Crónicas del Cumarebo Aquel: las Rockolas de Cumarebo

En los bares y restaurantes de los pueblos de la Venezuela de mediados del siglo pasado se hizo común encontrar una máquina de reproducción de sonido automatizado llamados Rocola o Rockola que funcionaban introduciendo una moneda, generalmente de Bs. 1, lo cual permitía reproducir cinco canciones contenidas en discos de 45 rpm.

Al lado de esas Rockolas era también frecuente ver a un hombre parado frente a ella, seleccionando canciones románticas de despecho, desamor o desconsuelo, otros enamorados, sentados al lado de una mesa repleta de refrescantes cervezas espumosas, aplacaban su sed y su despecho escuchando aquella música sentimental que a través de aquella máquina penetraba el alma envuelta en esa magia incomprensible que hacía más profundo el sentimiento  romántico de aquellos  tiempos.

En Puerto Cumarebo fueron muy populares las Rockolas del “Bar Hoja del recuerdo” de Yita en el cerro, en los alrededores de la plaza Bolívar, la del bar de Saúl Coronel, la del “Centro de amigos” del popular Pollón Quiñonez, la del hotel central, frente a la plaza Bolívar y la del Bar de Polito González en la calle La Paz.

En la calle Bolívar desde el bar Falcón que atendía Chico Perico, pasando por La casona, La del hotel Capri, igual en el Galipán Colonial funcionó otra,   En la calle Urdaneta, en la bodega de José Gertrudis, y en las “cuatro esquinas” en el cruce de la Urdaneta con Florida, atendida por Irene, la más apreciada y querida por los estudiantes del LEZ la de Pancho Blanchard en la calle industria, Hubo Rockola en el Cañaveral de José Ángel Hoyte, en el bar de Hermógenes Bolívar a la entrada del balneario bella Vista donde también funcionaban dos una en la pista del balneario y otra en el bar del hotel, igual en los balnearios santa roso y barranquita,

Hacia el sector rural la más famosa era la del bar de Socorro a la entrada de San Ignacio, y una que estaba en el alto del bar ubicado en Soledad arriba, En la Trinidad  muy usada y apreciada la Rockola del bar del popular Chón Sánchez, a la entrada del pueblo de la Trinidad, y vía Pueblo Cumarebo, lo que estaba en los dos bares alrededor del Soropo y la estelar del Centro Social El Chaparral y subiendo a  San Nicolás el bar de Miguelito Petit, en Zazarida  funcionaron dos,  una en el bar de entrada y otra en el bar cercano a donde estaba la Cruz cerca de una piedra grande cerca de la casa de familia de Don Chico Santos.

Las Rockolas se hicieron extremadamente populares en toda América latina  funcionando a través de bares, restaurantes y salones. Hacia 1980, el término «juke box» se popularizó,  se añadieron luces de colores y botones para hacerlas más atractivas y con capacidad para reproducir más canciones.

Con el tiempo, las Rockolas se adaptaron para reproducir música en formatos más modernos como cintas de casete, CD y, en la actualidad, formatos digitales.

Aunque su popularidad ha disminuido debido a la música digital y los servicios de streaming, las Rockolas siguen siendo objetos de colección y un símbolo de la historia de la música.

¿Cuántos despechos, decepciones amorosas y cuántos tragos la acompañaron en su existencia.

 La Rocola, compañera sentimental de más de un despechado.

Dr. Ernesto Faengo Pérez