Candela en el gasoducto de Cumarebo  

Miércoles de diciembre del año 2006, noche calurienta pero tranquila, otra más de aquellas que en Cumarebo está acostumbrada su gente, a recibir con tranquilidad y ver pasar sin muchos contratiempos.

Esa noche a las 7,30, salí de mi casa, en mi vehículo vía carretera nacional en dirección a la “bomba” La Cañada a “echar gasolina”, como decimos aquí, me acompañaba Ernestico -no había racionamiento, ni colas para surtir tan importante combustible-

Pasando frente a la urbanización Ciro Caldera cruzamos en la primera entrada, y  llegamos a la casa de Josefa, mi hermana mayor, ahí nos detuvimos un rato palabreamos y cerca de las 8 de la noche llegamos a la estación de servicio

En el sitio indicado estaban unos cuatro vehículos, seis personas y dos “bomberos”, de repente un fuerte explosión y un potente reflejo de luz iluminó el espacio, todos miramos en dirección al cielo y pudimos ver una inmensa columna de candela por el sector sur, ubicada entre La Ciénaga y Quebrada Hutten por donde se estaba construyendo un gasoducto

Los trabajadores de la estación de gasolina soltaron las mangueras surtidoras, cada uno de los conductores buscamos apresuradamente salir del sitio previendo una explosión inmensa, salí en mi carro vía hacia Cumarebo, gran parte de los habitantes del sector estaban en la calle, confundidos, tomaron la carretera nacional Morón Coro, otros desconcertados buscaron hacia la playa de la urbanización la cañada, corrían sin rumbo fijo, pal muelle, pal muelle, le oí decir a varios, procurando alejarse,  evadir la lengua de fuego que amenazaba calcinarlos.

Sanos y enfermos, católicos, protestantes, evangélicos, ateos, agnósticos,  discapacitados, sintieron el fin cerca, pero nadie quería morir, huían de aquella imprevista explosión hacia un sitio que pudiera preservarlos.

Pasamos por Ciro Caldera. Y la angustia era mayor, alguien les había dicho que la candela venia por la tubería del agua y la explosión seria extrema, todos abandonaron sus casas, incluida una ferviente predicadora evangélica que tenía problemas para caminar,  corría con mucha  fuerza sin importarle donde se había quedado el otro, cada quien buscaba donde protegerse, su mente solo les animaba  a pensar en el mar. Se dirigían al muelle, ahí creían poder salvarse de una horrible muerte, quemados por el voraz incendio causado por la explosión

Algunos vecinos de la cañada se confundieron al extremo que buscando el mar en la oscuridad de la noche cayeron en la laguna de oxidación donde se consideraban protegidos, sin importarles el grado de contaminación y de posibles enfermedades contenidas en el estiércol humano almacenado en tal laguna.

Cerca de las 11 de la noche el muelle y sus alrededores estaba repleto de gente, los medios de comunicación informaron que una fuga de gas de la tubería matriz del gasoducto había producido una pequeña explosión y un incendio menor el cual ya había sido controlado sin perdidas de vida, y sin mayores pérdidas materiales, el peligro había cesado

Pasada la media noche, corregida la falla,  la gente comenzó a volver a sus hogares lentamente, días después vecinos de Ciro Caldera preguntaban a la hermana evangélica, ¿Por qué huyó tan despavorida si usted predica el fin del mundo en candela?, solo atinaba responder. “Una cosa es llamar al diablo, y otra es verlo venir y tenerlo cerca”.

Dr. Ernesto Faengo Pérez