es una
economía de 23 mil millones de dólares.
-Eso es poco.
-Es mínimo, por lo que era. Recordemos aquel año (2012) de 68 mil
millones de dólares de importación, donde además Giordani reconoce que
había unos 25 mil que eran sobreprecio. Pero, en todo caso, en 1998
Venezuela vivía con 15 mil millones, pero no tenía una crisis
estructural de servicios, no tenía situación de hambre en algunos
sectores de la población. No tenía todo lo que hoy estamos viviendo.
Tenía una banca golpeada, pero activa, productiva, no estaba asfixiada
por un encaje legal. Entonces, digamos que no es una economía como la
que debería tener Venezuela. Pudiese ser una decente, con 23 mil
millones para arrancar un proyecto de mejora del país, pero si no
acarreáramos ese lastre de problemas que tenemos.
-¿Esas inversiones privadas en qué sectores están ocurriendo? ¿Se invierte es para importar o para producir?
-Obviamente el comercio tiene importancia y se ve de una u otra forma
en los anaqueles. Tienes en adecuación de máquinas, en algunos
productos, rubros, alimentos, lo poco o mucho que se produce aquí. Han
tenido que traer materia prima. Luego, el sector de repuestos, donde
todo es importado. Prácticamente todo es patrimonio privado que se está
invirtiendo. Lo que está llegando a Venezuela de medicinas, una gran
cantidad es importado. Ha habido algunos movimientos de venta de
empresas, y eso al final son inversiones directas que entran al país.
Cada rubro está tomando un poquito de esos tres mil millones de
inversión. Siguen siendo motivantes, pero no deja de ser cierto que es
ínfimo para la realidad de inversión que se requiere.
-¿Hay un repliegue del Estado en materia económica?
-Yo no creo que haya un repliegue como tal. Lo que hay es una aceptación de la incapacidad de poder solucionar los problemas.
-¿Un «sálvese quien pueda»?
-Correcto. Hay una suerte de anarquía, pero no te olvides que todo el
entramado legal sigue estando vigente. O sea, esto puede ser hoy,
chévere, te dejan invertir, dejan productos en el mercado y que los
dólares caminen, pero mañana se levanta cualquier funcionario y dice que
todo esto es ilegal, porque lamentablemente el entorno, el marco
jurídico con el cual nos movemos es ese. Entonces, sin duda la
incertidumbre es extremamente grande.
-En términos numéricos, ¿este año hubo crecimiento o no lo hubo?
-Esa pregunta es la más recurrente entre los periodistas y es la que
menos se puede contestar. En este país el saber cuántas empresas cierran
o no, quien lo sabe es el sector público. ¿Por qué? Porque maneja los
registros, cobra los impuestos, es quien tiene todo el entramado. Aquí
no hay la obligatoriedad de informarle a las cámaras cuando tú decides
cerrar ni mucho menos cuando cierras en una situación de crisis como
esta, donde sencillamente una mañana no pudiste levantar la santamaría.
Entonces, tú te tienes que ir a las famosas encuestas a hacer trabajo de
investigación y esos te dan que han desaparecido 60% de las empresas
venezolanas en los últimos 20 años. ¿Cuántos cerraron o abrieron este
año? También es muy difícil determinarlo. Es más, creo que ni siquiera
el sector público puede hacerlo por una muy sencilla razón: hoy mucha
gente decidió irse por los caminos de la informalidad, y eso es una
economía real que está ahí, pero que no figura en ninguna encuesta ni
trabajo de campo.
-Hemos visto una «burbuja» económica que se ha desarrollado. ¿Cuánto tiempo pueda durar? ¿De qué tamaño es, según Fedecámaras?
-Lo triste de que sea una burbuja es que las burbujas explotan. En
Caracas efectivamente hay más tráfico y se reactivó el sistema
inmobiliario. Poco, pero algo se reactivó. En Caracas efectivamente hay
muchos más productos, pero ¿por qué? Porque hemos tenido una diáspora
interna. Hay estudios que reflejan que hemos tenido un 14% de incremento
de la población en Caracas, de gente que vino de Maracay, Valencia,
Zulia, etc. Entonces, ¿cuánto más puede soportar? Yo creo que soportará
el tiempo que los servicios soporten, porque el venezolano tiene la
característica de que no se le muere el muchacho en los brazos, busca
soluciones, emprende, mata tigres, un familiar le manda algo, vende los
zarcillos que le dejó la bisabuela y medianamente vive. Pero el tema es
la crisis de servicios públicos, no es que Caracas sea un paraíso. Eso
durará el tiempo que los servicios soporten. La gente entendió,
posiblemente lo mejor que pasó en 2019 es que esa batalla, esa guerra
que nos plantearon desde las políticas públicas, en términos de
ideología, la perdieron. El dólar gira, el euro. La gente entendió que
el papá Estado don regalón que compraba voluntades con la chequera se
acabó y difícilmente volverá. Entonces, tú ves más gente emprendiendo,
buscando proyectos que busquen a la comunidad y a sus sistemas
productivos. Ves más gente vendiendo cosas, rebuscándose la vida. Eso no
va a acabar nunca, porque es un instinto natural del ser humano. Lo que
no es menos cierto es que no es justo que dure por mucho tiempo, porque
al final lo que estamos viviendo es una suerte de precapitalismo,
cuando la anarquía hacía que sencillamente el más fuerte sobreviviera o
tuviera mejores condiciones, no por oportunidades y capacidades, sino
porque el entorno es extremadamente hostil.
