2021, por Douglas Játem Villa

El rosario de calamidades que nos aplasta no
ha logrado anular la capacidad de nuestras letanías, no solo ante Dios, sino
también, por aquello de que “ayúdate que Dios te ayudará”, ante nosotros
mismos. No me cansaré de apelar a la fe, la esperanza y la confianza como
protagonistas de nuestra “resurrección”.

 No debo
malgastar palabras repitiendo la descripción de la catástrofe que es vivir con
ausencia o escasez de ingreso, alimentos, salud, agua, electricidad,
transporte, seguridad, justicia, libertad y otros que constituyen derechos
humanos, los cuales significan el libre desenvolvimiento de la personalidad del
ciudadano venezolano, acompañado todo ello por la pandemia del Covid 19.

Precisamente, la inexistencia de ese libre desenvolvimiento,
obligó a más de cinco millones de compatriotas, cerca de una quinta parte del
total, a emigrar, a arriesgar la vida ante la certeza de tenerla aquí segura,
como le ocurrió en condiciones indescriptibles a nuestros paisanos de la zona
de Güiria. Algunos me imputarán oposicionismo politiquero, pero no podrán negar
u ocultar la realidad venezolana. Es mejor resaltar el significado y la
fortaleza de las tres protagonistas destacadas antes. Es obvio que las condiciones
 de vida actuales de los venezolanos no
irradian alguna satisfacción, que la mitad de ellos no cree en otras personas,
más allá de ellos mismos, y por ende se duda respecto del protagonismo en
referencia y se alimenta el escepticismo.

 Sin
embargo, aún en esas condiciones, cerca de seis millones y medio de
venezolanos, un 35% del total, acaba de manifestar una convicción perseverante
en el destino de Venezuela, y esta verdad tiene un valor significativo, el cual
puede resultar ser un factor multiplicador. Se demuestra que el régimen, aunque
prevalece, no nos ha derrotado, que somos muchos los venezolanos que mantenemos
la resistencia, y que somos mucho más numerosos que los que aún acompañan al
gobierno.

Los duplicamos.. Esto puede indicar la
posibilidad de que crezca. Todos sabemos que cuando un enfermo, aún de los más
graves en peligro de muerte, empieza a manifestar síntomas de mejoramiento y
recuperación ante su tratamiento médico, eso se refuerza así mismo y, como se
dijo, puede resultar ser un factor multiplicador. Se admite la posibilidad de
errar en esta interpretación, pero consciente de evitar un autoengaño, se
ratifica la valoración.

 No
obstante, llama la atención el hecho de que los voceros de la sociedad civil
venezolana, la promotora de la exitosa Consulta Popular, no hayan expresado la
debida satisfacción y, lo que es más necesario, la disposición a continuar la
misión. Cometerían un error imperdonable si dejan caer la posición de
vanguardia que alcanzaron. Se debe reconocer que la tarea de la oposición
venezolana ha sido mal ejecutada durante los últimos meses, lo que explica lo
que ya se dijo respecto de la mitad del pueblo venezolano sintiéndose
abandonado.

Pero al mismo tiempo, también se repite el exitoso
resultado de la oposición con la Consulta Popular, éxito que se puede mantener
con una acertada labor, la cual tiene que armonizar la actividad protagónica de
la novedosa sociedad civil con el impulso renovado de los partidos políticos.
Se cree necesario, entre otras cosas, reestructurar en forma legítima y
democrática la organización y liderazgo de la oposición, respecto de lo cual se
puede aprovechar el “método electrónico” aplicado en la Consulta Popular, y en
segundo lugar, evitar que los intereses partidistas o particulares puedan
entorpecer la conquista de los superiores intereses del pueblo venezolano.

Por otra parte, una segunda valoración de
nuestra vida en Venezuela, consiste en el significado real y continuo del
deterioro de la capacidad del gobierno para gobernar, algo que se hace muy
evidente en la catástrofe que se describió al principio, y que significa la
pérdida permanente de respaldo popular y en todos los sectores, tal como  se constató una vez más en el acto del 6D, y
que debe continuar en forma de círculo vicioso, en el sentido de que a menor
capacidad del gobierno, menor capacidad para conservar apoyo.

Algunos me imputarán oposicionismo
politiquero, pero no podrán negar u ocultar la realidad del fracaso del
gobierno y de la catástrofe en Venezuela. En tercer lugar, es importante
registrar el mantenimiento del respaldo de la comunidad mundial al pueblo
venezolano y al gobierno interino, incluyendo el reconocimiento a la directiva
de la Asamblea Nacional elegida en 2019, y por otro lado, el mantenimiento
también del desconocimiento a Nicolás Maduro.

 En este
contexto, conviene agregar que no parece que se deba esperar un cambio
significativo en la posición de Estados Unidos respecto de la actuación del
gobierno de Maduro en materia de violación de derechos humanos, de relaciones
con gobiernos que puedan significar riesgos en materia de seguridad hemisférica,
y en general de preservación del orden mundial. También es necesario resaltar,
sin menoscabar el valioso y necesario respaldo internacional, como el destino
de Venezuela depende cada día más del esfuerzo de su pueblo.

Dos consideraciones finales. Por un lado, se cree que se debe ratificar que se prefiere la solución pacífica a la situación venezolana, la cual consiste en la libre y legítima elección presidencial. Se reconoce lo que hasta hoy es la negativa de Maduro al respecto, y quizás también del gobierno cubano, y de otros factores extranjeros. Se agrega que si no se alcanza la salida preferida, nunca se renunciará a reconquistar, por el mejor camino posible, el destino de Venezuela.

En segundo lugar, que lamentablemente no se cree posible alcanzar una posición de unidad nacional en la oposición, dado que al lado de la casi totalidad de la comunidad opositora que “puede unirse respecto del cambio de gobierno”, hay un sector que inexplicablemente reconoce a Maduro, con toda su ilegitimidad y todos los abusos y atropellos autoritarios, como presidente hasta 2024.

En conclusión, se tiene muy presente la precaria calidad de nuestra vida y las limitaciones que ello significa en cuanto a nuestra propia capacidad de recuperación, pero, al mismo tiempo, se tiene también que tener muy presente, el significado real de las últimas manifestaciones de lucha y  de la probabilidad real de que se incrementen, junto con el demostrado deterioro de la capacidad del gobierno, todo lo cual puede realmente traducirse en la fuerza que requerimos para conquistar el objetivo supremo, la libertad, la democracia, la justicia, los derechos humanos, el bienestar del pueblo de Venezuela. Se necesita el concurso y la participación de los venezolanos que en forma comprensible han mantenido una visión escéptica de nuestras posibilidades de éxito.