Bodegas de Cumarebo. Las (bodegas) de Taborda y José Gertrudis
José Faengo Pérez
En sus 500 años de existencia, desde su formación como pueblo o comunidad organizada, allá por el siglo XVI, Cumarebo ha sido y es una comunidad fundamentalmente de comerciantes, reflejo de ello hoy es la intensa actividad que se desarrolla a todo lo largo y ancho de la ciudad.
En aquel Cumarebo de asoleadas calles adornadas
con el calor de su gente increíble y maravillosa pasaron los más hermosos años
de mi niñez, pueblo sano, fresco, radiante integrado por familias trabajadoras,
cordiales y respetuosas predominaba el sentido hospitalario y solidario de sus
habitantes, en cada calle existían por lo menos dos bodegas que regularmente
funcionaban en la misma casa de familia de sus patrocinantes, en esas bodegas
la familia podía comprar de contado o a crédito (fiao) gran parte de los
alimentos básicos para sus subsistencias. los padres acostumbraban enviar los
menores a hacer las compras pequeñas (Menudas) en las citadas bodegas las
compras eran al detal, es decir pequeñas cantidades y el bolívar además de
fuerte y soberano se dividía en dos reales, cuatro medios u ocho lochas,
alcanzaba para comprar medio kilo de maíz y frijol, un cuartico de dulce
(panela), una bolsita de café, un cuartico de aceite, esa tarea que cumplíamos
los menores de la casa se denominaban familiarmente “mandados” producto de esa
relación entre los dueños de las bodegas y quienes hacíamos el “mandado” recibíamos
una “propina” denominada “ñapa” que generalmente se almacenaba en un “pocillo”
o un vaso para entonces denominado “taturo” con nuestro nombre, al final de la
semana nos la entregaban y esto servía para cambiarla por un caramelo, una
conserva de coco, o algo de ínfimo valor ya que la ñapa era escasa de un cobre
(cinco céntimos)por cada compra que hacíamos.
Mi niñez transcurrió entre las calles Urdaneta,
Zavarce y San Pedro hoy calle Zamora en
ese espacio al final buscando al “cerro las gallinas” funcionaron unas cinco
bodegas que recuerdo en la Urdaneta del Sr, José Taborda, en la calle Zavarce
la de sr. José Del Trudis que nosotros pronunciábamos Gertrudis, en la calle
San Pedro las bodegas de Don Juan Pedro Loaiza, del Sr. Adán Álvarez la del Sr
Fay García cada uno con su personalidad y su forma de mostrarnos la vida
convertidos en personajes que se grabaron en nuestra alma y nuestros corazones,
siempre evocamos el hecho curioso que nos pasaba con el Sr. José Taborda quien
era sumamente estricto en el cobro de los productos que vendía en su bodega no
era muy amigo de dar “ fiao”y tenía fama de “pichirre” poco colaborador, pero
su punto débil era cuando se tomaba sus traguitos de ron, cuando eso pasaba
este señor de conducta seca, gruñona, desagradable cambiaba totalmente y se
volvía una persona alegre, cariñosa, sociable, en ese estado a los niños nos
trataba de forma amorosa, nos dejaba pasar a su bodega y nos repartía
gratuitamente caramelos, galletas, cambures y algunos lochas y centavos haciéndonos
pasar momentos felices que eran nuestra delicia por lo que siempre estábamos
pendientes de si el Sr Taborda estaba “bebiendo” para “montarle guardia” en la acera del
frente esperando los regalos que producto del cambio favorable de su estado
anímico nos hacía casi en forma de piñata en la puerta de su bodega.