-Todos los años Maduro lo anuncia, pero ¿pudiera haber una recuperación económica en 2020?
-Para el año que viene, las proyecciones son que, por lo menos, de
seis mil millones -entre remesas, inversión o descapitalización del
sector privado, porque sacas de tu patrimonio o de tus ahorros y los
colocas ahí-, puede llegar a ocho mil millones. Eso le puede dar algo
más de movilidad a la economía, sobre todo independencia. La deuda con
China es una de aproximadamente tres mil millones de dólares, desde
2014. Aquella famosa deuda que se dejó pagar capital y se pagaban solo
intereses. Eso no lo han dejado de pagar quienes ostentan los símbolos
del poder, y el año que viene esa deuda se pone en casi cero. Eso le
pone unos tres mil millones de dólares más en las manos al sector
público, a quienes manejan ese dinero. Entonces, si ese dinero lo
utilizan, esperemos que no, para el populismo, para las campañas; más un
incremento de unos dos mil millones del sector privado, remesas,
entonces va a crecer un poquito. Sigue siendo ínfimo para las
necesidades reales.
-¿A pesar del aumento en la inversión privada seguimos siendo una economía de puerto?
-Si dejan en paz al sector primario y permiten que importe su materia
prima para su desarrollo, pudiéramos ver más producto hecho en
Venezuela. Tú estás viviendo en un país donde la bipolaridad de gestión y
administración pública es extrema, donde en la mañana lo legal es
ilegal en la tarde. ¿Cuánto tiempo es esto posible? ¿Y si dentro de tres
meses, no sé, hay un subidón de petróleo y por más sanciones que
tengamos, se reciben mil millones de dólares más y creen que con eso es
factible manejar el país? Ese día se acabarían las importaciones, con lo
cual se acabará la nutella y la mantequilla de maní para muchos.
-¿Cómo es la relación del empresariado con las autoridades?
-Entendiendo cómo está estructurado Fedecámars, son 15 sectores de la
economía y tenemos presencia en todas las regiones del país.
Institucionalmente, desde la cúpula, desde aquí, no hay contacto con
quienes todavía diseñan políticas públicas y ejercen el gobierno. Cada
uno de los sectores tiene contacto con su ministerio. Las regiones
tienen contacto con sus gobernadores y alcaldes, unos mejores y otros
peores, pero ahí hay algún tipo de comunicación e intercambio. Pero la
verdad verdadera es que en una crisis como la que tenemos, donde
necesitarían esta sentados todos los actores de la sociedad que se
insertan en la acción productiva, los trabajadores, empresarios, el
ejecutivo y el legislativo para que rediseñe leyes, eso no existe. Lo
que hay es que cada quien va por su lado y te topas en algunos sitios
con algún ministro, te acercas, presentas, dices que hay que solucionar
tal y tal problemas, las propuestas, y te saludan con mucho aprecio,
luego se montan en el carro y se van. Entonces, tú no sabes si te
ignoran, si no les importa, si hay temor por reconocer el fracaso.
-Cuando escuchó a Nicolás Maduro darle gracias a Dios porque existe la dolarización, ¿cómo reaccionó?
-Lo primero es que me cuestioné la religión (risas). Más allá de la
risa, ¿tú sabes qué es fatídico? El «te lo dije», porque es tener que
decirle a alguien y decir: «¿por qué no lo aceptaste antes?». Esto era
crónica de una muerte anunciada. Todas las hiperinflaciones del mundo
cayeron en una dolarización o en el uso de una moneda fuerte. Esto
venía. Ahora, si ya das gracias a Dios y ya aceptas la fe de la gente
como una realidad para la subsistencia, por qué no te abocas entonces a
sentarte a construir un estamento legal.
-¿El empresario se acostumbró a la crisis y por eso está buscando maneras de sobrevivir?
-No. El empresario no se acostumbra a la crisis. Sencillamente
intenta mantener su santamaría arriba. Recordemos colas en las calles
hace dos años, anaqueles vacíos porque no conseguías mercancía.
Recordemos los dos apagones. Y la gente seguía buscando. Cuando tú dices
«no me voy» y «si no trabajo hoy, no como mañana», no es que te
acostumbras, es que es un conflicto de vida. Si me quedo sentado, me
lleva el río. Me tengo que mover.
-¿Cuáles son sus objetivos para 2020 al frente de Fedecámaras?
-Nosotros hicimos un trabajo muy duro en estos seis meses en el exterior y lo que buscamos es que ese trabajo se capitalice el año que viene. ¿Cómo debe capitalizarse? Precisamente con inversiones. Poder darle la oportunidad a algunos sectores de que tengan crédito internacional, aun y a pesar de las sanciones, que puedan rearticularse con sus proveedores, que regrese tímidamente la inversión extranjera, no para desplazar a los pocos empresarios venezolanos, sino para aliarse en esa estrategia con el empresariado local. Luego, arrancar 1la cátedra de Democracia y libre empresa, vincularnos con el estudiantado en distintos niveles. Y luego, parecerá primitivo, básico, pero es mantenerse vivo.
Con información de Tal Cual