Conversando con mis hijos
Dr. Ernesto Faengo Perez
La sociedad como tal desde que existe es una sociedad de desiguales, Provengo de una familia, humilde, pero trabajadora y honrada, por eso en mis conversaciones con mis hijos cuando niños, adolescentes o ahora adultos, nunca les dije o inculqué que todos somos iguales, o que ellos no eran ni más ni menos que nadie, nunca
Les he dicho que crean en Dios, que practiquen la solidaridad real, no fingida o simulada, que sean responsables, justos y honestos con ellos y con las demás personas.
Tampoco le digo a mis hijos que hay que dar lo que se tiene al que no tiene, Les he dicho que si la persona es sana y apta debe formarse, capacitarse y educarse para enfrentar la vida y vencer las oportunidades, que llegado el momento todos debemos trabajar, producir y ser responsables de uno mismo.
Nunca le inculqué a mis hijos que el gobierno es el responsable de sus vidas, de lo que comen, visten, del techo y de su felicidad o infelicidad, NO, les he dicho que ellos forjan su destino y para lograrlo deben estar preparados en todos los niveles
Que en la familia se aprende y respetan valores cristianos del amor, la honestidad, responsabilidad, respeto, para diferenciar esos que desdibujan el ejercicio de la política para engañar, mentir y manipular, para que se los lleve al poder, para que esos mismos que no pudieron o no quisieron prepararse. educarse y formarse para enfrentar la vida, permanezcan a la espera que esos ilustres iluminados, vendedores de falsas esperanzas, les lancen un huesito luego de alcanzado el poder, para seguir siendo los mismos, tontos, pobres, ilusos y pedigüeños, mientras sus líderes enriquecen sus cuentas y engordan su figura
Les he dicho que de la desigualdad se aprovechan unos “lideres” que impulsan una ideología que hace al ciudadano depender de quien le ilusiona con ayudarlo para sobrevivir siempre por debajo de él, sin esforzarse, y no de su capacidad, de su aptitud y su inteligencia para desarrollar su propia personalidad, distorsionan el valor de la familia, la fuerza de la educación como herramienta del desarrollo personal, el valor de la solidaridad como principio espiritual de hermandad humana y no como arenga política electoral para cambiar tu idea por un voto.
Les explico lo falso e injusto del discurso igualitario que trata que nadie puede ser más que otro, ni tener más que otro, ni progresar más que otro, ni ser feliz más que otro, que todos deben ser nivelados hacia abajo, en miseria
En conclusión, a mis hijos les digo que la desigualdad social, es la materia prima para fomentar falsas ilusiones de ayuda, para “mejorar” tus condiciones de vida, es la bandera de esos “líderes” que lamentablemente abundan y ocupan el espacio hoy, incapaces de encargarse de sus miserables vidas que pisotean a medio mundo porque ellos quieren y anhelan el mismo mundo de desigualdad y miseria para los demás. No para ellos …